Histórico
22 enero 2014Fran Alameda

Chelsea: La fe de Mata

Mata - Chelsea

Los entrenadores no difieren demasiado de los monstruos que se aparecen en los sueños y que acaban devorando a personas. En la sección de grandes engendros, Mourinho es el primero de entre todos los prodigios ajenos al ser humano que ocupan los banquillos. El primero de los elementos que ha sufrido la ira personal e irrevocable del portugués ha sido Juan Mata, que de ser el jugador con el paladar más exquisito ha pasado a tener un peso más ligero, como si se desmoronara entre carreras por la banda. No es definitivo, pero en el 4-2-3-1 que maneja habitualmente Mourinho, con el que siempre trata de someter al rival a cierto nivel de presión y transición, Mata aparece entre las opciones menos recomendables.

Su ritmo de presión, ciertamente, no es constante y alto, sino todo lo contrario: diluido e intermitente, algo intrínseco al jugador salvando escenarios de máxima exigencia, situación evidentemente insostenible durante toda la temporada. Con balón, de largo, es el jugador con más clarividencia. No se entendería un Chelsea con voluntad de perpetuar la posesión que renunciase a Mata, quien mueve en horizontal, vertical y hacia el cielo. Pero Mourinho no entiende de individualidades alejadas del contexto, entiende de colectivos y jugadores entregados a él. De minimizar las grietas y sacar el máximo rédito a las transiciones. Y he ahí la razón del Willian (antes Schurrle, muy dinámico, pero bastante brillante con el balón en los pies), Oscar y Hazard.

Mata no ha arrancado en el Chelsea por la fe en sí mismo, o quizá por sus debilidades físico-tácticas que le impiden ser 100% adaptable al plan de Mourinho

Mourinho - MataEl contexto de su suplencia ha de ser comprendido –además de en la compleja permeabilidad del modelo para incluir a Mata– en función al rendimiento de sus compañeros, quien se han creído el papel que para Mourinho tiene la línea que escolta al delantero. Son los mejores y aparecen en manada, incluso juntos en la banda, donde parecen reunirse para trazar un plan en el que descoser la maraña física y humana de algunos equipos Premier. A Mata no le ha ido mal en el Chelsea porque él era la máxima referencia. En ataque ordenaba como un pequeño jefe y absorbía balón para separar el agua del aceite.

Con Moyes, en el United, tendría responsabilidad, cuota de balón y galones. Más que una elección es una oportunidad de jugar y jugarse en un equipo tan histórico como necesitado

Ahora resuenan ecos desde Manchester porque Moyes ansía cierta lucidez con el balón en los pies, pues todo el físico ya va de suyo en Old Trafford. Eso lo tiene Juanín: sin excesiva exigencia táctica, gira la posesión hacia su lado. Su pérdida es poco probable y aunque al mediapunta, como Celestina entre el delantero y la ocasión, se le presuponga un escalón más de riesgo, Mata prefiere ver un pase correcto y seguro al brillante y arriesgado, quizá perdido. Quizá ganado. Seguramente lo suyo, como lo de todos, sea una forma de entender la vida. Como cambiar el Chelsea por el United, por ejemplo, o tener melena y utilizar pasamontañas, por qué no. Mata no sugiere envidia colectiva sino voluntad de talento individual. Aunque tenerse fe sea, como dijo Houellebecq del individuo, una especie de ficción breve.

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