Histórico
24 abril 2014Guillermo Gonzalez

Benfica: Vitor Paneira, un héroe particular

Guillermo González (@Guille_Futbln)

¿Dónde empieza y acaba la estela que dejan los ídolos? No hay nada como enaltecer aquella imagen que inspira esa sensación de bienestar y de seguridad, una razón que incentiva el fervor. Romain Rolland, escritor francés, aseguró que “un héroe es todo aquel que hace todo lo que puede”, y aquí entran desde los más pintorescos y llamativos hasta los más humildes e insignificantes. También hay héroes de bajo relumbrón, aquellos que, sobre todo, son particulares de cada uno. Hace una semana que, Henrique Raposo, articulista portugués en el diario Expresso, realizó su propia oda, muy particular y personalista, una vez supo cuál era el rival del Benfica en las semifinales de Europa League. Los lisboetas miraron con recelo el cruce, pues les esperaba la Juventus al otro lado, jugando el partido de vuelta, para más inri, en el estadio que albergará la final, la casa de los bianconeros. Henrique tituló su artículo así: “Carta de amor a Vitor Paneira”.

La retrospectiva ayuda a suavizar el mal gesto tras el sorteo. Henrique Raposo, ávido buscando los irrisorios datos que comparten lisboetas y turineses, recordó aquellos cuartos de final de la Copa de la UEFA de 1993, donde hubo un nombre propio cuya relevancia, por aquel entonces, no era mera casualidad. La carta de amor hacia uno de los mejores “7” que ha visto Benfica, a un jugador que amó la zamarra roja de Lisboa. Vítor Manuel da Costa Araújo, conocido como Paneira porque su abuelo regentaba una panadería, heredando el sobrenombre de su padre, soñaba desde pequeño con llegar a Benfica, equipo de la familia. Vitor era un chico que apenas tenía formación de escuela futbolística, la cual empezó a los 16 años en el Famalicao y, después, en el Vizela. Soñaba con ser como Fernando Chalana, referente genuino del fútbol luso en los años 80, aunque él pegado a la banda derecha, su condición y propósito. Era un extremo tremendamente habilidoso, con velocidad endemoniada y una técnica que se fundamentaba en un regate corto de precisión de cirujano. Sin duda, un auténtico artista corriendo el carril diestro, algo que no tardó en verse en un torneo sub-21 en Toulon. Aquello le valió la firma. Le valió que se obrara el milagro.

Paneira, es esa clase de jugador que tanto quiere una afición. Amor por unos colores por encima de todo. El nieto de panadero llegó a ir a la cárcel debido a su fuerte compromiso con el Benfica.

Ficharía por el Benfica en 1988, compartiendo con el club lisboeta una de las etapas más prolíficas del club. Coincidiría con jugadores de la talla de Aldair, Pacheco, Paulo Sousa, Rui Costa, Claudio Canniggia, Paulo Futre o João Pinto, siendo él un habitual en el costado diestro, aunque en sus comienzos disputó partidos en el centro de la medular. Sus mejores etapas coincidieron con dos entrenadores que determinaron el presente del equipo: Toni y Sven-Göran Eriksson. Entre 1987 y 1994 se vislumbró el auge en los benfiquistas, llegando a disputar una final de Copa de Europa en 1989 – Paneira fue titular en el centro del campo – ante el AC Milan de Arrigo Sacchi y logrando una clara hegemonía en el país, con tres ligas, una Taça de Portugal y una SuperCopa, entre el entrenador luso y el sueco.

Vitor Paneira demostraba sobre el campo el compromiso hacia una camiseta y hacia una afición. Incluso, esa responsabilidad inherente, propiciada por el apego, le llevó a la cárcel en 1990. Fue acusado de desertor tras saltarse la instrucción militar obligatoria ya que tenía que personarse en el Cuartel de la ciudad de Oporto, suponiéndole tal ausencia un total de 75 días en prisión. Su falta a este proceso de aprendizaje castrense sucedió al priorizar un partido con Benfica. No obstante, las anécdotas más importantes guardan una relación con la Vecchia Signora, un verdugo que un extremo ajustició en Lisboa.

El 2 de marzo de 1993 fue una noche gloriosa para el antiguo estadio de Da Luz, que albergaría el duelo de ida de cuartos de final de la Copa de la UEFA. Previo paso al encuentro, el extremo siempre ha asegurado que la afición de Benfica y, todo el contexto que pueda generarse en un partido en terreno lisboeta, hacen que cualquier estructura se mueva. Aquel día, se medían a la Juventus de Giovanni Trapattoni, con Vialli y Roberto Baggio como algunas de sus estrellas, y el mausoleo se movió más que nunca. Vitor Paneira, ídolo de la hinchada, metió el miedo en el cuerpo a los italianos. Primero, con un gol llegando desde atrás sorprendiendo a Peruzzi. Después, para solucionar el empate de Vialli en el punto de penalti, aprovechó un centro desde la izquierda para marcar el segundo, yéndose a la grada para celebrarlo con los aficionados en una actuación premeditada pues sintió “el cuidado y la calidez de los fans”. Dicho partido ha sido recordado por la afición benfiquista como uno de los que más representa la figura de Paneira, aunque la eliminatoria quedó sentenciada en Delle Alpi por parte de los locales, endosando tres goles a Silvino Louro sin dar alternativa alguna.

El amor hacia su camiseta de toda la vida solamente fue arrebatada por una persona que, según Paneira, quiso acabar con la mística que tenía el club lisboeta. Artur Jorge, entrenador portugués que recorrió su famoso bigote por media Europa, llegó en 1994 y decidió hacer una limpieza en el vestuario, teniendo sus desavenencias con el propio Vitor, referente y capitán en aquellos tiempos, avisando al mismo presidente de la vorágine que había propiciado el técnico. No obstante, antes de vivir ese periodo, el número 7 tuvo la oportunidad de salir de Portugal antes de que aconteciera el desastre. La Juventus quiso fichar a ese fugaz jugador, pero no se cerró la contratación a falta de unos flecos. A cambio, los bianconeros se hicieron con los servicios de Paulo Sousa, otra de las joyas de las águilas. Nunca fue a un escalón superior porque, para él, lo máximo era jugar para Benfica.

Vitor Paneira sabe lo que es marcar gol a la Juventus, equipo que luego pretendió su fichaje. El 7 benfiquista ya había logrado todo defendiendo el color rojo de la zamarra de las Águilas. No necesitaba nada más.

El desgaste de Artur Jorge propició su salida al Vitória de Guimarães, donde incluso llegó a vivir una etapa esplendorosa. En 1996, jugó, de nuevo, Copa de la UEFA, sin gozar de demasiada trascendencia para el colectivo. En cambio, marcó un precedente para uno de los guardametas que disputaba el torneo. Los portugueses se midieron en primera ronda al Parma de Carlo Ancelotti, donde el entrenador hizo debutar en competición europea a un prometedor Gianluigi Buffon, el cual tuvo que ver como Paneira le hacía su primer gol en su trayectoria por el Viejo Continente, además de caer eliminados.

Quizás, Paniera tampoco quiso – o pudo – gozar de la misma trascendencia tanto en Guimarães como en Coimbra, pues toda la intensidad la había vivido en Lisboa. No hace mucho, le preguntaron si creía haber tenido la relevancia que merecía, contestando que Benfica le había dado todo. Sin más. Fue un héroe particular que, sin la repercusión mediática, hizo todo lo que pudo, como Rolland define a los héroes y como Henrique Raposo ve a uno de sus ídolos. Honradle.

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