Histórico
21 febrero 2014El Enganche

Ancelotti superstar

Por Alberto Piñero (@pineroalberto), periodista cobertura diaria Real Madrid

Acaba de terminar el entrenamiento del Real Madrid y, con el mismo chándal que ha seguido la sesión de sus pupilos, Carlo Ancelotti se adentra en la sala de prensa de la Ciudad Deportiva de Valdebebas. No hay cámaras ni grabadoras, pero sí cerca de una treintena de periodistas sentados en círculo esperando al técnico madridista. Una escena que podría aterrorizar al deportista profesional más preparado, pero no al entrenador italiano. Con su metro ochenta de altura y su fornido físico otrora de futbolista profesional, Carletto se recuesta en su silla, con las piernas abiertas y los brazos despegados del torso, en una clara postura relajada, y empieza a hablar. “Bienvenidos a todos. Os quería invitar a vosotros a ver un entrenamiento entero porque al final llevamos más de media temporada y sólo habéis podido ver rondos y nada más…”, explica el técnico merengue.

Y seguidamente comienza a hablar de fútbol, de entrenamientos, de sus métodos y de su planning… Sin medir cada palabra que salía de su boca siquiera. Todo un máster desde su experimentada y privilegiada perspectiva para un selecto grupo de periodistas que viven del deporte rey, pero desde un tercer plano, apartados del césped por esa moderna tendencia de encapsular el fútbol y sus futbolistas. Hacía mucho tiempo que un entrenador del Real Madrid no se dirigía a un grupo de periodistas en semejantes circunstancias. No ya por la forma de este tipo de encuentros, sino por el fondo, por la sinceridad y la franqueza con la que Carlo Ancelotti habló de fútbol. Y de todo lo que le preguntaban. Una cercanía embriagadora, y una naturalidad magnética, a la que poco a poco fueron enganchándose todos y cada uno de los allí presentes. 

Con su metro ochenta de altura y su fornido físico otrora de futbolista profesional, Carletto se recuesta en su silla, con las piernas abiertas y los brazos despegados del torso, en una clara postura relajada, y empieza a hablar sin ni siquiera medir sus palabras…

Decían de Ancelotti que era un especialista en la gestión del vestuario y en el trato con los jugadores. Máxima que ratifican sus jugadores del Real Madrid tanto en público como en privado. Y no es de extrañar. Carletto destila la misma atracción de la vecina de al lado, ésa que puede no ser la más exuberante, pero su proximidad y su cercanía la hacen irremediablemente encantadora. Y al técnico, que llegó del PSG este pasado verano recibido con todas las reservas del mundo, le está sucediendo igual: que poco a poco con el paso del tiempo va enganchando a cuantos se cruzan en su camino. A los que le conocen de cerca -ya sean empleados, directivos o jugadores del club-, o a los que le conocen de verle por la televisión. Pues con el equipo líder de la Liga, en la final de la Copa del Rey, y con la segunda mejor racha de partidos invicto de la Historia del club, ahora parece ya unánime el apoyo a la causa del de Reggiolo, así como a sus métodos y su filosofía.

“Hay que tratar al jugador de igual a igual. No ser un sargento de hierro, ni tampoco quedar por encima de ellos. Tiene que ser una relación de respeto. No vale de nada imponer las cosas porque sí, porque eres el entrenador”, explicaba Carlo al selecto grupo de periodistas, al que también les reconoció que quizás se equivocara con su planteamiento en el Clásico de Liga. No le importó tampoco reconocer que prefiere una relación más fluida con los medios, con entrenamientos a puerta abierta, de la misma manera que tampoco le importó recular hasta dos veces para contestar las dudas que seguíamos teniendo los periodistas pese a su necesidad de finalizar el encuentro. Y el que dice y hace eso no es un cualquiera, sino un profesional que ha ganado cuatro Champions League, que ha participado de un equipo que marcó un antes y un después en la historia del fútbol como el Milan de Arrigo Sacchi, o que ha ganado títulos en Italia, Inglaterra y Francia como entrenador. Pero nunca se le oye proyectar su currículum en público, al contrario. Es una superestrella, pero más cauta y discreta que ninguna.

“Hay que tratar al jugador de igual a igual. No ser un sargento de hierro, ni tampoco quedar por encima de ellos. Tiene que ser una relación de respeto. No vale de nada imponer las cosas porque sí, porque eres el entrenador” – Carlo Ancelotti

“Llego a Valdebebas a las 09:30 de la mañana. Podría llegar antes, pero es que me gusta mucho dormir”, asumía Ancelotti entre risas a los periodistas. Para poco después reconocer que trata de tener una vida lo más normal posible. Algún miércoles va al cine, desvela, y se le ha visto pasear por el Parque del Retiro. “La gente me para y me apoya mucho”, dice no sin cierta sorpresa, quizás conocedor del gran apoyo que tenía en las calles su antecesor, y sabedor de que en este club son los títulos los que miden el cariño real de la afición. Algo que, por otra parte, tampoco parece perturbar al entrenador del Real Madrid, que habla de la presión que tiene que soportar con el mismo rictus templado con el que trata la alimentación de sus jugadores.

“Milan y Real Madrid son clubes grandes, con una historia detrás impresionante. Pero la presión siempre es igual. En el PSG por ejemplo, la presión más grande venía del presidente… La presión puede ser de tres tipos: de los medios/afición, de tu propio presidente, y de los jugadores. Y con diferencia, la peor es la de los jugadores, cuando quieren jugar y te piden jugar. Y aquí en Madrid no he tenido de esa siquiera, y hablo con el presidente casi todos los días”, explica un Ancelotti que rezuma fútbol por todos los poros. Fútbol clásico, fútbol moderno, fútbol del bueno, fútbol puro.  Un hombre de fútbol, en definitiva, sin artificios, sin complejos y sin aditivos.

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