Histórico
31 enero 2014Jose David López

¿Qué jugador fue traspasado por 75 kilos de camarones?

Kenneth Kristensen

Si usamos la terminología marina, probablemente solo los eruditos comprenderían lo que es un infra-orden de crustáceo decápodo. Empezaríamos a dar pistas sobre su pequeña longitud (de 3 a 30 cm), sus minúsculas patas, la cola prolongada respecto al tronco y su naturaleza transparente, pero probablemente, la mejor de las opciones sería llevarlo a la boca. El paladar no engaña y ese diminuto manjar, rápidamente nos desvelaría su nombre: camarón. Los hemos probado naturales, con sal, en tortilla frita y acompañados de todo tipo de pescados, pero no sólo es habitual disfrutarlo en España, sino en diferentes lugares de Europa.

Uno de los grandes consumidores mundiales de estos carídeos es Noruega, donde su industria pesquera se ha visto afectada por el cambio climático, que llevaría a la interrupción del ciclo de vida de los crustáceos. Lo que más temen es que cualquier daño a las reservas de camarones del norte -una variedad pequeña y de sabor dulce popular en las ensaladas- podría tener repercusiones en la cadena alimenticia oceánica. Los científicos descubrieron que los crustáceos, que viven desde el Golfo de Maine hasta las aguas árticas del norte de Noruega, sincronizan su apareamiento de acuerdo a las temperaturas de las aguas en el lecho marino donde viven los adultos. Las aguas más cálidas podrían interrumpir esa sincronización y poner en peligro a tan delicioso animal. Tal valor tiene en suelo escandinavo el camarón, que son capaces de degustarlo a cualquier precio. Incluso, como moneda de cambio para un traspaso futbolístico.

En septiembre de 2002, el Vindbjart, un modesto equipo del este de Noruega que milita actualmente en el tercer nivel del fútbol nacional, disfrutaba de uno de los jugadores más interesantes que han sido capaces de crear en su humilde cantera. El delantero Kenneth Kristensen, se había convertido en uno de los goleadores más prolíficos de esas catacumbas del fútbol noruego, llamando la atención de clubes con mayor capacidad que podrían ayudarlo a seguir progresando. El más interesado de todos ellos fue el Floey, de la pequeña ciudad de Kristiansand, pero con más recursos para actuar como trampolín en su carrera. El problema surgió cuando, tras varias reuniones, no se llegaba a un acuerdo, por lo que la solución iba a llegar desde el mar.

“Kenneth estaba ilusionado con la idea de fichar por el Floey y no queríamos causarle problemas. Tenía aún contrato con nosotros y había que pedir alguna compensación”, explicó el presidente del Vindbjart, Vidar Ulstein. “No hay problemas, tenemos suficientes alternativas todavía”, recalcó el presidente del Floey, Rolf Guttormsen. A la tercera reunión, celebrada en Kristiansand, el Vindbjart trajo una balanza al estadio del Floey, para medir el peso exacto del delantero. Aquello, iba a marcar un momento clave en tan peculiar negociación, porque nadie sabía qué representaba aquella balanza en el vestuario.

Días más tarde, el diario local Faedrelandsvennen confirmó que Floey y Vindbjart ya tenían trato y que este, iba a ser uno de los más singulares traspasos jamás contemplados en el fútbol mundial. El killer acabó cambiando de club y su ‘costoso’ traspaso se basó en su peso. Se subió a la báscula, alcanzó los 75 kilos y esa cifra quedó apuntada a la perfección. Sin firmar el contrato, todos se trasladaron al puerto de la ciudad y acumularon tantas cajas como pudieron hasta llegar a la cifra exacta. Cuando el límite se alcanzó, el presidente del Floey sacó la billetera y pagó al pescador que acababa de sacar del mar esos 75 kilos de camarón, que se convirtieron en el único coste de aquella singular transferencia.

Kenneth Kristensen acabaría la temporada marcando 14 goles más con su nuevo equipo y aunque nunca llegó a concertar una carrera prolífica en un nivel profesional (es técnico allí hoy en día), su nombre quedó plasmado para siempre como uno de los más famosos en lo que a negociaciones futbolísticas se refiere. Contentos o no, solo sabemos que el traspaso propició alegría en las mesas de Floey durante algunas semanas. Esas, en las que el paladar disfrutó del tan codiciado camarón…

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