Histórico
1 abril 2014Jose David López

Manchester United: Cuando la búsqueda es no ser goleado

Imagino un pasillo muy largo, estrecho y con una puerta casi inaccesible al fondo. Imagino un despacho silencioso con cientos de distinciones, trofeos y galardones. Imagino una penumbra triste, pensativa, ideal para reflexiones importantes junto a una buena cantidad de chicles sin azúcar. No era la primera vez que aquella silla vivía una tarde de decisiones, de consensos, de posibilidades que podrían cambiar drásticamente cualquier atisbo de lo que, durante más de dos largas décadas, había representado el ‘todo’. La música, el perfume, la placa identificativa de la entrada y hasta la temperatura del aire acondicionado, cambiaron en horas. Otra decoración, otra luz, otros libros nuevos en la estantería más polvorienta pero exitosa del fútbol inglés. Alex Ferguson meditó fríamente, aunque la decisión ya estaba tomada hacía tiempo en la intimidad, en el secretismo, en la calidez de sus cercanos. Todo con relax y en un calculador intento por no desequilibrar la estabilidad de un gigante con aspiraciones constantes que, como tantas y tantas veces, lo acabaría despidiendo con un título más que sumar a su interminable currículum. No terminaba un ciclo. No terminaba una escuela. No terminaba un estilo. Terminaba una vida irremediablemente insustituible.

Entre los papeles que jamás abandonaron su majestuoso escritorio, aparecían escritos, detalles y esquemas de un técnico de su estima. David Moyes, que llevaba una década consiguiendo milagros competitivos en un humilde pero pretencioso Everton, era uno de los entrenadores ‘amigos’ que jamás increpó el dominio extraoficial de Sir Alex en Inglaterra. Compatriota escocés, silencioso, cortés, alejado de popularidad y sin haber levantado la mínima polémica, representaba aquello que el dueño deportivo del Manchester United deseaba para mantener las bases. La premisa, evitar invasión de ideas externas-opuestas a lo que se sembró. El elegido nunca respondería al perfil de aquellos que mandaban mensajes cada cierto tiempo con ese sueño oculto (Mourinho lo intentó de todas las maneras), aunque sí es cierto que la idea principal era llevarse a Guardiola, al que hoy teme (Pep dijo estos días que Ferguson le llevó a un súper restaurente, que hablaba muy rápido y que no sabe si le hizo una oferta o no…). Pero la realidad es que, ni con tan cuidadoso plan, ni con tan detallista estrategia, iba a poder ahuyentar la alargada sombra exitista que comprometería a todo aquél que asumiera tamaño reto. Una aventura que tenía un inicio dificultoso asegurado y un final previsiblemente desastroso. Lo irremediable, sin embargo, ha sobrepasado hasta las peores perspectivas y el vestuario que hace un año ganó con solvencia la Premier, perdió el sentido hace meses. Hoy, con todo perdido, no se busca el ‘milagro’ de una Champions, sino el ‘milagro’ de no ser goleado…

El minucioso plan post-Alex Ferguson ha dejado una desastrosa temporada donde todo partió de un error clave. El mercado de fichajes le golpeó perdiendo al deseado Thiago y el nuevo engranaje de mercado no supo afrontar una solución alternativa

El agujero negro, la diana sobre la que apuntar y el rostro que abofetear, ha sido casi exclusivo a la figura de Moyes. Sería incomprensible pensar que en apenas unos meses, iba a poder llevar a su vestuario al nivel competitivo que durante años regularizó en la anterior etapa, pues ahora más que nunca queda reflejado que Ferguson impulsó sobremanera la capacidad individual de todos ellos. Más allá de que el nuevo inquilino del banquillo haya tenido deficientes decisiones en momentos puntuales, su nombramiento le expuso para siempre a los feroces colmillos de un mercado de fichajes que, hoy por hoy, se admite como determinante entre los grandes clubes del mundo. Su nombramiento se alargó un poco más de lo previsto, lo que provocó que algunos futbolistas deseados por el club, dejaran pasar la opción mancuniana. Cuando se oficializó, el corto el diámetro de su aureola mediática, desilusionó a otros, que decidieron apostar por otras alternativas para seguir su carrera. Porque sin el mito y con el ‘novato’, aquél papel de héroe, aquella figura histórica, aquél notorio icono del club más grande de Inglaterra, cedía un alto porcentaje de atracción sobre sus deseos mercantiles. Seguiría el contexto, perdería el atractivo envoltorio. Y así, se sumaron errores fatales en organización, pero desastrosos en proyección.

Thiago Alcántara Uno de ellos será recordado para siempre. Y es que el golpe claro, el que de verdad rompe la temporada del Manchester United, llegó con el que iba a ser el ‘refuerzo’. La clave que durante tantos años mermó la capacidad organizativa del campeón inglés y que le obligó a interpretar el juego en base a su carisma y energías (no a su creatividad o equilibrio medular), iba a poner fin con Thiago Alcántara. Tan avanzada estaba su contratación, que se pensaba en su presentación tras la Euro Sub 21 (que ganó la España de Thiago), donde incluso el hispano-brasileño admitió en un balón firmado por los jugadores, que pondría rumbo a Old Trafford: “Nos vemos en Manchester”, rotuló en ese esférico que regaló a David De Gea (portero ya del United). Su deseo de no seguir a la sombra de Xavi en el Barcelona, su necesidad de dar un paso adelante en sus previsiones de mediocentro con clase mundial y sus jugosas posibilidades para elegir destino, le habían señalado vía libre hacia el misticismo Devil, pero justo cuando Ferguson ejecutó su adiós, Pep Guardiola refrendaba su capacidad de decisión en el Bayern de Múnich. La primera petición, casi exclusiva, fue la contratación de Thiago como lector indivisible de su plan para perpetuar el dominio ya instaurado por el gigante bávaro en Europa. Días después, el caos se concretó. No hizo falta esperar mucho para notar que no existía una versión alternativa para soportar semejante desperfecto en el proyecto del United.

Sin Thiago, sin su deseo, sin su única opción de creador futuro, el Manchester United malgastó nuevamente en futbolistas de nivel que no sólo no han aportado, sino que reflejan la falta de previsión

Sin ese jugador que afrontaría el reto de exponer principios asociativos y posesivos en el esquema, Moyes se desinfló. Sus movimientos, ya debilitados por saberse segundas opciones y por la necesidad creciente de un campeón en busca de soluciones de emergencia, le hicieron despilfarrar (algo constante en entidades que no asumen veranos sin rostros nuevos en su plantilla pese a no ser necesarios en el rendimiento del club) como nunca había podido hacer hasta ese momento. Y, puestos a gastar, creyó mejor fiarse de lo que conocía. Pese a que no era lo que buscaba ni necesitaba, el perfil de Fellaini como jugador que podría aporta en diferentes facetas ofensivas-medulares, acabó por convertirse en la única posibilidad en un mercado tardío y vacío (32,5 mill€). El primer error de lo que ahora es un desastre, nació en esos días. Y se acabó consumando en invierno, cuando ya en situación límite, lejos de sus pretensiones reales y a la deriva, volvió a gastar muchísimo en una estrella perdida, necesitada de nuevas ambiciones y sin el punto competitivo adecuado, Mata (44 mill€). Dos movimientos que no han sumado absolutamente nada hasta ahora y no solo porque no eran lo que verdaderamente necesitaba el esquema, sino porque ninguno acapara el liderazgo que se anhela ante un panorama tan impasible.

Ellos son dos ejemplos clarísimos de lo que verdaderamente es el problema de este United, la pérdida del epicentro que les mantenía en tensión. Existe una relajación, una pasividad, una frialdad notable en muchos jugadores que tuvieron un rendimiento altísimo no hace mucho y que hoy transitan alicaídos. Existe una apatía e incredulidad espantosa entre aquellos que nunca estuvieron preparados para vestir la camiseta del más gigante de los clubes ingleses y que solo ahora, sin la sombra del ‘jefe’ que todo lo acaparaba, quedaron desnudos sin sus ánimos imperecederos. Moyes merece responder ante ciertas decisiones y la incapacidad para levantar el caos, pero la personalidad de su vestuario es lo que ha derivado en este año desastroso. Este United está enfermo, en pleno proceso de reestructuración tras una pausa excesiva en afrontar esa realidad intangible y convertidos ahora en un engranaje vetusto con claros síntomas de fin de ciclo. Curioso que, en lugar de afrontar dicha nueva página con el adiós de su icono más histórico, éste llegue con un año de retraso, que por las perspectivas negativas que se atisban, generará numerosos problemas a corto plazo (sin puestos de Champions para el año próximo, nuevamente se romperán muchas de sus opciones de mercado y se debilitará un poco más respecto a los nuevos millonarios-dominadores de la Premier-Europa).

Más del 75% de la plantilla actual, está no sólo lejos de su mejor nivel, sino fuera de la tensión competitiva necesaria en un club de esta magnitud. El principal criticado debería ser el vestuario, que está enfermo

Van Persie - Manchester UnitedLa limpieza de la plantilla, que debería haberse realizado poco a poco estos años, no se asumió como tal por la alta rentabilidad que Ferguson logró en muchos de ellos. Hoy, aun cabe preguntarse qué han aportado Nani, Jones, Buttner, Young, Cleverley o Kagawa en los últimos tiempos. Aún cabe preguntarse si hay que mantener el respeto-solidaridad por mitos como Giggs (que juega los partidos que decide él mismo como ayudante de Moyes que es) o por Fletcher (en nómina pese a haber estado de baja más de dos años por un gravísimo problema estomacal que le permite tener minutos sin reularidad). Aún cabe preguntarse si la veteranía de Ferdinand, el ya consumado adiós de Vidic (Inter), la más que segura marcha de Evra (seguramente al Mónaco), la inútil opción de Chicharito Hernández o incluso la pérdida de sensibilidad goleadora de Van Persie (muy lejos de sus registros del año pasado), deberían tener espacio reservado en un aspirante a todo.

Rooney, incansable y enérgico como siempre y único valor destacable entre los que se esperaban para liderar el nuevo curso, incluso empezó a concentrarse tarde, muy tarde. Su inicio de curso fue deprimente desde un punto de vista profesional. Protagonizó el escándalo veraniego que puso los primeros obstáculos a la llegada de Moyes, que pese a lograr apaciguarlo y renovarlo, quedó debilitado al acceder a lo que su crack deseara más allá de sus propias intenciones. Valencia, por momentos De Gea y de vez en cuando Carrick, son los únicos que han estado a la altura de lo que se espera de ellos. Entre tantos errores y fallos de cálculo, existen irrupciones y en el caos encontró su hueco la única noticia positiva del curso, la llegada estelar y poderosa del jovencísimo Adnan Januzaj, convertido ya en la perla del curso inglés. Aun así, el Manchester United se sabe inferior que hace unos meses, inferior que hace unos años e inferior al mastodontico emblema ante el que debe responder de sus pecados. Una leyenda tan grande, un peso tan poderoso, una institución tan ejemplar, que tener que afrontar condicionantes desagradables en los próximos meses, desencadenará un irremediable cambio de cara. Esa que hoy ante el Bayern de Múnich no intentará sonreír en busca de una victoria, sino apretar los dientes para evitar recibir la enésima noche de sonrojo en la temporada. Old Trafford ya no busca ganar. Old Trafford busca no ser goleado…

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