Histórico
11 marzo 2014Jose David López

Bayern: Holger Badstuber, un contrato con la vida

El concepto de economía alemana es alentador para todos sus ciudadanos e inalcanzable para los foráneos. Solidez, crecimiento, progresión y mensajes continuos sobre cómo sacar la cabeza del pozo al resto de ‘vecinos’ europeos. Su estatus se lo permite, su suficiencia también. Pero globalizar términos monetarios a veces induce a error y como todas las piedras no son oro, Memmingen era la excepción. El pequeño pueblo de Baviera, con apenas 40.000, estructuró un presupuesto para movilizar el comercio, el turismo y las industrias locales hasta el punto de haber conseguido en los últimos años un cambio drástico que le hace ser referente. Aunque sus habitantes, solidarios como nadie en todo el país, no olvidan los días grises de su pasado no tan lejano, cuando muchos subsistieron por las ayudas de las comunidades y fundaciones de caridad. Una de ellas, responde al nombre de uno de los ídolos del pueblo, Holger Badstuber.

Quizás porque su infancia conoció de cerca los problemas para alcanzar el final de cada mes entre estrecheces financieras, el padre de los Badstuber (Holger tiene un hermano) quiso hacerles ver las dificultades para que aprendieran a manejarse. Les llevaba cada sábado a comedores sociales, les portada el mandil para que echaran una mano a los más necesitados y al terminar la jornada, les invitaba a cenar. No a cualquier sitio, sino al bar más afamado de la zona, donde desde pequeño, el padre había disfrutado con las peripecias de los cracks de la Bundesliga. Al día siguiente, domingo, arrancaba su coche temprano para desplazar a los dos hermanos a sus respectivos partidos de fútbol. Una dedicación máxima, consistente y de apoyo. Una dualidad, un contraste semanal, que cuajó en la humildad de los adolescentes y que les mantuvo en alerta para luchar por sus metas sin tapujos ni limitaciones. Holger fue el más aventajado, destacaba en las inferiores del Bayern y su padre disfrutaba con las andanzas de su pequeño ídolo. Un cáncer rompió esa unión apenas tres meses antes de que se cumpliera el sueño, el de un contrato profesional que desembocó en titularidad bávara y en la mismísima selección alemana. El reto de Holger, el afán de su padre, había alcanzado la primera meta.

Dicen sus compañeros de generación que en su taquilla en el Allianz, el comodín defensivo del Bayern aún guarda cuidadosamente un diploma fotocopiado con la firma de aquél contrato. Una rúbrica, un escudo y un papel que, pese al paso del tiempo, unifica todas las enseñanzas aprendidas durante su juventud. Aquellas que lo fueron convenciendo del esfuerzo y desgaste del día a día en pro de la búsqueda de sueños por cumplir. Una muestra del enorme cariño que representaba la figura paterna en las decisiones del joven central-lateral bávaro. Su carrera acaba de iniciarse pero la tranquilidad familiar está salvaguardada dentro y fuera del césped. Porque Badstuber no solo es un central joven de enorme proyección y futuro, sino que para Louis Van Gaal (entrenador que le hizo debutar y le sacó del ostracismo de la cantera muniquesa), es “el mejor central zurdo del fútbol alemán y uno de los próximos referentes en todo el continente”.

Frío, distante por momentos y hasta tímido, la experiencia está dejando ver lo que el técnico holandés intuyó hace tres años al cargarle de responsabilidad en una zaga que hacía aguas y buscaba soluciones urgentes. Tiene una gran salida de balón gracias a su formidable desplazamiento en largo, es un seguro de vida en el juego aéreo y su capacidad para alternar su rol como central para ser lateral izquierdo (posición en la que debutó en sus primeras tardes de Bundesliga), le hace aún más completo. Es fijo en los planes de Jupp Heynckes como lo será cuando el banco muniqués cambie de dueño, pero también para Joachim Low, que no dudó ni un instante en aprovechar para su renovada generación alemana al zaguero que escondían los reservas del Bayern. Tanto, que pese a no haber llegado aún a la mítica cifra de los 100 partidos en el primer nivel, antes de esta Eurocopa nadie discutía su aplomo y solvencia para ser líder de la zaga junto a su ex compañero Matt Hummels (con el que se crio en la cantera sureña pese a ser ahora jugador del Borussia Dortmund).

Pero la verdadera doctrina del padre de los Badstuber, era saber diferenciar los polos opuestos. No sólo conformarse con el brillo de una vida exitosa después de haber peleado por los sueños, sino ofrecer al resto la opción a poder cumplir los suyos. Por ello, aquellos fines de semana tienen su gran repercusión lejos del césped, porque Holger, como deseaba su familia, abrió su propia escuela deportiva-social para niños discapacitados (el link lleva a un video que refleja esta labor) donde cuando el fútbol se lo permite, acude a ofrecer ayuda voluntaria. El final del círculo, la cara oculta de aquellas doctrinas, el fin del trayecto para un sueño con forma de contrato futbolístico pero una obligación en la sombra que por fin ha logrado completar. Un contrato con la vida que ahora, gavemente lesionado en el ligamento curzado de la rodilla desde diciembre 2012 (ha recaído en dos ocasiones y ha sido operado hasta en 4 ocasiones en dos años), recupera su raíz más identificativa con la promesa de regresar para levantar los títulos de ‘su’ Bayern a final de campaña…

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