Histórico
26 febrero 2014Fran Alameda

Schalke: Huntelaar, el goleador comparado

Huntelaar - Schalke

Los resultados son habitualmente algo dañino, lejano, estadístico, frío. En palabras de Juanma Lillo, “son como los tangas: enseñan todo menos lo más importante”. Los goles son representaciones emocionales de los goles. Son el todo y la nada. El frío de un portero que sobrevive solo en la peligrosa jungla del área y el calor del delantero que noche tras noche se coloca al abrazo de la temperatura del gol. O el portero espartano que sostiene a su equipo desde su morada y el delantero al que le abandona el gol como a Sansón la fuerza. Al fin y al cabo, los goles, el resultado, suponen una relación tan virtual para con el juego como las de Joaquín Phoenix y Scarlett Johansson en ‘Her’.

Una comparación siempre es una distorsión voluntaria de la realidad, además de un juego metafórico o una llanura literaria. Las comparaciones, odiosas, nos presentan un elemento que pierde o gana respecto a otro. Entre jugadores hay una tendencia a la comparación como fenómeno de futuro. Esto es, la presentación de un hombre como futuro otro que aún vive, aún juega e incluso aún es promesa. “El nuevo Agüero”, se decía de Salvio cuando al Kun no se le diferenciaba del dibujo animado que le dio nombre. O el nuevo Messi se profetizó en 2007 de un tal Lucas Trecarichi que del Leganés fue al Sevilla cuando éste hacía canteranos en proporciones industriales para acabar en el paro después de pasar por la segunda griega, según me cuenta el bueno de Carlos Pérez.

Se le comparó primero Van Basten y luego Van Nistelrooy. A su fútbol le han faltado cantidad de matices, pero a sus goles solo el ‘Van’, el elemento común de los otros que él no cumple. 

La eclosión siempre más llamativa es la del hombre que permanece cerca del gol o de la jugada improvisada. Klaas-Jan Huntelaar vive pegado al área y nació al fútbol en Holanda, en una época en la que se sucedieron dos nueves que acabarían marcando su vida. Primero Van Basten y luego Van Nistelrooy. A su fútbol le han faltado cantidad de matices, pero a sus goles solo el ‘Van’, el elemento común de los otros que él no cumple. Sus números se parecían tanto que se terminó vendiendo a Huntelaar como un pasado en lugar de como un presente. Siquiera un futuro.

De su paso por Madrid no se recordará mucho más que una exhibición en Bilbao y un carácter con el que podría estar colgando de una cueva en Nerja o Grazalema dando frío a un cubito de hielo. Más allá de la temperatura, ha ido cerciorándose de su amistad con el gol. En su carrera, con el coitos interruptus de Madrid a cuestas, promedia 0’65 goles por partido. Teniendo en cuenta que el mejor Falcao promedió en el Atleti 0’76, es una cifra importante para un delantero que ha sido lo que iba a ser. El fútbol es así, que diría aquel; unas mechas valen más que dos recuperaciones y tres regates duplican el valor de cinco goles. Como el grito multiplica el valor del silencio y una Champions mutila lo demás. El fútbol, irreverente deporte de corta memoria positiva y larga memoria del fiasco.

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