Histórico
14 abril 2014Francisco Ortí

Barcelona: El fútbol no responde

Durante estos días resulta complicado escuchar buenas noticias en el Barcelona. Es prácticamente imposible. Tal vez, el origen de los males se remonte a años anteriores, pero ha sido en 2014 cuando todos han comenzado a amontonarse casi al unísono contra el conjunto azulgrana. Un incesante goteo de castigos que maltrata al club sin darle apenas tiempo de recuperarse del golpe anterior. Primero llegaron las sospechas de que algo se había hecho mal en el fichaje en Neymar. Algo que más tarde se confirmaría como cierto. Luego la sanción de la FIFA por traspasos ilegales de jugadores menores de edad. Sin tiempo de digerir el trastazo institucional aparecerían los deportivos en forma de dolorosas derrotas. La caída en el Vicente Calderón apeaba a los culés de la Copa de Europa. El desastre de Granada, le deja prácticamente sin opciones en la lucha por la Liga BBVA. Todo ello en menos de una semana y con la final de la Copa del Rey en el horizonte.

En definitiva, ni rastro de las buenas noticias de las etapas anteriores, cuando el Barcelona observaba el universo futbolístico desde un púlpito que se había ganado por méritos propios. El Barcelona era el equipo más poderoso del mundo. La suerte le sonreía del mismo modo que él hacía sonreír a los aficionados imparciales con su juego. Algo ha cambiado y el barcelonismo se pregunta el qué. Se buscan culpables. Se apunta al banquillo. Se acusa a Tata Martino de haber mancillado la herencia de Pep Guardiola y Tito Vilanova. Se sospecha que los jugadores han perdido el hambre por ganar, que algunos están mayores, o que Lionel Messi tiene la cabeza puesta en el Mundial de Brasil. Se señala a los despachos, donde los directivos no habrían estado a la altura de lo que exige la entidad o Andoni Zubizarreta no habría acertado con los fichajes. No faltan candidatos a culpables de la decadencia. Tal vez sea alguno de ellos o un poco todos y cada uno de ellos. O, tal vez, la explicación sea más sencilla que todo eso.

Primero llegó el Caso Neymar. Luego la sanción de la FIFA por los traspasos ilegales de jugadores menores de edad y, más tarde, las derrotas ante Atlético y Granada que alejan al Barcelona de la Copa de Europa y la Liga BBVA.

“El fútbol te devuelve lo que le das”. Ese lema resumía los años dorados del Barcelona con Pep Guardiola en el banquillo. Los jugadores lo esgrimían para argumento para justificar sus éxitos e incluso se imprimió el mensaje en algunas camisetas durante la celebración de títulos. La consigna que entonces se consideraba positiva, ahora puede haberse vuelto contra el Barcelona. Y es que hace tiempo que el conjunto azulgrana no ofrece algo nuevo al fútbol. Deportivamente, el Barcelona se ha quedado anclado en un estilo que no logra renovar pese a los cambios de dirección en el banquillo. Un estilo que dio la gloria al club al tiempo que enamorado a los seguidores de medio mundo, pero que ahora es previsible para los rivales. En los despachos, la situación es todavía peor. Sandro Rosell hizo bueno a Joan Laporta y su gestión continúa contaminando la del inamovible Josep María Bartomeu. La integridad del club (de su directiva actual, para ser justos) ha quedado en entredicho por el ‘caso Neymar’ y los traspasos ilegales de jugadores menores de edad. La ‘defensa’ -si es que se le puede llamar así- de Bartomeu asumiendo haber infringido las normas pero al mismo tiempo legitimando sus acciones representa la personificación del prepotente caos que domina el club.

Haciendo bueno el lema “el fútbol te devuelve lo que le das”, el Barcelona está pagando sus males. El fútbol le está castigando por ello. La justicia le multa por el Caso Neymar. La FIFA le sanciona con un año sin poder fichar por los traspasos ilegales de jugadores menores. Y el fútbol le castiga con derrotas. Con una realidad alejada a la que había vivido el club durante el último lustro. El Barcelona se ha convertido en un equipo en decadencia que se marchita para encontrarse en un punto de no retorno en el que semana tras semana se baten registros negativos para lo que no existen precedentes posteriores a la llegada de Guardiola. La derrota ante el Granada, por ejemplo, supone una racha de dos partidos perdidos de manera consecutiva sin haber logrado marcar en ninguno de los dos. Para encontrar un dato similar hay que remontar hasta muy atrás (en la fase inicial de la primera temporada de Guardiola) , lo que demuestra que el Barcelona está desandando el virtuoso camino que recorrió durante temporadas anteriores.

“El fútbol te devuelve lo que le das” era el lema que resumía los años dorados del Barcelona con Pep Guardiola en el banquillo y ahora se ha vuelto contra ellos.

Pero ese no es el único dato que revela el bajón de este Barcelona. El mal momento de Lionel Messi queda reflejado en los kilómetros que recorrió en un partido decisivo como el del Vicente Calderón. Tan sólo 1,5 kilómetros más que su portero José Manuel Pinto. “No nos interesaba que Messi participara mucho“, justificaba injustificadamente Tata Martino tras el encuentro ante el Atlético de Madrid. La poca hambre del equipo se resumen en su incapacidad para remontar resultados adversos. De los últimos seis partidos que ha empezado recibiendo un gol ha perdido en cinco (Sevilla, Real Sociedad, Valladolid, Atlético y Granada) y ha empatado en uno (la ida contra el Atlético). El Barcelona se ha acostumbrado esta temporada a ir a remolque. Le ha sucedido en 16 de los 53 partidos disputados este año, y en el tramo decisivo del curso está siendo incapaz de subsanar sus errores iniciales. Los rivales necesitan muy poco para hacer gol y muy poco para defenderse. La inercia ganadora se ha estrellado contra defensas bien estudiadas que saben como cerrar los espacios a Messi y compañía.

Mientras tanto, Tata Martino es incapaz de encontrar soluciones puesto que tampoco ve errores. “No puedo reclamarle nada al equipo. No pudo ser. No hemos estado finos en la definición. Sólo nos faltaron los goles. Tuvimos muchas ocasiones, pero lamentablemente no hemos marcado“, explicó el técnico argentino en la rueda de prensa posterior a la derrota en Los Cármenes. Achaca la derrota a la mala suerte y, como mucho, acepta falta de definición. No existe autocrítica ante la quinta derrota en Liga, una cifra que no alcanzaba desde la temporada 2008-2009. Con este escenario problemático, el Barcelona afronta otro momento decisivo, la final de la Copa del Rey contra el Real Madrid. Ganar no solucionaría nada, pero perder sería fatídico. En cualquier caso, suceda lo que suceda en Mestalla, el Barcelona debe plantearse una regeneración deportiva e institucional. Recuperar los valores para que volver a hacer sonreír al fútbol, y que el fútbol le haga sonreír a él.

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