Histórico
18 febrero 2014Jose David López

Malcolm Allison, fútbol y excesos citizens

La presidencia del Primer Banco del Golfo, ser miembro del Gabinete de los Emiratos Árabes Unidos, ministro de Asuntos Presidenciales y dueño de numerosas entidades en los países árabes, le sirvió a Mansour Bin Zayed Al Nayan para consagrarse como líder de la familia más adinerada del planeta (sólo sus cuentas bancarias conocidas suman 360.000 millones de euros). Este joven graduado en ciencias políticas en Estados Unidos, adquirió el Manchester City hace dos años por 260 millones de euros y culminó el amor por un deporte en el que deseaba adentrarse.

Todos en el entorno del club citizen le adoran, gustan sus formas recatadas (viste traje en lugar de su habitual zawb árabe) y ha asistido sin excentricidades a todos y cada uno de los homenajes que un club tan especial ofrece y recibe diariamente. Mansour, desde sus alegrías económicas, ha revolucionado el concepto futbolístico de la Premier, dotándola de un poder deportivo en aumento y de una proyección futbolística en progresión. Sin embargo, nunca será pionero en lo que a transformaciones se refiere porque el Manchester City se impulsó y renació gracias a un alocado teólogo de los 70. Explotó sus conocimientos tácticos, sus vacilaciones psicológicas y su amor por la pelota, ese que le enseñó el camino alternativo de lujuria, mujeres y sombreros Fedora. Este pasado 2010 se llevó al gran Malcolm Allison.

Un niño inglés nacido en Dartford al que no se le daban muy bien los estudios, tuvo que buscar en el fútbol la vía alternativa a una vida llena de altibajos y situaciones cómicas. No pasó el examen para entrar en una escuela privada pero la pelota, tras dejar pinitos en clubes modestos de la zona, le llevó al Charlton sin ser aún mayor de edad. No pudo afianzarse pero en seis años a la sombra donde apenas jugó dos partidos, aprendió a trabajar, a esforzarse para ser profesional y a entender que ese deporte se estaba convirtiendo en algo más que un divertimento. A los 24 años, sin salir de Londres, se marchó al West Ham, donde viviría seis temporadas más como central intocable en los planes Hammers. Allí, fue mentor del gran Bobby Moore (capitán de la selección inglesa campeona del mundo en el 66), que años más tarde, dijo que Allison le enseñó “todo” lo que él sabía. Y es que, ya por entonces, Big Mal, como es conocido, diseñaba tácticas y elaboraba planes defensivos para su propio técnico.

Ya actuando como mediocentro cono honores, su carrera se truncó por una tuberculosis que derivó en la extirpación de un pulmón y en la incapacidad para mantener su estado físico. Se vio obligado a alejarse del fútbol, pasó unos meses como vendedor de coches y se introdujo en varios negocios nocturnos. Todo lo que había ofrecido al mundo y al deporte rey se le avalanzó, llevandose por delante la actitud intachable mostrada hasta entonces. Como si de una rebeldía se tratara, dio un giro a su vida, logró convertirse en entrenador como siempre había deseado y creó un personaje en torno a su personalidad. Extendió sus ideas en equipos de universidades o semi-profesionales y fue por entonces cuando exigió que sus jugadores, aún con empleos alternativos al futbolístico, entrenaran diariamente (algo que nadie osó hasta su petición). En 1965 entró por vez primera al Manchester City, club donde iba a vivir sus mejores años y que iba a convertirle en un icono legendario.

Como asistente de su inseparable Joe Mercer (con problemas de salud y necesitado de un apoyo enérgico a su lado), revitalizaron al Manchester City y firmaron su época más gloriosa. Ganaron la liga inglesa, la FA Cup, la Carling Cup y la Recopa de Europa en apenas tres temporadas. Era el City de Eran los viejos buenos tiempos de Francis Lee, Summerbee y Colin Bell, explotados a las mil maravillas en la maquinaria perfecta del ‘Special One’ de la época, un adelantado a su tiempo, un innovador tanto en preparación como en psicología deportiva que, pese a todo, decidió convertir su imagen en la de un vividor.

Su versión más polémica, la más recordada y aquella que provocó comparaciones con los queridos intocables George Best o Brian Clough, ya había mostrado algunas peripecias. Durante una goleada al United en el clásico de Manchester, la bandera del equipo Devil ondeaba a media asta sin explicación previa pero, días después, él explicó que había pagado a unos hinchas para que reflejaran el poderío del City sobre su rival. Sus excentricidades se acumularon cuando fichó como entrenador del Crystal Palace. Decidido a ser un personaje del fútbol inglés, cambió los colores del club y exigió camiseta azul y roja tras 68 años de historia. Es más, incluso trastocó el sobrenombre del Palace, conocido hasta entonces como ‘Los Glaciares’, para convertirse en ‘Las Águilas’. Varios descensos le hicieron perder caché y regresó posteriormente al City como único técnico, sin Joe Mercer y con la misma actitud protagonista de siempre. Sin cortarse en sus decisiones, vendió a dos estrellas como Baines y Owen para fichar a Michael Robinson y Steve Daley (record de traspaso de la época y mayor fracaso recordado en la entidad). Allison acabó en la calle pero no sin antes dejar pasar la opción de increpar con fuertes vocablos verbales a su sucesor, John Bond: “Ha ensuciado mi nombre con sus insinuaciones sobre la vida privada de los entrenadores del fútbol. Mis dos esposas están molestas”, dijo irónicamente antes de marchar al Sporting de Lisboa, donde incluso logró un ‘doblete’ histórico.

Siempre con sombrero y cigarrillo en mano, fotografiado con modelos de primer orden y deseo nacional, Malcolm Allison decidió que la vida era suya y que su carácter recatado de niño no le había servido para lograr el éxito de su versión más polémica. Fue amante de Christine Keeler, bailarina que provocó un escándalo internacional por alternar cama con ministros ingleses y espías rusos por igual. Se fotografió con la ex estrella del cine porno Fiona Richmond en los vestuarios del Crystal Palace tras un entrenamiento donde el propio Terry Venables (jugador por entonces), confesó que se encerraron en el baño. Desde luego, su carácter volcánico le llevó a la bebida y en 2001 su hijo admitió el alcoholismo de su padre, con demencia varios años después y que nos abandonó en este 2010 recién finalizado. Se fue el gran revolucionador del fútbol inglés en los 60-70, el primer ídolo mediático del ahora millonario Manchester City.

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