Histórico
1 abril 2014Fran Alameda

Barça-Atlético: Martino, verbo irregular

Martino - Barcelona

El miedo es una circunstancia habitual en la vida, un mecanismo pesimista cuyo destino es afrontar situaciones descontroladas, una alerta acerca de las deficiencias propias, una conquista del enemigo –incluso si éste es uno mismo–, una reacción injustificada a través de la inseguridad personal, una vida malvivida, una vida desarmada por el dictado de la realidad cambiante y nunca devastadora, una incertidumbre. El miedo es la vida por venir. Y la valentía, que no la osadía, es precisamente lo contrario: la vida por ir.

El Barça es un equipo al que se le juega fácil. El planteamiento se repite y cambian no mucho más que algunos matices. Se le niega el centro para conceder la banda, justo donde se atora el juego de posición si no imanta la defensa del rival al balón, si no, es decir, consigue tender la trampa. El fútbol es un camino de idas y vueltas hacia donde sea y la diferencia entre un equipo bueno y otro peor es que reinen coherencia y unidad, principios que mi profesora me explicó en diseño. Al final, los equipos de fútbol son, por la superficie, lo contrario a los periódicos: cuánto más claro tengan qué quieren ser, mejores serán.

Tal y como para andar uno debe saber los zapatos que lleva; para jugar al fútbol, además de los zapatos en sentido literal, claro, uno debe conocer los jugadores que atesora. Tener la posesión con jugadores que tienen al balón por enemigo puede ocasionar consecuencias catastróficas de la misma manera que jugar a la carrera teniendo jugadores lentos, puede ser la condena que (siempre, siempre) hunda a cualquier alarde técnico. Es la incoherencia, el signo evidente de debilidad e incapacidad: primero se deja de creer y luego se demuestra no poder. Porque el arte (como el fútbol), venía a decir Balzac, se tiene primero en la mente y luego en las piernas.

Tata Martino es un entrenador capaz, pero ha intentado quedar bien con todos los entornos: cambiar siendo el mismo y ser el mismo cambiando, todo un fenómeno incoherente

A Gerardo Martino se le ha criticado justa pero vengativamente por el sector guardiolista, perfil de la excelencia y la excepción; se le ha criticado desde el sector rosellista (las dos barcelonas, como las españas). Se le ha pedido ser Pep y ser plan B, ser excelente y excepción, escisión y unión. Verbo, sustantivo, sujeto y predicado, todo en uno, como el famoso aforismo de Groucho Marx sobre los valores.

Lo único que cabe en el debe del entrenador argentino es un nivel que vaya más allá del primitivo de coherencia, una suerte de sabiduría para diferenciar el saber del sabor del pueblo, a los que hay que preguntarle por el gusto, pero no por la receta. La exigencia mínima para cambiar cambiando y no cambiar continuando. O sea, que distinga y reconozca que teniendo chanclas solo puede ir a la playa y no tantas veces a la montaña.

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