Histórico
30 mayo 2014Guillermo Gonzalez

Bolivia: Etcheverry, ni tres minutos de fama

Los Mundiales se tornan como los acontecimientos oportunos para ser punto de mira de todo tipo de espectador, desde el apasionado al deporte hasta el que rezonga con el mando por no encontrar algo en la programación. Si apareces en ese foco, serás recordado más allá por la mediatización que ha ido adquiriendo el deporte rey. La cámara te sigue y advierte de lo que podrías hacer porque ya has malacostumbrado al personal. Hay expectativas puestas, previo análisis en otro contexto o a partir de habladurías, pero quedas señalado. Estar sobre el ojo del huracán es una circunstancia que se ha ido sucediendo a lo largo de la historia de los Mundiales y, hasta la selección más recóndita, ha guardado alguna joya. En 1994, la Bolivia de Azkargorta tropezó con su mejor jugador.

El país sudamericano no es que gozara de una extravagancia suma como pudiera haber sido aquella Zaire de 1974. Bolivia ya había participado en dos Mundiales (1930 y 1950) donde no habían conseguido puntuar tan siquiera. Xabier Azkargorta llevaba las riendas de una selección atípica a su trayectoria, apostando por la aventura boliviana como nueva experiencia, aunque después se convirtiera en su país de adopción. La plantilla, prácticamente fundamentada en el campeonato nacional boliviano, se sostenía por el arrojo y la constancia durante los 90 minutos. Eran pocos los que ponían el talento, como era el caso de Erwin “Platini” Sánchez, que por aquel entonces jugaba en Portugal con el Boavista. No obstante, uno de los que mejor aunaba el carácter – sobre todo este concepto – y la calidad era Marco Antonio Etcheverry.

Etcheverry, uno de los más rápidos en ser expulsados en una Copa del Mundo

“El Diablo”, como conocían al delantero de Bolivia, llegaba a la cita con un cartel de cierta relevancia. Tras haber dejado su rúbrica en el Bolívar, pasó por la Liga española jugando para el Albacete Balompié, en la temporada 91/92. Su poderosa zurda fue vista con recelo por la disciplina albaceteña, que había conseguido ascender aquella temporada y necesitaba refuerzos para mantener el nivel de la máxima categoría. Jugaría 15 partidos, nueve de ellos de titular, donde marcaría dos goles y, mínimamente, servirían para conseguir una más que digna séptima plaza. No obstante, su periplo europeo terminaría a la campaña siguiente volviéndose a Sudamérica, hacia el Colo-Colo.

Con el combinado nacional, los de Azkargorta llegaron al Mundial de Estados Unidos tras una meritoria fase de clasificación. Emparejados en un grupo en el que se encontraban Brasil y Uruguay entre otras – había dos grupos en la criba sudamericana –, llegaron a conseguir la segunda posición por detrás de Brasil, equipo que caería derrotado en La Paz (ida) por 2-0 con un gol de Etcheverry y que serviría para parar el récord de imbatibilidad de la canarinha en toda la historia de las fases clasificatorias. Independientemente de frenar en seco y ganar a la que sería campeona mundial en 1994, la “verde” anotó 14 goles a Venezuela en los dos partidos disputados en el cruce. Un dato que estira aún más su proeza y ejemplifica el standing del equipo. El entrenador español había creado un bloque compacto y competitivo para que fuera expuesto contra todo pronóstico.

Quedarían emparejados con Alemania, Corea del Sur y España, iniciando su camino ante la vigente campeona en Chicago. La selección teutona, como era de esperar, llevaba la vitola de favorita, sufriendo un leve cambio generacional con respecto a la de Italia 90’. El partido fue un claro dominio alemán, con un excelso partido de Hassler por el perfil diestro y un Lothar Matthäus jerárquico en la zona central, cubriendo el mediocentro como la zaga en la salida.

Bolivia tenía una actitud más timorata, con un Luis Cristaldo demasiado atrevido y un Erwin Sánchez que fue de menos a más. José Melgar proyectaba el juego hacia la parte ofensiva pero cualquier ataque chocaba ante la primera muralla impuesta por Sammer y Effenberg. Llegaría el gol de Klinsmann tras iniciarse la segunda mitad, quedándose en agua de borrajas el esfuerzo realizado en la primera parte por Bolivia. Saldría primero Jaime Moreno como primera sustitución, con vistas a generar más ocasiones. Después, saldría Marco Etcheverry a falta de 10 minutos para el pitazo final.

Bolivia realizó la mejor clasificación para un Mundial de su historia. Azkargorta, leyenda

No quedaron en habladurías que “El Diablo” era un hombre muy pasional sobre el terreno de juego, demostrando su carácter siempre antes que su verdadero talento. Solamente tocó dos veces la pelota y, a la tercera, un pase largo de Erwin Sánchez provocó una gresca entre Matthäus y Etcheverry que acabó con expulsión del boliviano. Un rifirrafe sin sentido alguno. El mejor jugador solamente había durado 3 minutos sobre el terreno de juego y no jugaría los próximos dos encuentros ante coreanos y españoles. Se acabaría, desde ese instante, su momento de gloria. Ni llegó a los 15 minutos de fama que estipuló Andy Warhol.

Etcheverry, puestos los datos sobre la mesa, se unió a la terna de jugadores que fueron expulsados por un árbitro mexicano, como fueron Maradona, Zidane, Ariel Ortega o Ronaldinho. En este punto, se metió en una estadística de categoría, además de ser uno de los jugadores que han sido expulsados en menos tiempo.

Una vez sucedido el Mundial y confirmada la eliminación de Bolivia, Marco pudo quedarse con la espinita de realizar una buena participación sobre territorio norteamericano. Casualidades del destino, volvería a Estados Unidos para jugar para el DC United en Washington, junto a su compañero Jaime Moreno, el otro cambio que entró para revertir el resultado ante Alemania. Lo mismo, buscaría dejar su huella donde no pudo dejarla antaño en uno de los acontecimientos en los que, si te apuntan con la cámara, seguro que te ven. Y más con el 10 a la espalda.

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