Histórico
16 abril 2014Jose David López

Copa del Rey: Los nombres de la Final

Bale - Real Madrid

Volvían a Valencia, ese estadio donde ambos ya habían levantado este mismo trofeo copero tan devaluado durante todo el año y tan sobrevalorado en su última instancia. Volvían a encontrarse tras pésimas conclusiones en eliminatorias europeas que frenaban su entusiasmo orgulloso. Volvían a ese contexto donde el ganador parece sumar poco y el perdedor parece perder mucho mientras ambos miran la lucha liguera sin acritud alguna. Y, sobre todo, volvían a cruzarse los planteamientos mil y una vez repetidos durante los últimos años. Un Real Madrid lleno de entusiasmo, vitalidad, dinamismo y creencia vital en sus condiciones atléticas ofensivas para aprovechar las debilidades conocidas de un frágil entramado defensivo rival. Un Barcelona aletargado, castigado por ello y clonando por enésima vez su receta posesiva como afán anestesiante para cualquier muro táctico que se precie. Sin la estrella Cristiano, sin el necesitado Piqué, con dos vertientes dispares y, de nuevo, calcando valores ya predeterminados a todo Clásico. La fórmula ha ido premiando sin condiciones ni avisos a unos y otros en sus últimos cruces y hoy, cuando el desgaste físico parecía acabar siendo determinante, una locolomota lo desequilibrió. La Copa del Rey es del Real Madrid.

Di María: El Real Madrid ha tenido que gastarse 100 millones de euros en traer a Bale para no solo aprovechar poco a poco al galés, sino para sacar la versión más competitiva del ‘Fideo’. El argentino no solo corre, no solo lucha, no solo llega al área rival, no solo ayuda defensivamente y no solo marca el primer gol de la Final de Copa, sino que además, desactivó con su mentalidad el planteamiento rival. Clave, determinante era el trabajo que pudiera ofrecer al colectivo tanto él como Isco de interiores y aunque precisamente el físico fue lo que acabó propiciando su debilidad con el paso de los minutos, claramente el MVP. Estuvo en todas, obtuvo recompensa personal y generó la victoria colectiva. Un fichaje galés trajo un re-fichaje argentino.

Tan importante la aportación de Bale en los momentos determinantes y un GOL único, como el incansable trabajo de un Di María voraz-intenso como solo la competencia le permitió ser

Bartra: Resulta chirriante a la vez que puro reflejo negativo, que el mejor jugador, el más incisivo en ataque (sí, increíble pero cierto que el zaguero haya sido el jugador culé que más disparos e intentos a puerta realizó en la finalísima), fuera aquél que parte de más atrás. El central canterano, que entre otras cosas había sido una sensible duda para la cita debido a problemas físicos durante los últimos días, se mostró en cada acción ofensiva. Tan adelantada terminaba su posición en movimientos de empuje sobre el rival, que lanzó varias veces desde fuera del área (en una de ellas obligó a una parada complicada a Casillas pese a la distancia). En la única que a balón parado permitió el enemigo, superó a epe por alto, cabeceó de manera espectacular cuando su equipo se debilitaba y la colocó en la escuadra ante la estirada boba de Casillas. Por cuestiones del destino, minutos después iba a quedar puesto en retrato por Bale en la jugada clave del partido, al no poder mantener su fuerza. Aun así, el más motivado de los sub-campeones.

Bale: Todos los focos le había apuntado a él. Siempre se decide que, en la previa, la tensión debe cargarla alguien y el arrastre millonario que aguantará toda su vida madridista, le había convertido en obligado protagonista ante la ausencia de Cristiano. Decir que no acabó de gestionar bien sus constantes contragolpes con Benzema, sería discutir excesivamente todos los aportes que fue capaz de dar al colectivo, pero más allá de la constante búsqueda de espacios, de rebuscar en las dudas defensivas del rival y de ahondar en el entramado exterior del Barcelona, acabó de destrozar a Bartra primero y el enemigo después, en la acción determinante. Un arreón de verticalidad, entusiasmo, portento físico y definición cuando todo parecía perdido. Superó al rival cuando había quedado en clara desventaja, fue capaz de incorporarse a una jugada que lo había desechad para la misma y acabó en el área rival, en la banda contraria, festejando en el suelo el gol que lo encumbra ya como el hombre de Mestalla 2013. Era su primera final como titular. Es su primer título blanco.

La mentalidad y entusiasmo de un central aportando goles como Bartra, cocha con la apsividad-ausencia constante de un Messi camino de un año gris como pocos

Messi: Se han buscado todo tipo de lecturas y se van a seguir buscando hasta que vuelva. Porque puede marcar goles todavía, porque puede acelerar jugadas todavía y porque seguirá siendo determinante todavía, pero Messi no está. O si está, no dejan que lo veamos. Cierto es que el entramado defensivo, muy agresivo y tácticamente perfecto a su espalda, evitó una vez más que el argentino encuentre comodidad en estos partidos ante rivales encerrados. Pero no menos ciero es que viene de mostrar una actitud falta de talante, no de talento, para saber liderar y empujar a su equipo cuando vienen torcidas. Y la final de Mestalla ejemplifica, como hace unas semanas ante el atlético en la Champions, que Leo no está y que Messi hace tiempo que no hace caso a lo que ocurre para buscar soluciones. Martino dijo hace días que buscan que toque menos balones y aparezca solo en zonas determinantes. Y muchos pensamos que lo verdaderamente determinante es que lo toque, que nos dejen verlo. Su temporada va camino de un barranco no anunciado.

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