Histórico
19 mayo 2014Fran Alameda

Barcelona: Eurovisión y el fútbol

Martino - Barcelona

Por Fran Alameda (@Fran_Alameda)

Escribía Elvira Lindo ayer en El País que los programas, los bares, las redes, los periódicos y las calles se han llenado de tontos que gritan. Idiotas que escupen fuerte, pero oyen poco. Hacen ruido, alborotan y generan un contenido espejo, es decir, lo que hacen se llama autorretrato. No le falta razón. Cuando en un escenario que debiera ser posado como es la política, el grito domina a la razón, esperar que el fútbol esté dominado por cartesianos es una utopía lejana incluso para que la escribiese Tomás Moro.

Al Barcelona siempre se le han atribuido problemas de entorno, de desgaste interno a la velocidad que pierde posesiones. Sean o no mantras válidos, la temporada ha sido una frustración permanente de sensaciones, de ambientes envilecidos por aplausos y condenas resultadistas. Pep Guardiola, el último filósofo (entiéndase la burla al burlador) que dominó entorno, jugadores y debilidad interna a base de títulos y posesión 74, predijo que el momento de la derrota levantaría ampollas y cuestionaría un modelo que ha dado el mismo éxito en el recuerdo que en las estadísticas. Pep se equivocó: no llegaron las dudas, sino la hoja de reclamaciones a la excelencia.

El Barcelona enfocó los problemas políticos, entre socios, económicos e internos y acabó desenfocando el fútbol; no es causa-consecuencia, sino realidad crítica

Como si los festines de comuniones se pudieran dar todos los fines de semana, los jugadores del Barça han perdido hueco en el estómago. Lógica debilidad humana que no ha tenido mayor repercusión que la calidad de su fútbol, que no es poco. Las teorías a las que aludía Elvira Lindo sobre política han tenido calado. Desde el politiqueo y politicucheo con el Camp Nou como atrezzo hasta el festín contra Guardiola, Martino ¡y Messi! ha habido retratos para todos. Lógicamente incluidos Bartomeu, Zubi y el antiguo chico de la ESADE, que se fue con el carrito lleno de helados con sabor a café.

Al Barça le ha fallado Martino, le ha fallado Messi, se le ha caducado el modelo, le ha afectado los problemas externos de Rosell, la triste ida de Vilanova, se le ha envejecido Xavi, se le olvidó el plan B, se llenó de asados y cambió de ciclo. Sin embargo, no se le olvidó el fútbol. O se le fue olvidando a medida que avanzaba el tiempo. De algún modo, mientras superaba tramos de temporada el fútbol devoraba al fútbol, la posesión se difuminaba como medio y se convertía en fin, el plan B cobró importancia (no digan que las contras y los centros laterales no estuvieron ahí) y a Messi se le renovó para intentar ganar la Liga a un partido.

Rosell - Neymar

Todo, en realidad, era una excusa para obviar el fútbol y, por ende, cazar el declive a tiempo para creer en una esencia que implantó Laureano Ruiz, como cuenta estupendamente Perarnau en ‘Senda de Campeones’. ¡Se olvidó el modelo!, ¡se olvidó el Plan A!, ¡se obvió a Xavi y se contó a Iniesta por gotas!, ¡se señaló a Messi como culpable en lugar de como síntoma!… Y se despidió a Guillermo Amor, esa última señal que dejan siempre al borde del final a las películas de miedo antes de ser todos poseídos. El Barça se ha ido desnaturalizando a favor del negocio, del pataleo y la habladuría para ir dejando de lado el fútbol. La Masía ha pasado a un segundo, tercer o cuarto plano a la misma velocidad que Qatar ha ido llenando el estadio. No son figuras excluyentes, por supuesto, pero sí buenos retratos.

Con todo, el Barça perdió por un gol en Champions, otro en Copa y otro en Liga. Cedió con el mínimo porque sus jugadores son historia del fútbol, animales competitivos y tienen un modelo extraviado por la memoria que rescatan en días señalados. Pero el problema fue de futbol, realmente. Desde septiembre, incluso cuando ganaban y se les halagaba en función al resultado. La rémora estaba ahí y salió a la luz. El fútbol es complejo, tiene multitud de variables que afectan, pero nunca es resultado de “extremo centro más delantero de dos metros igual a gol” o “cuatro delanteros igual a más ocasiones”. Viejos clichés de taberna, de gritos, de estupideces nocturnas en la televisión y planes bé por los que también se les atizó a Guardiola. Al final, los resultados marcan la temporada, pero el Barça ya desvarió hace tiempo.

El “entorno” culé se ha enrarecido ante la ausencia de explicaciones hasta el nivel de convertir a Messi en causa y no en consecuencia

El verano de 2014 pinta a festival de Eurovisión, cada fichaje puede cantar peor si no vuelve lo clásico. Luis Enrique anda subiendo unas escaleras de las que lo mismo prefiere tirarse antes de subir al avión. Lógico: uno de los problemas de Martino, entrenador superado, pero profesional ejemplar, fue no ser nunca capitán. Luis Enrique puede ser una semilla podrida si al cesto de las ideas le acaban echando gritos y capataces y no marineros posados y trabajadores. El Barça tiene el modelo en el bolsillo, todo es cuestión de que alguno decida bajarse los pantalones y enseñarlo casi todo. Solo así, seguramente, se podrá volver a jugar al fútbol.

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