Histórico
20 febrero 2014Jose David López

Champions: Los nombres de la jornada

Ibrahimovic - PSG

Europa no ofrece segundas oportunidades y los primeros duelos de octavos de final, lo han reflejado con mayor naturalidad y crueldad que nunca. Aquél que temió, fue castigado. Aquél que dudó, fue castigado. Aquél que no expuso, fue castigado. Cuatro eliminatorias de Champions, tres de ellas absolutamente encarriladas y otra con alternativas que deben liquidarse con lógica. Y en esas lecturas exitistas para unos y dramáticamente realistas para otros, cuatro nombres que representan todas y cada una de esas sensaciones. Desde un míster tan temeroso como aleccionado, a una estrella que brilla desde la cúspide de su carrera, pasando por una promesa que dejó de serlo para capitanear la nave más temible o

Manuel Pellegrini (Manchester City): El equipo que mayor desempeño financiero ha demostrado en mercado de fichajes y en materia de amplitud de tentáculos administrativos, apostó igualmente por seguir el camino en torno a una idea. No todo debía ser dinero, sino fabricar una filosofía que ampliara sus posibilidades reales de competir y mantener un sentido identificativo a largo plazo. Y parecía que Pellegrini era el ideal. Un entrenador rápidamente encasillado en un estilo de juego que a mostrado de vez en cuando como citizen pero que decidió olvidar en cuanto el rival le hizo sucumbir en un mar de dudas. Lejos de buscar amedrentar al rival, imaginó fisuras multiplicadas en diferentes aspectos y acabó por alinear un híbrido que naufragó en la nada. No solo fue derrotado casi de manera drástica para la eliminatoria, sino que las críticas estaban justificadas desde que dejas de ser quien supuestamente eres. Y son ya muchos aquellos que, en momentos de toma de decisiones, abanderan el miedo como posibilidad, sin reparar en sus propias cualidades. ¡Qué decepción, Manuel¡

Zlatan Ibrahimovic (PSG): Siempre se quedó en la orilla. Siempre le faltó un poco. Siempre dejó el pez vivo. El delantero sueco está, pese a años de enorme potencial y regularidad, en el mejor momento de su carrera. Motivado porque quizás por vez primera en su vida, siente que está en el lugar ideal para lograr la Champions que tanto añora y que no posee. Pero sobre todo, siendo además el líder que intimida, regala, disfruta y conmueve hasta el no va más con sus cifras. 10 goles en suelo europeo batiendo records y 19 en una Ligue 1 para la que están cerquísima de repetir éxito, son una muestra de su curso salvaje. El zurdazo de esta semana en el Bay Arena, demostrando una vez más gozar de infinidad de cualidades en cualquier escenario-necesidad, vuelve a ser la prueba de que su PSG va más en serio que nunca y que, quizás sí sea este 2014 cuando Zlatan deje de vivir en la orilla para ser la estrella más brillante.

Toni Kroos (Bayern): Hay numerosas teorías sobre sus problemas internos-personales con Pep Guardiola que motivan actualmente su no renovación, pero una única cuestión absolutamente real es la respuesta sobre el césped. Si en los últimos tiempos su aportación creció hasta ser determinante el pasado curso (pese a que se perdió por lesión el tramo final de campaña cuando el club conquistó todos los títulos), esta campaña su progresión se ha multiplicado aún más. Dominio de posesión, primera salida, capacidad de generar pases verticales, amplitud, apariciones en la frontal y un disparo mortal desde segunda línea que apuró y explotó en el Emirates. Pudo marcar nada más empezar el partido con la zurda, repitió poco después y acabó por conseguirlo en la reanudación con la diestra. Una amalgama de opciones con una única respuesta intensamente repetida: Toni quiere tener galones en el césped y en el vestuario. Y dudo que el Bayern no sepa valorarlo como debería…

Thibaut Courtois (Atlético Madrid): No hay partido sin que el portero belga logre mostrar, en un chispazo concreto, la capacidad que tiene para tranquilizar a su equipo en situaciones de máxima tensión. No fueron muchos los avisos del Milan en San Siro pero en la primera media hora, cuando más aparecieron los ataques rossoneri, se mostró tan rígido como sólido, siendo trascendental en un despeje tras disparo brutal de Kaká y, sobre todo, en un testarazo cerquísima de Poli al que respondió con una estirada acelerada y determinante. No tuvo muchísimo más que frenar, pero fueron esas acciones las que dieron fe y esperanza continua a su equipo. Sin ellas, el corazón rojiblanco hubiera encontrado una parálisis momentánea pero allí estaba Thibaut. Allí esta una vez más…

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