Histórico
5 enero 2014Jesús Camacho

Balones de Oro: La pantera de Mozambique (1965)

eusebioA finales del siglo XVIII fue fundada la ciudad de Lourenço Marques, actualmente conocida como Maputo. La capital del África Oriental portuguesa, lo que posteriormente sería Mozambique, marcada por una violenta historia y una notable nostalgia portuguesa, una metrópolis en la que en cada esquina resplandecen los ritmos más latinos de África. Un mágico enclave que quedó impregnado por el aroma latino pero que surgió de la más pura y profunda tierra africana, un punto geográfico que puso su nombre en el mapa futbolístico mundial gracias a una generación dorada de futbolistas que un día emprendieron viaje hacia la tierra materna de aquellos colonos lusos. Una generación iniciada con el legendario Matateu, continuada con Mario Coluna y que vivió su momento cumbre con la llegada de un chico nacido en el 42 en el distrito de Mafalala de Lourenco Marques. Su nombre Eusébio da Silva Ferreira.

Allí en la citada Mafalala, uno de los primeros barrios que surgieron alrededor de la ciudad, en el puerto de la mano de obra indígena negra que emigró de diversas partes del país para suministrar mano de obra a la ciudad blanca, nació, el “genio de Mafalala”, un chico con cuerpo y piernas de velocista, campeón junior de atletismo de 400, 200 y 100 metros lisos con la gran marca de 11 segundos. La imponente representación corpórea de la mezcla de vivir experiencias de color, pueblos y culturas de Mozambique. La “Pantera Negra”, con ritmo latino pero cuerpo y alma africana, un vendaval que convirtió al viento en compañero de viaje y al balón en equipaje.

Ese balón con el que comenzó a entablar una bonita relación en aquel primer equipo al que bautizó con el nombre de “Os Brasileiros” y en el que este modesto genio era conocido como “Ninguno”. Unas cualidades que ya comenzó a mostrar en su segundo equipo Sporting Club Lourenço Marques, en el que fue descubierto en 1960 por Carlos Bauer, técnico brasileño que realizaba una gira con Ferroviario por África. Un Bauer que por casualidad o causalidad cambió el destino del genio cuando coincidió en una barbería de Lisboa con Bela Guttman, su viejo entrenador en el club San Pablo, al que le habló de aquel chaval en estos términos: “A mi no me sirve, hay tantos de esos en Brasil. Aquí puede ser que ande. ¿Por qué no lo prueba, mister Guttman? Total, no se pierde nada”. Unas palabras que no cayeron en saco roto para el viejo sabio húngaro que se lo llevó para su equipo y afinó su técnica en las playas del Algarve. Cuentan que Guttman trabajó duro con él para que adquiriera las impresionantes condiciones técnicas que se sumaron a sus inigualables condiciones atléticas. Fue entonces cuando se consumó la obra maestra y cuando aquel chaval que corría como el viento consiguió hablar de tú a tú a ese esférico que conseguía no dejar atrás cuando comenzaba su vuelo rasante y que convertía en misil cuando impactaba con su pierna.

Mozambique - Benfica

Aquí comenzó la leyenda de “La pantera mozambiqueña”, una pantera de zancada felina, poseída por el espíritu de las águilas que pronto se convirtió en icono de Sport Lisboa e Benfica, “El Glorioso” del fútbol luso. Pero una estrella que siempre brilló con la modestia por bandera, aquel chico que trataba como ‘senhor’ a los José Águas, Mário Coluna, Germano de Figueiredo y José Augusto, y que en un partido se dirigió en estos términos al gran Coluna: “’Senhor Mário, ¡déjeme lanzar este tiro de falta para que pueda marcar!”.

Ese chico al que pronto las leyendas encarnadas (esos ‘senhores’) adoptaron como “As de su baraja” y con el que Benfica ratificó su reinado comenzado en el 61, un año en el que no estuvo en aquella final de la Copa de Europa que Benfica venció al Barcelona pero que en su estreno en un torneo disputado en el Parque de los Príncipes de París contra el Santos, de su gran ídolo: Pelé, dejó helados a todos. Y es que Eusebio entró en la segunda mitad de un encuentro que el conjunto brasileño vencía 5 a 0, y que Benfica perdió 3 a 6, pero en el que el de Mozambique dejó maravillados a todos (Pelé incluido que lo felicitó) con su fútbol y tres goles en 20 minutos.

Eusebio - BenficaPuro poder africano, puro gol, salto, potencia, talento e inteligencia para buscar espacios desde donde arrancar y llegar para finalizar como solo el sabía. Modestia y poder de superación de un jugador que disputó su primera final europea en 1962, en la que Benfica ratificó su dominio en Europa al derrotar 5 a 3 en la final (en la que hizo dos tantos) al Real Madrid de su también admirado Di Stéfano, al que pidió la camiseta tras la victoria, una camiseta que guardó como un tesoro y de la que se preocupó más que de la propia celebración cuando era manteado en el Estadio Olímpico de Ámsterdam. Ese fue el Eusebio futbolista que conseguía su primer título europeo con tan solo 20 años de edad, cuando recién finalizaba su primera temporada como titular de Benfica junto a los Coluna, Simoes y Augusto.

La primera temporada de una carrera única, en la que también dejó su huella imborrable en la selección. Especialmente en aquel mundial inglés del 66 en el que fue la estrella y en el que se vio las caras con Pelé. Un duelo que duró poco por la dureza de la defensa lusa con el astro brasileño, un hecho incuestionable pero que no pudo ensombrecer el por otra parte futbol vistoso, alegre y contundente de Portugal, que definió los tres encuentros a su favor. 3-0 a Bulgaria, 3-1 a Hungría y 3-1 a Brasil. Aquella cita de la que nos llegan viejas imágenes en video de un descomunal futbolista que se exhibió ante la cenicienta (que no fue tal) Corea del Norte con cuatro goles en un partido para la historia y que no pudo superar a la Pérfida Albión pero que vivió su último y peculiar duelo ante una araña negra llamada Yashin, al que hizo su noveno gol que consagró a Portugal en la tercera posición y a él como goleador y estrella del torneo.

Eusebio, “La pantera de Mozambique” a la que el dictador António de Oliveira Salazar no dejó salir por considerarlo “Patrimonio nacional” y que además de dos Botas de oro conseguidas en 1968 y 1973 sucedió en 1965 a Law como mejor jugador europeo del año. En definitiva una leyenda del fútbol mundial que semana tras semana deslumbró en el Estadio de La Luz en la ciudad de Lisboa y acumuló la cifra récord en Liga de 317 goles en 301 partidos, unos números y un talento al servicio de un equipo que con él logró 10 Ligas portuguesas, 2 Copas de Europa y 5 Copas de Portugal. DEP.

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