Histórico
26 marzo 2014Fran Alameda

Parma: Cassano, mártir como Flaubert

Parma - Cassano

Pertenecer a la élite requiere de una tenacidad fuera de lo común cuanto más común sea lo que se haga. Escribía hace poco Jorge Bustos sobre Flaubert, mártir y diamante de la prosa francesa del XIX, que el escritor fue sugerido de cambiar una analogía por injusta con el contexto y acabó emborronando veinte folios durante toda la noche para acabar admitiendo que ninguna otra analogía le sugería la musicalidad precisa para poder colocarla. El alter ego de Flaubert (nada que ver, por cierto, con aquel jugador espachurrado al banquillo por Juande Ramos) podría, quizá, llamarse Cristiano Ronaldo, reconocido conquistador de estadios no tanto por su cosa innata como sí por su orfebrería de trabajo diario.

En las antípodas de lo hacendoso están los talentosos, tan a menudo vagos como amantes de varias cosas y las cosas varias. Julio Camba, sin ir más lejos, escribía elogios a la pereza que acababan convenciendo a uno de que aquello había que practicarlo como perfecto sinónimo de conservación eterna, como si ser perezoso fuese tamaña bondad y no un defecto ante iguales. El fútbol, como cualquier arte que ha ido profesionalizándose desde la mayor inexistencia, acumula sesiones de trabajo específico y programado, persiguiendo la perfecta sinergia entre lo táctico, lo técnico y lo físico, de tal modo que está pasando desde Baudelaire o Flaubert, dejando hueco para los matices entre ambos. O sea, desde Messi a Cristiano, con lo que uno tiene de instinto y batín de casa (Messi es un perro) y el otro de fe y mono azul (reluciente, cómo no).

12 goles, 5 asistencias y un impulso de creatividad interminable para situar al Parma en cotas que hace décadas no sentía

Entre lo animal y lo cartesiano, aparece esa estirpe de mediocridad fingida que son los que no han llevado ninguna de las concepciones a la excelencia laboral, sino que se han quedado en un completo modo de vida. Entre las brillantes medianías de la élite (perdonen la doble antítesis) hay un tipo especial al que llaman Talentino como si fuese hijo de la transición (ahora tan de moda) del fútbol, de la picardía y el regate más, del pase entre paredes por erosionar. Y de la pereza. Antonio Cassano juega ese fútbol que parece concebido para el espectador neutral, donde el pragmatismo es enemigo íntimo del pecado original de la cofradía de la intermitencia, que prefiere la jugada al juego y el espectáculo a lo sublime.

Su temporada con el Parma ha obligado a Prandelli a pensar sobre lo pensado, a rectificar sobre la certeza, que es como se presentan y se marchan los pequeños genios medianos, de manera inesperada. Doce goles, cinco asistencias y lo que no se palpa de las estadísticas, que es la manera con la que Cassano asume desafíos. Tal y como hacer grande a un pequeño es un reto, hacer gigante a un grande es una obligación. Y ya saben ustedes que las obligaciones, las ataduras y lo esperado no era vida, según Baudelaire. En el fútbol alguien se tendría que sacrificar por los demás, porque al contrario de lo que dice Bustos sobre Flaubert, al fútbol lo que le sobran son mártires.

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