Histórico
1 enero 2014Jose David López

#QuesitoNaranja: ¿Qué jugador cambió el fútbol por el sacerdocio?

Chase Hilgenbrinck - New England
Regresa nuestra nueva sección Quesito Naranja (recordando esa mítica y salvadora pregunta naranja de Trivial), buscando respuestas para cuestiones de lo más variopintas.

Había luchado con una única meta toda su vida. Nunca se rindió para alcanzar el objetivo de convertirse en futbolista profesional. No sirvió que fuese estadounidense, que el soccer aún no existiera como élite en su país y que aun siendo menor de edad tuviera que marcharse al extranjero alejado de todo lo que siempre quiso. La ilusión por colocar su nombre entre los ‘elegidos’ cada domingo estaba por encima de cualquier otra ambición juvenil. Sin embargo, cuando llegó al final del arcoíris, se dio cuenta que solo había empezado su camino y descubrió otra vía mucho más larga, estricta y vocacional de lo que jamás hubiera pensado. Una llamada irrechazable.

“Ha tomado las riendas, habló con el club, dejó de pertenecer al mismo y se retiró del fútbol profesional para entrar en un seminario, Allí pasará los próximos seis años, dedicados al estudio de la teología y la filosofía para que pueda ser ordenado sacerdote católico romano”. Con esas palabras, un 14 de julio de 2008, New England Revolution admitía la marcha de Chase Hilgenbrinck. Lateral, capitán y absolutamente clave en sus planes de crecimiento para los próximos años, el estadounidense ponía fin a una carrera futbolística meteórica pero exitosa, encontrando un estímulo mucho más poderoso que miles de fans gritando su nombre. Un chico que rechazó ofertas para ser actor y modelo, pero que no pudo negar la más importante de su vida. La llamada de Dios.

Chase HilgenbrinckIndividual, ajeno a muebles, sin baño propio y, desde luego, sin distracciones. Así es la habitación de Hilgenbrinck desde hace casi cinco años en la iglesia Mount St. Mary. Vestido con una camisa gris, pantalones negros y zapatos negros, forma parte de un grupo de 150 aspirantes a sacerdotes que se unen cada día desde las 7 de la mañana para iniciar la Misa en la Capilla de la Inmaculada Concepción. Después de un rápido desayuno en el comedor y un seminario de oración de una hora de para colaborar con los seminaristas de primer año, Chase vuelve a su habitación a estudiar sin distracciones. Allí se puede ver una pequeña biblioteca, un crucifijo en una esquina de la ventana y una estatua de la Virgen María en la otra. Ahora, esa es su única meta: “Después de años de discernimiento, siento profundamente que el Señor llamó para convertirme en sacerdote de la Iglesia católica. Jugar profesionalmente al fútbol ha sido mi gran pasión durante mucho tiempo y me siento bendecido por haber vivido de manera exitosa este sueño. Pero mi pasión ahora es hacer la voluntad de Dios, que es querer solamente lo que Él quiere para mí. Ahora me estoy moviendo hacia algo mucho más grande”, dijo poco antes de iniciar su ‘aventura’ cristiana.

Llegó a jugar con la selección Sub 17 estadounidense, jugó en el fútbol chileño con Ñublense y disputó partidos en el New England Revolutions antes de que la llamara de Dios se hiciera efectiva

Para los que compartieron fútbol con Chase, la noticia de su decisión fue sorprendente por alcanzar la fama deportiva y dejarla a un lado ante la fuerza de su devoción, pero siempre dejó ver un lado ‘especial’. Católico practicante toda su vida, sus padres le llevaron a la iglesia junto a su hermano cada domingo, siendo incluso monaguillo en Holy Trinity Church en Bloomington, Illinois. Curiosamente, su padre recordaba que el propio Chase fue quien le pidió dejar la iglesia pues estaba cansado de encontrar un problema cada vez que estaba lejos por un torneo de fútbol. Pero tal era su capacidad para escuchar, comprender y ayudar, que un compañero suyo se acercó a él para intentar mitigar el agobio por un problema serio. Pese a ser solo unos adolescentes, su amigo había dejado a una chica embarazada y, asesorándole bajo las doctrinas de Dios, conseguía remitir las urgencias entre sus allegados. Tal fue el éxito de los consejos de Chase, que su madre le obligó a ser menos solidario y más radical.

Tras llegar a la universidad siendo ya internacional Sub 17 con Estados Unidos (donde compartía zaga con el ahora defensor malaguista Oguchi Onyewu), el joven defensor entendió definitivamente que algo mucho más grande estaba en su interior: “La universidad fue un gran punto de inflexión porque, estando lejos de mi familia, nadie me obligaba a ir a misa, no tenía por qué hacerlo pero mantuve la fe, seguía asistiendo y se encendieron mis bombillas, dándome cuenta que tenía una pasión que me hizo crecer en todos los aspectos de mi vida”. Después de graduarse en 2004, pensó que probablemente sería contratado por un equipo de la MLS, pero no fue seleccionado y decidió lanzarse a su propia aventura para encontrar su sueño del profesionalismo, teniendo agallas para empezar de cero en Chile. Tras hablar con Claudio Aureas, entrenador en la cercana Universidad Southern Wesleyan, decidió aceptar un contrato del Huachipato (Primera División). Allí pasó cuatro años memorables pues pese a pertenecer a tres clubes diferentes (Naval y Ñublense), creció hasta convertirse en un jugador referencial que ocupó varias portadas de medios nacionales. Pero su éxito era el de todos pues, cuando ganaba primas o pagos ‘extra’, siempre los donaba a una escuela local muy necesitada.

Solo ejercer el sacerdocio ha completado el interior de un chico que logró el éxito futbolístico con el que había soñado y que, tras ello, se sintió vacío

Pese a tener novia unos años, nunca encontró un relleno para su creciente vacío interior. “Me di cuenta que a pesar de cumplir mi sueño, no me sentía realizado. Debía hacer algo más con mi vida. La sensación cada vez se hizo más fuerte y empezó a consumir sus pensamientos diarios hasta que tomaría la decisión en silencio en el verano de 2007. El director de vocaciones de la Diócesis Católica de Peoria, Illinois, le envió un paquete de aplicación donde debía escribir una autobiografía de 20 páginas y enviar las respuestas a una serie de preguntas de desarrollo cristiano. El día clave fue ese posterior mes de diciembre, pues el día después de su regreso a USA tras el final de la temporada en Chile, pasó por toda una amalgama de exámenes. Cinco pruebas clave en un mismo día, tres test psicólogos diferentes y una lista enorme de sensaciones. Días después sintió que “no iba a poder casarme, no iba a tener mi propia familia y ni siquiera mis propios hijos pero, a través de la oración, todo eso no tuvo impacto suficiente en mi decisión”. Salió de Chile rompiendo con su novia. El día de su aprobación cristiana decidió contárselo a sus padres con una frase clara “compra champagne que Dios me ha llamado”. Y meses más tarde, cuando su camino estaba resuelto para empezar a estudiar, anunció su adiós al fútbol profesional tras pasar un tiempo breve en Colorado Rapids y New England Revolutions.

Hoy, Hilgenbrinck sigue jugando en sus ratos libres e incluso compite en el Revs, equipo de Mount Saint Mary University (humilde división que compite dentro de un programa de la Conferencia Noreste).“Lo único que echo de menos en el fútbol es el ambiente de vestuario y viajar con los chicos. De alguna manera, me doy cuenta que en el seminario todos somos una especie de equipo. Aquí también juego, tengo que viajar con ellos de vez en cuando, comer alimentos juntos como un equipo y, por supuesto, calentar y alentar en el vestuario”. Sensaciones que un día fueron su gran meta y que ahora representan un hobby pues, ya como maestro de filosofía y teología, su cambio de vida cumple poco a poco las nuevas expectativas que el cielo tenía preparadas para él. “Estoy bendecido para siempre. El fútbol fue mi camino a Dios…”

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