Histórico
10 abril 2014Jose David López

Oporto: Mangala, cuando el físico es dominio

Mangala - Porto

La naturaleza otorgó al fútbol la capacidad de apasionar. No solo gritar, reír, soñar, llorar o saltar como si del último suspiro de vida se tratara, sino de convertirlo en una válvula de escape social. El instrumento para responder ante batallas globales en el césped y de reivindicar ante los ojos de un mundo que mira desde cualquier punto de un televisor planetario. Y el máximo, el espasmo más poderoso, el momento álgido de toda manifestación deportiva, siempre fue el gol. Ese instante, ese asombro, ese desequilibrio que, convertido en arte, acaba por hacer perder la razón al científico más sereno. El gol se transforma en sensaciones, produce reacciones inmediatas y profundiza en quienes se sienten identificados con los colores del que celebra. El gol se pagó, se paga y se pagará más caro que cualquier otro brillo o talento existente, pero las variaciones tácticas y el renovado entramado esquemático del fútbol moderno, han ido reconvirtiendo esas sensaciones. Tanto, que aquél que impide desatar pasiones y frena los alborozos de quienes pagaron la platea, es hoy recompensado por limitar el espectáculo. A menos brillo, más revalorización. A menos creatividad, más solidez. A menos goles, más defensas

Es por ello que lejos de preocuparse por acumular desequilibrios en labores ofensivas que pueden desencajar cualquier partido y lejos de entrar en batallas comerciales con inversiones inalcanzables para encontrar esa perla diferencial, muchos clubes han apostado por relanzar su base defensiva. En la búsqueda del equilibrio, de la sobriedad y de un entramado táctico que agite los nervios del rival, muchos técnicos encuentran en la lealtad de sus pilares defensivos, el éxito para el bloque. Por ello, son decenas la de clubes que ahora reorganizaron sus premisas de mercado y examinan desesperadamente cada metro en búsqueda de una especia más revalorizada que nunca: el central. Y dentro de esa lista de zagueros con futuro (muy cerca de Hummels-Thiago Silva) que levantan interés en todos los gigantes europeos y que tarde o temprano acabará encandilado por algún contrato irrechazable, aparece en los primeros puestos, Eliaquim Mangala.

Mangala - Oporto 2013Ya lo hemos citado varias veces durante los últimos años en esta web y en los diferentes medios donde trabajamos, pero su espectacular momento de forma, lo reiterado de los rumores que lo sitúan en la élite más selectiva y la Champions como elemento de imagen notoria, obligaba a realizar un análisis más personalizado. Mangala actúa como central y, preferiblemente en la izquierda porque es zurdo (Otamendi en el Oporto es el compañero que tiene casi siempre en la titularidad). Su principal cualidad y aquello que más impone desde el primer momento en el que los ojos se fijan en él, es un notabilísimo aspecto físico. Es un portento, corpulento, enérgico, fuerte y de gran agilidad en sus piernas, lo que le hacen ser rápido para movimientos bruscos y para correr hacia atrás, por lo que ni mucho menos es duro de cintura y le cuesta muy poco acometer carreras en velocidad ante rivales. Su reacción, tanto mental como física, es inmediata, algo que le aporta solidez y mucha intensidad constantemente a su trabajo, siendo interesante de igual manera su estatura y dominio del juego aéreo por envergadura.

Rápido, enérgico, de imponente físico y, además, mejorando en su conducción para ayudar en transición como primera línea de pase

Pero aquello que más ha mejorado en los últimos tiempos y lo que genera en él un central ampliamente destacable sobre el resto, es que a esas funciones físicas vitales y válidas, añade liberación para asumir galones que le deberían pesar. Toma responsabilidad para ser el primer jugador que adelante su posición, que busque líneas de pase en corto o en largo (aunque este es aún muy mejorable) y no tiene problemas en llegar a la medular si fuera necesario para ayudar en transición ofensiva y buscar una larga conducción. Un riesgo para muchos planteamientos porque no es aun excesivamente fiable en sus decisiones, pero sí demuestra seguridad debido a la convicción con que asume este rol si es necesario. No le pesa estar lejos del área y confía tanto en su conducción como en su capacidad de retroceder con solvencia. Cierra bien espacios, mide los cortes y lee bien las interpretaciones rivales de ataque para frenarlas a tiempo, siendo recalcable una y mil veces su potencia en carrera y su seguridad para lanzarse al cruce siempre que sea necesario.

Todas estas cualidades físicas (sólo con 22 años) le son derivadas directamente de su origen congoleño, pues aunque Eliaquim nació en Colombes (una comuna pequeñita al norte de Francia), sus padres le dieron otra bandera a su vida. Cuando apenas era un niño, el trabajo de su padres le llevó a Namur, una preciosa y coqueta ciudad de la Valonia Belga donde creció en un ambiente tranquilo y sereno. Nada que ver con su personalidad, la que le hizo entrar con 5 años como delantero centro del equipo humilde de la ciudad, el Athletic Club Lustin, para ir pasando por CS Wépionnais, City Club de Wépion y llegar finalmente al Namur, el más importante de su zona. En un torneo de juveniles, llamó la atención de un ojeador del Standard de Lieja, que trabaja formidablemente bien con la cantera y que no tardó en sumarlo a sus proyectos adolescentes firmándole un contrato semi-profesional con 16 años para tres temporadas. Y aunque las pretensiones eran de criarlo con cautela, en apenas un año y medio pasó por todos los niveles con celeridad para debutar en la élite sin ser mayor de edad, pero sí de capacidad para gestionarse ya en primer nivel.

Podía jugar aún con RDCongo, Bélgica o Francia, aunque tras haber disputado 23 partidos en Sub 21 con los galos, no parecía que cambiara y hace meses debutó con los galos

Eran los mejores años de un Standard que regresaba entre los ‘elegidos’, ganando títulos nacionales y asomándose a competiciones de prestigio continental como hacía décadas que no lograba. Esa notoriedad le colocó rápidamente entre los jóvenes más deseados y en menos de tres años de crecimiento y progresión notable, el Oporto, que había perdido a su central Maicon por grave lesión, apareció con 6.5 millones de euros que Les Rouches no pudieron rechazar. Tras meses de adaptación, se ganó responsabilidad y consistencia para ser titular y hoy, con 22 años, es el líder defensivo y el central más requerido de aquellos que suenan para dar el salto definitivo al top más elitista. Es oficial y completamente real que Barcelona, Manchester United, Manchester City y Chelsea, han estado siguiéndole en los últimos meses, por lo que todos han iniciado una carrera que terminará muy probablemente en verano de 2014 con la acostumbrada inversión de oro que es capaz de gestionar siempre el Oporto en la pérdida de sus estrellas.

Sus últimos objetivos, probablemente cumplidos antes de que termine en su siguiente aventura, hablan de consolidarse en una selección nacional pues tiene aún libertad de elección. Al haber crecido en Bélgica y tener origen congoleño, puede jugar con los Diablos Rojos o con los Leopardos, pero tampoco tuvo seguridad de hacerlo, sino que en la llamada de Francia (su país natal), aceptó jugar con la Sub 21, donde era un clásico (23 internacionalidades). Pero ya en la élite, con 23 años y consciente de que la elección es inmediata, su paso al frente más claro fue aceptar a Les Bleus en un amistoso ante Uruguay donde fue convocado en una lista ‘b’  pero no jugó, lo que dejaba abierta cualquier hipótesis hacia su bandera en un futuro. Su decisión se corroboró meses después y ya ha sido dos veces internacional galo, dejando claro que su físico, corpulencia y entrega en intensidad, aseguran un fuuro incluso en el próximo Mundial. Mangala se convertirá en uno de los mejores centrales del planeta en cuestión de años. Nadie quiere dejarlo pasar de largo…

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