Histórico
5 marzo 2014Andrés Cabrera Quintero

Italia: Contra viento y marea

italia 2Entre el sinfín de grandes encuentros, amistosos eso sí, que se disputan hoy, uno destaca por encima de todos. En el Vicente Calderón, España recibe a Italia, casi dos años después de aquella histórica final de la Eurocopa y sin cumplirse el año de los penaltis en la Confederaciones, vuelven a verse la cara dos viejos conocidos. Con vistas hacía el Mundial, serán dos de las grandes favoritas las que se enfrenten hoy, junto a Brasil, Argentina y Alemania. El morbo esta noche estará en el debut de Diego Costa con la selección española, ante un rival canchero como él. Italia es el paradigma de la brega. Una selección que siempre ha levantado la cabeza en momentos complicados, un equipo luchador pese a las adversidades. La azzurra lucha contra viento y marea.

La segunda selección con más copas del mundo nunca tuvo las cosas fáciles, pese a lo que pueda parecer. La mitad de sus entorchados mundiales los consiguió antes de la II Guerra Mundial. Era el año 1934 y por primera vez el Mundial llegaba a Europa. El anfitrión sería Italia, la cual estaba bajo el régimen fascista de Mussolini. Italia, pese a organizar la cita, tuvo que disputar una previa ante Grecia. Tras el 4-0 en Italia, los helenos se negaron a jugar la vuelta. Se dice que Il Duce sobornó a la federación griega para que la vuelta no se jugara. Ya en el Mundial, Italia estaba obligada a vencer, literalmente. Mussolini sabía del poder del fútbol como propaganda y manifestó desde el primer momento esta imposición del triunfo al seleccionador de la Nazionale, Vittorio Pozzo. Italia fue pasando fases y en semifinales bajo la sombra de la sospecha eliminó al Wunderteam austriaco de Sindelar. En la final en Roma, Italia llegó al descanso empatando a cero con Checoslovaquia, cuando un mensaje de Mussolini llegó a la caseta italiana. “Señor Pozzo, usted es el responsable del éxito, que Dios le ayude si llega a fracasar”. Italia ganó aunque con más apuros de los esperados. La victoria en la prórroga fue agónica, 2-1 para la Nazionale y la Copa Jules Rimet se quedaba en casa.

Cuatro años después, el organizador del torneo sería Francia, y nuevamente Mussolini dejó las cosas claras. En la despedida a los jugadores en Venecia, mientras estos portaban vestimentas paramilitares, les insistió en la importancia de la victoria para la ideología fascista. La selección de Pozzo, ya había sufrido presión en casa, ante su público y Checoslovaquia estuvo a punto de chafarles, pero no tenía parangón con lo complicado que sería alzar una nueva copa en tierra hostil. Hasta la fecha los dos mundiales que se habían disputado los había ganado el equipo anfitrión. Lo de Italia sería una proeza. En primera ronda la azzurra con su juego resultadista dio cuenta de Noruega. En cuartos llegaría la anfitriona, Francia, duelo complejo en París, donde destacó una de las estrellas de la Italia de la época Silvio Piola. En semifinales estaría en frente la Brasil de Leônidas (el goleador descalzo del campeonato), Italia de nuevo basándose en el resultadismo se metió en la final de la copa del mundo. El rival sería Hungría, que pese a no ser el gran equipo que sería después de la guerra, tenía un gran combinado. Poco antes de la final llegaría un telegrama desde Italia, a nombre de Mussolini que culminaba con el ya histórico, “Vencer o Morir”. Italia ganó, pero la presión a la que estaban sometidos bien pudo costarles más de un susto.

bearzot 2Habría que esperar mucho tiempo para que Italia volviera por la senda de la victoria. Si bien venció en la Eurocopa de 1968, no volvería a reinar mundialmente hasta España ’82. La selección transalpina llegaba al Mundial con muchas dudas, polémicas, y con el seleccionador puesto en entredicho. Bearzot había apostado en la delantera por Paolo Rossi un jugador que llegaba tras dos años en el dique seco. Su vinculación directa con la corrupción del Totonero, donde una serie de aficionados, árbitros y jugadores acordaron resultados para salir beneficiados económicamente, le apartó del calcio debido a una sanción ejemplar. Bearzot, pese a ello, decidió contar con el punta entonces de la Juventus. La corrupción de estas quinielas negras (significado literal de Totonero), había extrapolado a la selección. Bearzot estaba sometido a mucha presión. Italia volvió a reponerse de los factores externos, se centró en el fútbol. El discutido seleccionador volvió con la cabeza alta a Roma, Italia era tricampeona del mundo y Paolo Rossi había sido el máximo goleador del campeonato, siendo trascendental en las rondas finales. Nuevamente Italia se había repuesto a las adversidades.

Cuando en 2006 saltaba el Calciopoli, también conocido como Moggigate, la polémica estaba servida, pero no era nada nuevo en los entresijos de la Nazionale. El calcio ya había estado envuelto en muchos otros asuntos turbios, y siempre se había revuelto, aunque en esta ocasión uno de los grandes afectados era un coloso, la Juventus, que terminó siendo relegada a la Serie B. Mientras el fútbol italiano ardía, la selección se concentraba en Alemania. Italia, como siempre era una de las favoritas, pero se ponía en duda su capacidad de superación, cuando jugadores como Del Piero o Buffon podían jugar al año siguiente en Serie B (algo que al final hicieron). Italia sacó orgullo, Lippi exprimió a sus jugadores y tras llegar a semifinales con el único apuro de los octavos ante Australia, todo era posible. En frente estaba la anfitriona, Alemania. Nuevamente un equipo organizador se interponía en el camino de la Nazionale. El escenario no podía ser mejor, el Westfalenstadion de Dortmund. La igualdad se rompió de forma cardíaca en la prórroga. Italia era finalista del Mundial 12 años después de caer ante Brasil. El rival en esta ocasión, la Francia de Zidane, el cual sería protagonista en la final, como todos sabemos. Tras 120 minutos no hubo ganador y los penaltis dirimieron que Italia era campeona del mundo por cuarta vez. La azzurra lo había vuelto a hacer.

La situación actual parece más calmada por tierras transalpinas, pero ya nada puede asustar a una selección que se ha levantado ante los golpes del destino, que ha mirado de frente a las adversidades, y que ha luchado hasta el último aliento. Un último ejemplo en la Eurocopa pasada, un nuevo escándalo de apuestas significó la vuelta de Criscito a tierras italianas, y la enésima aureola de polémica antes de una cita importante. El equipo de Prandelli realizó un gran campeonato, pese a salir vapuleado en la final. Italia, tiene la fama de selección aburrida y tosca, pero la historia nos dice que sus características son otras. Luchadora, apasionada, constante y sobre todo, una selección que nunca se la pueda dar por muerta. Es por ello que siempre estará entre las favoritas para alzar cualquier campeonato que dispute. Ya sabemos, Italia lucha contra viento y marea.

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