Histórico
17 mayo 2014Jose David López

Bayern: Top 5 jugadores históricos

Bayern Munich años 70

No existe un club con tanta superioridad histórica, social y global a lo largo del mundo, que sostenga y administre casi a su antojo el fútbol de su propio país. Alemania ha disfrutado de etapas competitivas donde algunos osados podían discutir el reinado nacional, pero la grandeza regular del Bayern de Múnich lo convirtió hace décadas en uno de los referentes planetarios. Ha levantado 24 Bundesligas, 15 DFB Pokal, 5 Copas de Europa, 1 Copa de UEFA, 1 Recopa y 2 Copas Intercontinentales. Registros legendarios que le sitúan como el más laureado de su país, que alecciona en torno a sus ideales y mandatos anualmente, así como el último club que fue capaz de levantar tres Champions de manera consecutiva (las que lo elevaron al rol de mítico durante los años 70).

Un gigante en currículum, instalaciones, masa social y, desde luego, resultados, siendo el gran equipo de esta temporada donde pretende culminar su regular caminar victorioso con un ‘triplete’ nunca antes disfrutado. Una larga trayectoria generada en torno a nombres propios que hoy ocupan puestos honoríficos en la entidad, auténticos referentes del fútbol histórico e iconos de generaciones que transformaron el deporte rey en años de necesidad para reinventarse. Todos, dieron forma a este poderoso rey alemán, que soporta su grandeza en los pies de aquellos que primero defendieron el escudo en el césped y hoy intentan colocarle en la élite desde los despachos. Una larga lista de héroes que hemos reducido al máximo para conseguir el Top 5 de la historia del Bayern de Munich.

Franz Beckenbauer: El ‘Kaiser’ (Emperador), pertenecía a un débil equipo muniqués, SC Munich’06, cuyos chicos carecían de financiación para seguir adelante. Era la última vez que se iban a reunir para disputar un torneo que, a muchos de ellos, les iba a abrir hueco en el Munich 1860, que también participaba en el evento y del que eran fieles seguidores. Sin embargo, en la final entre ambos, las broncas e incidentes se agravaron con los minutos y generaron un rencor evidente que truncó sus planes de futuro. El chico que más destacaba, con solo 13 años y pese a ser seguidor del 1860, generó un cambio de pensamiento en sus ideas que le condujeron al Bayern Munich, un club por entonces mucho más modesto. Él se encargaría de hacerlo gigantesco, empezando por convertirse en el icono del fútbol alemán en la década de los sesenta y setenta. En 1965 vivió el ascenso del Bayern a la primera alemana, y a partir de aquí comenzó a cambiar la historia de su equipo y del fútbol alemán. Progresivamente Franz (que se formó futbolísticamente como delantero) fue retrasando su posición y viendo cada vez el fútbol más claro, más inteligente, más mecanizado. Beckenbauer fue para el Bayern lo que fue para la RFA, su jugador emblema, desde que con veinte años y en el Mundial de 1966 mostró su tarjeta de visita al mundo (marcando entre otros a Bobby Charlton) con esa elegancia modélica que marcó su vida. En el Mundial de 1970 jugó con el brazo en cabestrillo, ganó la Eurocopa del 72 y reinó ante los suyos en el Mundial de 1974. Un genio elitista, elegante, inteligente pero, sobre todo, perfecto en todos los conceptos tácticos y técnicos de un líbero.

Gerd Müller: “Entre todos los grandes jugadores alemanes, para mí el mejor era él”. Palabras del propio Beckenbauer, asegurando que “era imparable y, sin sus goles, aún estaríamos en el almacén de la calle Säbener”. Nunca fue un portento a nivel técnico, físicamente llamaba la atención por poseer una estructura corporal un tanto peculiar al poseer piernas cortas, un tronco rechoncho y poca altura. Prototipo perfecto para ser aquel chico al que todos eligen el último en aquellos callejeros e improvisados partidos que muchos hemos jugado. Hasta que llegaron sus días de gloria, trabajaba en Nördlingen, su ciudad, en la cadena de distribución de una empresa textil. Pero aquél chico llevaba en la sangre el gol, en su ADN portaba el “gen nº 9”, aquel que convierte a un futbolista en letal artillero. Curiosamente, cuando entró a jugar en el club natal, TSV 1861 Nördlingen, se encontró la puerta cerrada: “En esto del fútbol no llegarás muy lejos. Mejor dedícate a otra cosa”, le dijo quien le probó. Aquello fue una lucha personal por demostrarse capacidad y acabó en el olimpo de los elegidos. Encontró destino en un, por entonces modesto club del campeonato regional del sur de Alemania llamado Bayern de Munich. Tschik Cajkovski, el técnico, le curtió a base de pesadas cargas de profundidad a través de la prensa con declaraciones de este tipo: “No puedo colocar a un pequeño elefante entre purasangres. Este chico es un molinero gordito”. Ese delantero acabó jugando 15 años allí, ganando todos los torneos a nivel de clubes convertido en el “Bomber der Nation” (bombardero nacional), pues no hizo otra cosa que batir registros goleadores. Máximo goleador en Mundial 1970, máximo goleador en Eurocopa 1972 y, desde luego, anotó el gol que le dio el título mundial en 1974. Killer único.

Rummenigge: Tres hermanos jugando en las calles de Lippstadt con el mismo sueño, buscando aprender para ser algún día profesionales. Karl, Michael y Wolfgang, hijos de un trabajador del metal, compraron juntos su primera pelota y no la soltaron hasta la fama. El primero de ellos apodado “Kalle” comienza a despuntar cuando en 1963 ingresa en las filas del Borussia de Lippstadt, donde crece a medida que el Bayern Munich va entrando en la leyenda, que lo atrapó diez años más tarde. Y es que el joven delantero pasó de jugar para el club de liga regional, al gran imperio muniqués, siendo el primer chaval el dar semejante paso para codearse ya con leyendas de primer nivel. Pero no lo acusó. El llamado  “Mejillas rojas”, fue campeón de Europa e Intercontinental en 1976, aunque le tocó vivir una complicada etapa en la que una generación de oro comenzaba a despedirse paulatinamente. Él, generó y lideró la siguiente. Era un delantero que no cumplía con el estereotipo, pues era veloz y ágil pese a su altura y complexión. Un enorme repertorio de remates pero, sobre todo, un privilegio, el de cabecear y destrozar redes a base de voleas. Potente disparo, regates sencillos pero efectivos y búsqueda constante de huecos entre las defensas rivales. Máximo goleador de Bundesliga tres años, campeón de la Eurocopa 1980 y traspasado al Inter por la cifra record de diez millones de marcos, la mayor cifra jamás pagada por un futbolista alemán entonces. En la Serie A su trayectoria encontró otros retos, aunque no tan profesionales: “La mejor vida la tuve en Italia, pero el mayor éxito, en Múnich”. Su espina clavada fue el Mundial, donde lideró tres fases finales pero se quedó a las puertas en todas ellas.

Lothar Matthaus: Un alemán más bien bajito, alejado de lo que un alemán representa y con pocas cualidades físicas que hicieran pensar su proyección con la pelota en los pies. No había material previo, pero sí una enorme e inquebrantable confianza en su carácter ganador. Nacido para ser gregario pero destinado a ser crack, creció con el Borussia Mönchengladbach que asomaba para convertirse en referente setentero, pero aquél modesto pasó a hacerse dueño de su zona, a ganar circulación al balón e incorporarse al juego ofensivo para soltar uno de sus temidos zapatazos. Una conducción notable y un disparo temible con ambas piernas, inteligente tácticamente, con mucha clase, capacidad de liderazgo y un poderoso e incansable motor en el tren inferior. Unas cualidades que unidas a su carácter ganador tornearon al crack. Fue en las filas del Bayern Munich donde maduró de forma exponencial al ritmo que acumulaba Bundesligas, que pasó por el Inter para acabar de convertirse en mito y que no paró de romper records con Alemania. Hablar de Lothar es hacer un repaso histórico de la Nationalmannschaft de dos décadas de duración, desde que debutó en Eurocopa de Italia de 1980, hasta convertirse en figura legendaria, presente en cinco mundiales, récordman mundial con 150 internacionalidades con la Nationalmannschaft, 25 partidos mundialistas y ganando su particular trono en Italia ’90. Ese año fue su encumbramiento a nivel internacional, tras el que le llovieron los reconocimientos individuales: Balón de oro de 1990, jugador alemán del año, primer ganador del FIFA World Player en 1991 y el último empujón a una carrera brillante e inagotable que continuó en las filas del Bayern. Un palmarés impresionante per sin su merma principal, la Champions.

Oliver Kahn: Hace no demasiado, su carácter, melena rubia y cara de furia, dominaba las mayores pesadillas de los rivales europeos. Esta trayectoria se cerró y, con ella, el final del que para muchos ha sido el mejor guardameta de la historia de Alemania y uno de los más valorados en todo el mundo. Y ello, pese a empezar en un modesto como el Karlsruher, donde muchos no recordarán que incluso llegó a marcar 9 goles porque a veces era el lanzador de penaltis. Su crecimiento y progresión le harían llegar al Bayern para no salir jamás. 8 Bundesligas, 6 Copas alemanas, 1 Copa UEFA, 1 Champions League, 1 Intercontinental, galardonado 4 veces consecutivas como el mejor portero europeo, Balón de Oro en el Mundial 2002 (único portero en la historia en conseguirlo) hacen de ‘King Kahn’ un personaje difícilmente igualable. Aquél amistoso de Calcula celebrado en mayo del 2008 durante la gira asiática del Bayern de Múnich, encumbró para siempre al mito en su último partido, pero engendró un debate, el de un sustituto en la portería bávara. Allí siempre hubo referentes, mitos e iconos, pero solo Kahn superaba cualquier previsión en situaciones límite gracias a su agilidad, interpretación del juego y fuerza mental.

Gracias por la ayuda de los textos escritos anteriormente en esta web por Jesús Camacho

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