Histórico
9 abril 2014Jose David López

Bayern: David Alaba, rimas de alto voltaje

David Alaba- Bayern

Una gorra de tela con cuadros, una muñequera en el antebrazo y una camiseta amplísima que alcanza casi sus rodillas. Zapatillas con perfil skater, perfiladas tras muchos días en el park y unos calcetines coloridos que muestran el logo de su clan. Música de fondo, griterío generalizado y una pista donde el foco aún busca sus protagonistas, a los que los collares de su cuello, dejan entrever en las sombras. A un lado, la improvisación de quien lleva años levantando los brazos con jerarquía, muestra del líder del barrio, del mejor flow de la ciudad. Al otro, un recién llegado, de ropajes coloridos, rasgos étnicos y con influencias alternativas en su estilo, absolutamente indefinido. Lo observan con hostilidad, lo increpan, lo intentan intimidar y buscan con la mirada un pequeño rasgo de debilidad. Pero no hay. Es su momento.

El contexto le libera, le exalta y, con plena confianza en sus habilidades, encuentra una ironía irrepetible en las mermas de su rival. Genera sorpresa, impacta y la audiencia, dubitativa, acaba decidiendo a su favor. El ‘novato’ levanta los brazos en señal de victoria, logrando el reconocimiento por sus cualidades para el rap, algo que le acompañó desde la infancia y que le convertiría en uno de los mejores del planeta (número dos del mundo con su single, Two in One). Una sola noche sirvió para que Viena abrazara sus estrofas, ritmos e improvisaciones musicales, convirtiendo a George Alaba, en el rapero juvenil más afamado del momento. Años después, esa noche sigue inalterable en el recuerdo y, como aún hoy recalca, cada vez que puede, la repite en presencia de su hijo, cuando la vida le pone obstáculos. El rap y el fútbol, mezcla ideal para la cosmopolita vida del chico de moda en el Bayern. David Alaba, ‘flow’ de alto voltaje.

Una madre filipina (Gina) y un ‘rapero’ nigeriano (George), son la singular base familiar de los Alaba. A ritmo de estrofas, con combates callejeros desde su niñez y en constantes estudios de grabación (pues el mayor éxito de su padre llegó a finales de los años 90), la adolescencia del pequeño David parecía encarrilada a salas de baile y sesiones donde los aplausos nunca paraban (su hermana Rosa es cantante conocida en el país y famosa tras varios programas de televisión). Cada fin de semana, cuando la camioneta y los acordes de su padre, viajaban por toda Europa amortizando sus éxitos o llenaban discotecas del país, él acabó encontrando esos aplausos y elogios no con las manos ni con sus diseñadas estrofas, sino con los pies y con su envidiable físico. Y aquello que su familia siempre había dejado como afición secundaria, aquello que simplemente significaba un entretenimiento semanal, se convirtió en la banda sonora que motivaba los propios sueños y ambiciones de Alaba. La pelota y una tremenda capacidad de progresión, le colocaron primero como promesa vienesa (en el modesto SV Aspern) y después como joven del momento en todo el país (saltando al Austria Viena). Las mejores previsiones. Las mejores expectativas.

Sin embargo, lograr mantener esa mentalidad cuando un gigante como el Bayern de Múnich te corteja, no parecía ser une mate para él. Y es que ese sueño para cualquier chico, era una cuestión de personalidad para él. Hasta tres veces tuvo que insistir el equipo alemán para convencer a un David que tachaba por entonces al equipo muniqués como “excesivamente prepotente”. Sus razones tenía. “Odiaba al Bayern porque llegaban a los campeonatos de canteras con el chándal más fino y los autobuses más bonitos, como si te permitiesen jugar contra ellos”. Esa identidad tan firme, no gustaba al joven, que sin embargo no tuvo más remedio que ceder a sus impulsos y entender que la mejor vía para su profesionalidad estaba frente a él. Y aquellas perspectivas crecientes en su país, pronto serían respondidas, pues casi nada más aterrizar en Múnich, un mito como Mehmet Scholl (su entrenador en los juveniles), aseguró que era “el joven más profesional y estricto de cuantos he visto en mi carrera”. Su físico, su energía y su interminable despliegue ofensivo, ofrecieron garantías necesarias para que un especialista en jóvenes talentos como Louis Van Gaal, lo hiciera debutar en Baviera en marzo de 2010 (ante Colonia). Tres días más tarde, rompía todos los registros de precocidad (jugador de menor edad en historia bávara) al hacerlo en Champions (ante Fiorentina).

David Alaba - AustriaLo que pocos recuerdan ya, es que aquello fue una experiencia dolorosísima y sufrida para David. Aquella noche en suelo toscano, fue superado constantemente, cometió errores de colocación, no se atrevió a acceder al campo contrario y fue el ejemplo ideal de cuando un joven no da la talla en partidos de primer nivel. Tal fue el caos sufrido, que los medios alemanes criticaron duramente las decisiones de Van Gaal, obligándole a explicar el por qué de sus medidas en partidos tan importantes. Cuando esas semanas pasaron, su mal debut le obligó a pasar desapercibido nuevamente en el equipo juvenil (en 3 Bundesliga), algo que se repetiría el curso siguiente. Con las perspectivas dañadas seriamente pese que incluso ya había debutado con la selección austriaca absoluta (rompiendo el record que con 17 años le coloca como el más joven de la historia), su rol terciario, su ostracismo, su absoluto desconocimiento de minutos provechosos, le hizo tomar una decisión que hoy asegura “fue clave para desarrollarme y entender lo que es jugar en el primer nivel”.

Aceptar una cesión al Hoffenheim (club armado a base de jugadores en pleno crecimiento y que sirve de trampolín para la mayoría de ellos), no solo le permitió comprender e interpretar mejor el fútbol alemán, sino mostrarnos sus cualidades. Primero entendimos que su posición más habitual era la de mediocentro, pues su capacidad de pelea, desarrollo físico, velocidad, explosividad y buen disparo desde media distancia, le servían para ser un perfecto escudero medular. Un perfil que no le han permitido mostrar en Baviera, donde salvo alguna excepción, su lugar estaba prediseñado para el carril izquierdo. A su regreso al Allianz Arena, unos meses de re-adaptación y un par de apariciones como suplente, le dieron el empaque definitivo para liberarse y mostrar todas aquellas cualidades que ganaban sus propias ‘batallas’ musicales. Sus rimas fueron convenciendo, sus ritmos se hicieron cada vez más pegadizos y sus brazos jamás volvieron a ser rebajados por un rival. Hoy, es titular fijo, la gran atracción de pasado curso e incluso el encargado de la responsabilidad de los penaltis. Un líder juvenil que lucha por ser el mejor carrilero zurdo del mundo con su singular origen, su exclusiva ambición y sus rimas de alto voltaje. Un número uno de las pistas de toda Europa…

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