Histórico
5 febrero 2014Fran Alameda

Atlético: Diego Ribas, la virtud en la necesidad

Diego Ribas - Atlético

El otro día me senté delante del último FIFA y en el mercado de invierno me creí entrenador (de eso se trata cuando uno toma las riendas de cualquier videojuego deportivo: parafrasear a la realidad con deseos más o menos turbios y esquemas tan esperpénticos que ni Valle-Inclán). Observé las necesidades que yo entendía en mi equipo, aposentado sobre un 4-2-2-2 algo jemeziano en tanto en cuanto mi equipo llega mucho, marca poco y acaba perdiendo, aunque haga tantos merecimientos como Rajoy (porque otra cosa no, pero mérito tiene hasta en quedarse quieto).

En mis sesiones de videojuego me enfrento contra el Atlético de Madrid a menudo y me lo tomo como un partido en el que solo cabe ganar y en el que soy consciente (aunque nada esté más lejos de la realidad que un videojuego) de que tendré más posesión, pero acabaré perdiendo. Nada nuevo salvo el componente de realidad que uno le da. El Atlético de la vida real se parece tanto al del videojuego que pronto temo un 100% de posesión y acabar con gol en propia meta en homenaje al pase. Estas líneas no tendrían sentido sin el fichaje de Diego Ribas. Simeone manda a tal escala que pidió uno y le han traído a dos (Sosa y Diego) jugadores que resolvieran ese déficit de ataque posicional que tienen los equipos grandes. Para el Atleti es una gran señal: los rivales nunca le quieren atacar porque acabarán perdiendo, así que ceden el balón como si este fuese de plomo en lugar de cuero (o capas de algún material sintético).

Diego tiene un ritmo más y un talento de futbolista primitivo, un desorden consciente en el orden súper estricto que es el Atlético

Diego - AtleticoEl Atleti que sacó la cabeza y desnudó al Athletic de Bielsa, o sea, el que destapó el tarro de las victorias para achuchar hacia la puerta los complejos de otra vida de pupas, tenía cierta trampa: la novedad. Y Diego Ribas. El brasileño se notaba menos porque su equipo siempre tenía tiempo de transitar, que para el Atleti es ponerle el pasillo con la alfombra roja, las flores y la carne al fondo como a perros de Pavlov. Cuando corres todo es vértigo y superioridad si además de correr mucho, lo haces bien. Los días han ido pasando y el Atlético ha ido sumando posesión; que empíricamente no significa nada, pero simbólicamente es una señal de dominio cuando se puede llegar a pensar (y con razón) que el rival se quedaría parado si, como en waterpolo, se sacara yendo ambos equipos en busca del balón al centro del campo.

El Atleti de 2012 tenía dos baluartes además de Falcao: la novedad y Diego Ribas, que en el equipo de hoy podría ganar tantos partidos como el colombiano

Al mercado invernal de fichajes no se puede ir a hacer la compra del día porque acabas dejándote el sueldo mensual y comprando peras podridas y jamón de hacendado en el mejor de los casos. Simeone sabía que sus necesidades eran aumentar el ritmo y ganar talento para que la posesión no fuese un problema, sino un medio más para ganar. Diego es eso, el medio, la distinción entre el problema y la virtud. O sea, Diego es una necesidad cubierta con una brillante medicina. El sábado, antes de haberse sentado a comer en la capital, ya sabía que estaba en la convocatoria. Su impacto en el partido fue realmente un ejercicio de pasado (sin nostalgia): influyó, dinamizó y marcó. En realidad la sensación fue que seguía siendo 2012 y Diego simplemente había estado de merienda en Alemania, donde, al menos yo, no puedo más que imaginarlo recordando Madrid mientras recitaba en bucle a Alighieri (“no hay dolor más grande que acordarse del tiempo dichoso en la desgracia”) y suplicaba un par de victorias. Aunque solo fuese ganar para olvidar.

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