Histórico
19 marzo 2014Fran Alameda

Manchester United: Una final de marzo

Manchester United

La lógica filosofía del partido a partido convierte cada uno en una final donde se entrega el físico y la mente a favor del equipo. Literalmente: sin dosificación alguna que permita respirar hasta que al árbitro pite. Ya lo harán por uno, a la siguiente, los compañeros en esa estrategia mosquetera de Todos para uno y uno para todos, principio básico de cualquier colectivo. Retórica cholista al margen hay partidos que devienen en la temporada antes de tiempo y a destiempo, de manera inesperada como si el fútbol dijera hoy o nunca, del mismo y preocupante modo que una mujer dice (ahora escribe): “Tenemos que hablar”.

Una final no es solo el último partido, sino el que puede serlo. O el que puede serlo antes de entrar en un agujero negro del que ni la vuelta de Ferguson aseguraría una transición en paz. El Manchester United es un equipo calmado, de los que no generan vuelo ni revuelo, sino que se ha acostumbrado a la singular idea de los proyectos a largo plazo, de tal modo que no parece exigir sino derrotas de cuando en cuando para acabar apreciando la victoria. Esta es una idea bastante gandhiana del deporte. Se podría decir que incluso generosa o condescendiente con la competitividad, cosa en la que Moyes se ha mostrado experto: competir sin mucho más ni mucho menos; sin mucho más que un par de jugadas y sin mucho menos que la carencia de ideas.

Sin Mata, la idea futbolística de Moyes no pasa por mucho más que la hibridación, que es lo más parecido a una expresión sin gesto o un equipo sin alma

Futbolísticamente, el United es una expresión sin gesto, que viene a ser lo que un equipo sin idea o un equipo con síntomas evidentes de bipolaridad. La llegada de Mata y la influencia creciente de Carrick ha ido puliendo al equipo de Old Trafford hacia una pausa que, si bien previsible, ha dado frutos en cuanto a control del partido y balón, pero no en resultados ni brillantez. En Champions, donde Mata descansa por normativa, la vida se convierte en un abismo sin iniciativa, un equipo sin alma (siquiera improvisada).

Usar la posesión como medio para generar merecimientos se convierte en el concepto estrella de Tomás Moro, la Utopía, donde puede acabar decapitada la temporada del United si hoy Grecia, con su mística innata y su jugabilidad españolizada, acaba pasando de ronda. Y lo que es peor: imponiendo o avasallando con voluntad de estilo y juego. No en vano dijo Nietzsche en plena lucidez: “El gran estilo nace cuando lo bello obtiene la victoria sobre lo enorme”.

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