Histórico
30 abril 2014Andrés Cabrera Quintero

Chelsea: Schwarzer, el héroe de las antípodas

Schwarzer - chelsea 2014

Medina Cantalejo hace sonar en tres ocasiones su silbato. El partido acaba de terminar. El público salta en una especie de alegría contenida, una alegría casi angustiosa. Se han terminado los 120 minutos de juego. Australia y Uruguay se van a disputar la vida en una tanda de penaltis. Digo la vida, porque como futbolista no hay nada más grande que jugar un Mundial. El contraste entre estar en Alemania y ver la cita desde casa, es abismal. Los socceroos han ganado en el tiempo reglamentario gracias al gol de Bresciano, que igualaba el tanto que consiguió Darío Rodríguez en el Centenario. La bicampeona del mundo se jugaba el pase en el lanzamiento de penas máximas. Enfrente una selección inexperta en lides mundialista, sólo una presencia precedente. Las miradas, como siempre llegados a este punto, se fijan en dos hombres. Por el lado uruguayo estaría Fabián Carini. Defendiendo la meta aussie se encontraba Mark Schwarzer. Dos protagonistas, sólo uno podía ser el héroe de la noche.

Era el 16 de noviembre de 2005. Fecha estipulada por la FIFA para las repescas mundialistas. Tanto las europeas, como las intercontinentales se disputaban en esa jornada. La mayoría de las eliminatorias estaban muy abiertas, a excepción del duelo entre España y Eslovaquia, dónde el equipo que dirigía Luis Aragonés había conseguido golear por 5-1 en la ida en el Vicente Calderón. El resto de eliminatorias aún respiraban esa tensión propia del que se juega el todo o nada. Ejemplo claro fue el Turquía-Suiza que terminó con un espectáculo bochornoso. Aunque el partido que daba el pistoletazo de salida  se disputaba en Sidney. Eran las ocho de la tarde hora local y el Telstra Stadium mostraba un lleno completo. El color amarillo y el fervor por la selección que dirigía Guus Hiddink envolvieron al encuentro en ese ambiente mágico que sólo el fútbol es capaz de conseguir. La tanda de penaltis debía hacer honor a la trascendencia del momento. Todo o nada desde los once metros.

Tras las charlas motivadoras, la decisión de los lanzadores y la tensión propia. Los guardametas se fueron hacía una de las porterías. Saludo cordial entre ambos y ya que cada uno haga su trabajo. Por entonces, Schwarzer ya era un veterano, contaba con 33 años a sus espaldas y muchas experiencias vividas. Nunca una tan grande. Al menos, debió pensar Mark, no empezaba él tomando la responsabilidad. Su compañero de selección, Kewell, lanzaría el primer penalti. El jugador del Liverpool, que había ganado la Champions ese mismo año, no perdonó. Llegaba el momento de Schwarzer. Un país, que digo un país, un continente casi, ya que Australia es casi eso, estaba pendiente del portero del Boro. Al otro lado, el autor del gol en la ida, Darío Rodríguez. Buen golpeo, pero mejor estirada. Australia tomaba ventaja, Uruguay tenía que remar. Schwarzer había detenido el balón.

Los lanzamientos iban transcurriendo, y los goles, de la misma forma, llegando. En esas, nos situábamos en el cuarto lanzamiento para cada equipo. Si Viduka marcaba, medio pase estaba garantizado. El delantero era por entonces compañero de equipo de Schwarzer en el Middlesbrough. Viduka, al cual siempre recordaremos con una sonrisa en la boca, al dejarnos la frase: “No me importa perder todos los partidos mientras ganemos la liga”, tenía ahora una responsabilidad máxima. Los nervios se apoderaron de él, y al tratar de ajustar tanto el balón, se fue fuera. Si Uruguay marcaba, la tanda de penaltis quedaría igualada. Al lanzamiento fue Zalayeta, un hombre acostumbrado a este tipo de tensión. Silbidos para intentar desconcentrarle. Golpeó escorado, y a mano cambiada, Schwarzer realiza la intervención de la noche. Locura en Sidney. La intervención se celebró como un gol. Ahora, si Aloisi marcaba, Australia volvería a un Mundial 32 años después. El delantero del Alavés no perdonó. Australia era mundialista gracias a las dos intervenciones de Schwarzer.

Mientras los socceroos festejan, el antihéroe de la noche, Zalayeta rompe a llorar. Aloisi, deja la celebración a un lado y va a consolarle. Hermandad dentro de la tensión del momento. Uruguay se quedaba sin Mundial. Australia festejaba. Del precedente anterior muy pocos recuerdos, fueron eliminados en primera ronda, y sólo hubo cierta notoriedad cuando en el partido ante Chile, hubo una serie de protestas por el régimen militar de Pinochet. Australia era por entonces un actore secundario. Ahora eran protagonistas. A partir de entonces, Australia ha conseguido el pase a los siguientes mundiales. Aquella fecha ya es histórica para el fútbol de las antípodas y concretamente para un hombre, Mark Schwarzer.

Esta noche, Schwarzer volverá a vivir una noche al más alto nivel. Un partido, impensable para muchos a su edad. Con 41 años, será el portero encargado de defender la portería del Chelsea. Algo que ha logrado tanto en el Vicente Calderón como en Anfield, dejando su meta a cero en ambos encuentros. El portero australiano ya sabe lo que es enfrentarse al Atlético de Madrid, en un partido de alta exigencia europea. En la final de la Europa League 2010, que enfrentó a Fulham y Atleti, Schwarzer era el meta de los cottagers. Desafortunadamente para él, no pudo frenar a Forlán y el Atleti volvió a la senda del triunfo. Ahora, 4 años después, Schwarzer quiere vengarse. Sabe que detrás tiene un país apoyándole. Un país que le idolatra. Schwarzer, el héroe de las antípodas.

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