Histórico
27 enero 2014Jose David López

Quesito naranja: ¿Dónde se forjó el trofeo de la Copa Libertadores?

Trofeo Copa Libertadores

Cincuenta y cinco años de viajes por todo el continente, de condiciones climáticas muy distantes entre sí, de latitudes irritantes, de competitividad extrema y, por supuesto, de sacrificio por y para acabar tocándola en exclusiva. El último que cada curso futbolístico termina su actividad con ella entre las manos, tendrá asegurado un puesto en la historia, la de los elegidos, la de los únicos que consiguieron superar todas las adversidades del torneo de clubes más equilibrado y complejo del continente. La Copa Libertadores que arranca nuevamente esta semana, guarda cientos de anécdotas sobre rivalidades, colores, exotismo y recuerdos de héroes mitológicos que superaron cualquier obstáculo para poseer el título más imponente del continente pero… ¿Dónde se forjó ese botín honorífico en forma de trofeo incomparable?

Esa joya de amplia base, de circunferencia única, de pesada movilidad y coronada con un perfil de futbolista reinante (que desafiante saca pecho orgulloso ante el continente), jamás podría pasar desapercibido porque posiblemente sea el título que, en sí mismo, levanta más particularidades. Esa obra maestra artesanal se creó allí donde el fútbol nunca ha podido ser capaz de recuperarla y hacerla regresar a ‘casa’. La historia nos retrotrae a la singular joyería Camusso, a finales de la década de los 50 y a Lima, donde la mimaron y engalanaron tanto como sabedores que era su única oportunidad pues, desde entonces, no la han vuelto a disfrutar de cerca.

La verdadera ‘copa’ que corona a los mejores de América, es natural de Perú, tiene 80 años de vida y se estructuraba con 925 piezas de plata.

Don Alberto de Gasperi, italiano ya de 76 años, pone ojos e imaginación, recuperando más de medio siglo de su larga y provechosa vida, asegurando que él bañó por primera vez el trofeo que ahora todos quieren tener cerca. “El trofeo de la Copa Libertadores se hizo en Perú, por artesanos peruanos guiados por mí”, destaca dejando caer sobre sus manos la dirección donde se ubica la joyería que lo vio crecer en la avenida Colonial de la capital peruana y que ahora, con 80 años de vida desde su inauguración, es mundialmente conocida. Este azzurri enamorado igualmente de la pelota, era ingeniero y jefe de la planta por aquellos años y asegura que la fabricación del trofeo tuvo diferentes pasos. El primero partió del dirigente peruano Teófilo Salinas (entonces directivo de la Confederación Sudamericana de Fútbol), que encargó a De Gasperi y a sus mejores artesanos en Camusso, soltar su imaginación y dar vida a una copa en 1959.

Trofeo Copa Libertadores“Él nos dio una idea, hicimos un dibujo, lo rechazó, hicimos otro, le gustó. Lo que más tardó fue su aprobación. Cuando no le gustaba, había que volverla a pensar. Como decimos en la jerga de la platería, tenía que ‘pagar el ojo’. Cuando el doctor Salinas vio el resultado final, quedó encantado”, aseguraba hace pocas fechas don Alberto, que acabó logrando la aceptación definitiva nada menos que diez años más tarde, en 1969. Ese trofeo, el único y original, se estructuraba gracias a 925 piezas de plata y su diseño se guio por la imitación de la figura redonda de un balón formada por dos piezas cuya costura está tapada por el listón. En principio esa cinta iba a albergar el nombre de los ganadores hasta que se dieron cuenta de que todos no iban a entrar en cuanto pasaran unos años.

Es natural, no se usan avances tecnológicos y debido a problemas en las manos de algunos jugadores, tuvo que ser renovada en Chile, donde cambiaron algunas de sus peculiaridades

Además, pretendían que el trofeo simbolizara la dualidad del fútbol. Tiene de arte y de calle. El futbolista que está en la cúspide pateando una pelota “se copió de una copa de bronce que vendían en las tiendas para los campeonatos de los colegios”, asegura sin aspavientos o sorpresas pues pese a que admite que todas las piezas están unidas desde la base por un perno, esa, la cúspide, es la única pieza que no es de plata, sino de bronce. Tanto gustó el resultado a Salinas y al argentino Raúl H. Colombo (entonces presidente de la Conmebol), que su relato conmocionó a los joyeros: “Dimensiones perfectas y, encima, no importaba el precio, pues solo era pagar lo que se gastaba en el valor de la plata. Todo era a mano. No se usaban artilugios de computadoras. Por eso este trofeo es único”, aún proclaman orgullosos más de medio siglo después.

Desde entonces, la Copa ha sufrido varios cambios, sobre todo desde que fuera semi-destruída en 2004 (se le cayó de las manos a Herly Alcázar, campeón ese curso con Once Caldas) y la Conmebol la envió a la empresa Alzaimagen de Chile, donde la restauraron casi por completo. Ahora las asas son más grandes y el hombrecito que antes pateaba con la derecha, ahora lo hace con la zurda. Pero en Lima, la joyería Camusso sigue recordando aquél primer baño que aún sirve para que don Alberto sueñe con recuperarla: “Cada vez que la veo por televisión me emociono. Me llena de orgullo no solo por mí, sino por todos los que la hicieron, de los artesanos, que son muy buenos. Todo un equipo de unas 12 personas. Vale la pena saber que se hizo en el Perú. Lástima que no se ha quedado mucho tiempo por acá. Ya la tocaremos…”

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