Histórico
3 marzo 2014Fran Alameda

Bayern: La geometría de Guardiola

Sobre geometría no se ha escrito tanto como ésta ha hecho por las demás cuestiones de la vida. Cuando Guardiola viene a mi mente pienso en dos acciones o pensamientos que él ha transmitido públicamente: dibujar en su mente lo que va a pasar en el campo como si la realidad fuese un videojuego y la pasión. Evidentemente, la pasión es algo intrínseco al éxito, una condición sinequanon para aquellos que deciden ser los mejores. La primera, el dibujo mental del campo, corresponde a la geometría de su pasión, al raciocinio fundamental que necesita el fútbol para combatir su fuerte componente e irracional.

El elogio a Guardiola se fundamenta a partir su inteligencia y se muestra en el trabajo demostrado. En junio amontonó centrocampistas en el Bayern, que no terminó de asimilar las complejas ideas de Pep; especialmente pausado para la potencia alemana y aparentemente desordenado para el país donde el caos supone la perdición. Pep apostó a una introducción de conceptos ralentizada, donde el juego de posición (la vieja y lúcida posesión 74) sería la esencia, pero habría momentos para saltarse dos pases y llegar al área con cierto riesgo. La suma de puntos le dio el colchón holgado para experimentar. Ahora van 20 de ventaja al segundo, el Dortmund, que no soportó las lesiones y ganar sin funcionar. 

El elogio a Guardiola se fundamenta a partir su inteligencia y se muestra en el trabajo demostrado. Apostó a una introducción de conceptos ralentizada.

No hay milagro en la conexión Guardiola-Münich, sino profesionalismo, un profesionalismo exacerbado hasta en Alemania (también exagerado por algunos aduladores de la palmada en la espalda). El Bayern parece un ciclón edificado sobre una figura geométricamente inexacta que arrasa rivales a base de pase rítmico, de muchos toques consecutivos, pero pocos del mismo. Contra el Schalke, el sábado (5-1), el Bayern completó la mejor primera parte del año futbolístico en Europa. Treinta minutos de dominio absoluto del rival a partir del balón. Diez jugadores en campo contrario y permuta constante. De pronto Alaba, lateral, era mediapunta, permitiéndose alegrías planeadas, como Götze venía a oler el balón junto a Kroos. El dibujo era perfecto.

En los últimos diez partidos, el Bayern ha sumado pleno en victorias, 36 goles a favor, 3 en contra y la abundante asimilación del modelo de juego. Contra el Schalke experimentó el paso definitivo –si bien contra un rival aturdido desde el planteamiento– y durante los primeros 45’ parecía haber intentado el partido perfecto para Socrates, no el filósofo, sino el jugador brasileño (“Mi partido perfecto sería que nadie errase un pase”). A la maquinaria de Guardiola solo le falta la continuidad, que es la forma en la que se presentan las victorias seguras y las sensaciones de solemnidad y seguridad del poderoso. Al tiempo.

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