Histórico
16 marzo 2014Jose David López

Liverpool-Manchester United: El clásico de Inglaterra

La crisis financiera mundial de 1857, provocó que Estados Unidos iniciara una serie de reformas nacionales que enfrentaron al Norte (proteccionistas con su creciente industria) y al Sur (librecambista para seguir exportando algodón), desembocando en una Guerra de Secesión, culpable de paralizar la antigua relación comercial y financiera con el exterior. Inglaterra calculaba que el Sur sería un rápido triunfador y, recién creada la Cotton Supply Association destinada a lograr nuevas fuentes de algodón para reemplazar a las de Estados Unidos, aú dependían pese a todo de los cultivos sureños y su exportación. Pero aquellas previsiones británicas tuvieron graves consecuencias. Los puertos sureños se bloquearon, los ingleses se vieron obligados a dejar de importar algodón y, carentes de cultivos en su territorio, acabaron devastados con la crisis financiera “Overend, Gurney and Co”, destrozó el mercado bursátil.

Años después, con enormes cambios estructurales desde la base y en plena época industrial, el noroeste de Inglaterra con Liverpool y Manchester a la cabeza, inició una lucha por la supremacía del comercio del preciado algodón. Hasta ese instante, la construcción del ferrocarril histórico entre ambas, era un signo de la interdependencia de las ciudades. La primera había conseguido antes que nadie un poder mundial gracias a la actividad de su puerto y la segunda era la más valorada por la destreza de sus grandes industrias. La importación recalaba siempre en Liverpool y las materias primas salían y llegaban desde allí, para ser dirigidas a Manchester, lo que acabó haciéndoles reaccionar. A través de un proyecto audaz que fue por entonces la mayor construcción naval jamás levantada y con la principal intención de reducir los gastos de los comerciantes, los mancunianos edificaron el impresionante Manchester Ship Canal, por el que los barcos podrían transportar directamente sus materias hasta en Manchester. Los historiadores consideran este hecho, como el incidente clave que levantó rivalidad entre dos ciudades ‘vecinas’ y, por consiguiente, la hostilidad de sus clubes de fútbol, Liverpool y Manchester United.

La premisa más contundente que explicaría hoy la enemistad entre los dos ‘gigantes’ son los datos, pues entre ambos han ganado 118 títulos (60 United, 58 Liverpool). Un duelo histórico que uno de sus principales protagonistas en los últimos tiempos, el mítico Ryan Giggs, ha destacado por encima de cualquier otro pues “es una rivalidad insuperable llevaba al césped”. Desde el 25 de diciembre de 1906, fecha del primer duelo, las discrepancias futbolísticas se multiplicaron por el estilo de vida de dos urbes hermanadas desde la enemistad. 151 partidos, 58 victorias del United, 50 del Liverpool y 43 empates. Los Reds dominaron el fútbol inglés en los años 70-80 (donde lograron once campeonatos ingleses y cuatro Copas de Europa), mientras el Manchester United, hace lo propio desde los años 1990 hasta nuestros días (con doce Premier, un triplete en 1999 y dos copas de Europa). Igualdad extrema hasta el punto que el último campeonato nacional de los mancunianos, el del pasado año, fue doblemente especial porque con él, sumaban 19, superando ya en uno a los Reds de Anfield, donde esperan una Premier que nunca ha llegado desde su fundación en 1992.

Los sentimientos de rivalidad se contrastan fácilmente en el mercado de fichajes pues desde que Phil Chisnall pasara del Manchester United al Liverpool en 1964, ningún otro jugador ha vestido las dos camisetas en su carrera de manera consecutiva. Sólo tres privilegiados como Paul Ince, Peter Beardsley y Michael Owen, han osado defender dos sentimientos enfrentados en sólo 44 kilómetros de distancia (57 exactos entre Anfield y Old Trafford). Tan extraño es que los dos clubes intenten contratar a un jugador rival, que cuando en 2007 el Liverpool ofertó por Gabriel Heinze, el United se negó en rotundo y aseguró que jamás lo venderían allí, a pesar de que el argentino hizo pública su intención de haber aceptado la propuesta. Ahora el central es enemigo número uno y motivo de cánticos, pues estos siguen siendo las muestras cotidianas de sentimientos enfrentados entre ambas aficiones. Apenas existen disputas o vandalismo entre hinchadas, aunque con el auge de violencia en los años 70 y 80, sí dejaron pequeños conflictos. Lo peor que nos da dejado el Derbi inglés en las gradas han sido feroces ataques sonoros desde The Kop o Trafford acerca del desastre aéreo de Munich o la desgracia de Hillsborough.

Comprobado quedó que Alex Ferguson es uno de los personajes más odiados por los Reds, pues ha sido protagonista de un puñetazo en la final de Fa Cup del 96 cuando subía al palco a recoger el título (el mismo día que escupieron en la cara a Eric Cantona) o incluso de recibir el lanzamiento de huevo. No era el único objetivo el escocés, pues en un partido de Fa Cup en 2006, una ambulancia que transportaba a Alan Smith (lesionado de gravedad esa mañana), fue atacada en su camino al hospital por los aficionados rivales. Nada que no viéramos ese día, donde se apreciaban excrementos humanos en el vehículo. Los del United tampoco han quedado atrás en algunas ocasiones pues hace unos años, seis aficionados fueron expulsados del estadio por mostrar sus partes más reservadas a la afición enemiga. Muchos aseguran que esos ‘enfermos’ que usan el fútbol erróneamente para mostrar sus doctrinas sociales, han marchitado la relación últimamente y que debido a estos roces, se han multiplicado conflictos entre los ‘vandalos’ ocultos de ambos clubes.

Pero la rivalidad siempre se fraguó en el césped y existen ejemplos determinantes para explicarla desde ambas perspectivas. En 1977, en la Final FA Cup en Wembley, con el Liverpool buscando su ‘triplete’ en un curso mágico, un gol de Jimmy Greenhoff en la recta final, les impidió una ‘machada’ histórica. En el 83, en la Final de Carling, Bob Paisley, mito Red, dirigía su último choque para salir airoso ante su enemigo y en el 88, con una ventaja de once puntos, el Liverpool pensaba cantar un alirón anticipado que no iba a hacerse efectivo gracias a la gran tarde de Gordon Strachan. El estupendo 3-3 del 94 con Nigel Clough en faceta goleadora, la remontada devil en el regreso de Cantona tras su sanción disciplinaria o la Final copera de esa misma campaña definida en el tiempo límite tras un pase sublime de Beckham, rematado precisamente por el singular delantero francés.

Desde sus días de revolución algodonera, ambas ciudades han vuelto a crecer y encontraron el éxito independiente. Liverpool se adjudicó el título de Capital Europea de la Cultura en 2008 y Manchester fue sede de la Juegos de la Commonwealth en 2002. Pruebas evidentes de que, a pesar de su enemistad, han sabido fraguarse un futuro sin necesidad de depender de su ‘vecino’, ese al que este sábado volverán a tener enfrente para ajustar cuentas en el clásico de los clásicos en Inglaterra. Anfield pide la palabra.

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