Histórico
15 abril 2014Rocío García

Inglaterra: Jay Rodríguez, el efímero billete a Brasil

Jay Rodriguez

Por Rocío García (@Roo_Gr)

Las estaciones tienen ese ir y venir taciturno y nervioso de quien espera para marcharse, el que espera que algo llegue. Perder trenes y autobuses solo reconforta cuando sabes que (casi) siempre hay uno más. La espera, sin embargo, no tiene cura. Es el tiempo exacto de preguntarte por qué no en otro momento aquel imprevisto y filosofar sobre la injusticia, como si alguien alguna vez hubiese asegurado que la vida era justa. Hay recorridos, además, cuya frecuencia tarda cuatro años. Cuarenta y ocho meses de espera para preguntarse por qué la vida, por qué la injusticia, por qué aquella tarde.  Cuarenta y ocho meses que tendrá Jay Rodríguez para pensar por qué aquel salto para controlar el balón contra el Manchester City le dejaba fuera de juego durante los próximos, como mínimo, seis meses, perdiendo el billete que lo llevaría por primera vez a Brasil.

Aquel ‘crac’ que dicen que se escucha cuando se rompe el ligamento cruzado anterior de la rodilla (quien escribe, lo corrobora), esa tarde sonó más fuerte. Jay Rodríguez lo escuchó, probablemente, como una explosión. Sólo habían pasado 25 minutos de partido de un Southampton-Manchester City en el Etihad. Un control en el aire y una mala caída hacían que el  delantero inglés cayese al suelo, con las manos en la rodilla derecha y en la cara, de manera alternativa, sabiendo que algo horrible acababa de pasar. Abandonó el campo en camilla segundos después, con ese gesto de preocupación que solo la trascendencia de la gravedad te da.

Jay Rodríguez era claro aspirante a un puesto en el Mundial gracias a su temporada: goles y bastante más que eso en la sorprendente campaña del equipo de Pochettino

Con veinticuatro años, Jay Rodríguez realizaba una fantástica temporada. Desafiar las situaciones y dar pequeños pasos para convertirse en grande. Así podría definirse su vida. Su temporada, magnífica: diecisiete goles en 33 partidos, segundo máximo goleador inglés de la Premier y fiel candidato al pasaporte a Brasil para defender a los Three Lions en el Mundial. Calendario y rodilla jugarían, sin embargo, en su contra: de seis a nueve meses de baja y la certeza de no llegar a tiempo, de un sueño que se rompe justo antes de empezar.

Jay Rodríguez injury

El cuento futbolístico de Jay empezaba mucho más abajo que las aspiraciones a un Mundial. En Galicia, quizás, donde su padre, Kiko Rodríguez, jugaba en el Deportivo de la Coruña hasta emigrar a Burnley, luchando por hacerse hueco en aquel mundo que le apasionaba: el fútbol. Ya lo dijo Stendhal: sin pasiones uno se idiotiza. Y tanto Kiko como su hijo, lucharían por no caer en esa trampa de la vida sin sacrificio. En Burnley, en esos magníficos años ochenta donde, tiempo más tarde, nacería Jay. Fue allí, en su ciudad natal, donde el actual delantero de Pochettino nacería también como futbolista.

El Burnley Football Club parecía un buen lugar para empezar. Allí, en la Football League Championship (segunda división inglesa) un joven Jay caía bien fuera del terreno de juego y se hacía un hueco dentro de él. Salía del país en 2007, para jugar en la primera división escocesa, en el  Stirling Albion pero, después de salir cedido aquella temporada, Jay Rodríguez volvería pronto a casa, a  The Clarets, cuando el sabor acre de la competición hizo que no renovara en Escocia. Y volvió de nuevo a segunda división. La amarga paciencia para encontrar frutos, alcanzar la meta, para encabezar listas y abrir telediarios, para desandar y poder saltar con más fuerza.

Jay Rodríguez 2014Tras perderse un año del Burnley en Premier por estar cedido en el Barnsley, Jay volvería de nuevo a su ciudad, para revindicar lo que mejor sabía hacer: jugar al fútbol. Era la temporada 2010-2011 y el inglés se convertía en el máximo goleador de su equipo. 15 goles y pasaporte para soñar. Su éxito solo acababa de empezar. Todos los campeonatos, aquel año, para los Clarets, acabarían con veintiún goles del joven delantero inglés y su primera convocatoria para representar al país en la selección sub-21. Era la efervescencia, esa especie de recompensa en versión justicia poética a una carrera que, ciertamente, ya se había tambaleado.

La historia de JayRo es el sueño (¿roto?) del sacrificio: de luchar en las categorías del inframundo futbolístico a brillar en la Premier y relumbrar junto a Lambert y Lallana

El Souhampton no fue ajeno y llegó a pagar algo más de ocho millones de euros por él (alrededor de siete millones de libras) que hicieron dudar a la afición de los Saints si realmente no era un precio desorbitado. Jay Rodríguez tardó lo que va de agosto a marzo en demostrar que la confianza es la madre de cualquier actuación. Quince goles en un año que ha acabado antes de tiempo y que no solo ha encumbrado a él, sino también a Lambert y Lallana, sus compañeros y aliados en el ataque del sorprendente Soton esta temporada.

No hacía ni cuatro años que Jay Rodríguez se había matriculado en un curso de fontanería en el instituto de Burnley, no hace dos años que la carrera futbolística de JayRo se tambaleaba entre los suburbios de las categorías inferiores, entre el amateurismo y lo profesional, entre seguir o darse por vencido. Hoy, en lo más alto, el inglés de origen español ha vuelto a tropezar. Esta vez con un nombre hecho, pero en forma de lesión. Grave y larga, pero insuficiente para abandonar después de todo el sacrificio. La historia de Jay es la de tantos, la del sacrificio para conseguir un éxito efímero, un salto rápido y una caída fugaz. Una oda al Carpe Diem, al vivir ahora o morir mañana.

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