Histórico
3 diciembre 2013Jose David López

Venezuela: Un solo cuerpo para Overath-Breitner

Overath Breitner - Venezuela

Sucede con los huracanes. Sucede con las calles. Sucede con las instalaciones deportivas. Pero sobre todo, sucede con las investigaciones científicas. Pocas veces se encuentran respuestas sólidas, concretas y definitivas en las conversaciones iniciadas con estos especialistas sanitarios, pero su nombre es conocido mundialmente por circunstancias difícilmente asumibles. Y es que mientras una inclemencia climática puede llevar nombre de chica, una calle vincularse a un nombre de actor y una instalación ser para siempre nombrada por una estrella de élite, las huellas que estos científicos dejan en sus avances, son los nombres usados para denominar los padecimientos y enfermedades más mortales del planeta. Desde la salmonelosis que descubrió el veterinario Daniel Elmer Salmon, al Parkinson del británico James Parkinson o el síndrome de Asperger, reconocido por un Hans Asperger que tuvo que morir para que se le reconociera tal derecho.

Es la meta, la cima, el culmen para muchos de ellos pues de lo contrario, sus investigaciones y doctrinas quedarían ocultas bajo un incógnito eterno. En fútbol, ese talento siempre ha sido reconocido tarde o temprano pero hay quienes desde su nacimiento, intentan invertir el orden establecido. ¿Por qué esperar a triunfar para que tu nombre sea ubicado entre los ‘elegidos? ¿Por qué no facilitarlo todo con un nombre ya lleno de historia y adelantar escalones? Eso debió pensar Joaquín, ex jugador del Flamengo, que decidió homenajear a sus dos jugadores favoritos en el nombre de su hijo: Overath Breitner Da Silva Medina.

Los médicos luchan durante años para que sus avances obtengan reconocimiento. El fútbol permite convertirte en estrella desde tu propia camiseta

Overath - Breitner - Alemania

El 9 de septiembre de 1989, ya en la recta final de su carrera, el ex jugador brasileño tuvo su primer vástago con Durbelis (una venezolana de la que se había enamorado años antes). Nacido en Barcelona, Edo, Anzoátegui (Venezuela), desde su primera respiración iba a tener una obligada necesidad de enamorarse del fútbol, ese deporte que a su padre le permitió sacar lo mejor de sí, encontrar una salida para cualquier problema y establecer líneas de contactos con amistades muy influyentes dentro del fútbol sudamericano. Pero esa pasión paternal, además, exigía compromiso, rectitud y profesionalidad pues así se fraguó la carrera de los dos mitos alemanes que lo perseguirían para siempre. Wolfgang Overath (una endiablada pierna zurda que destrozó defensas con clarividencia) y Paul Breitner (el centrocampista albisinio que pasó por Real Madrid y es leyenda del Bayern) fueron dos extraordinarios elementos de la selección germana que levantó el Mundial de 1974. Tanta fue su atracción, que Joaquín quedó para siempre marcado por su nivel futbolístico, asegurándose por tanto que recibieran el mayor de sus regalos en el nombre de su hijo.

Aquél chico, sin embargo, empezó a llemar la atención desde muy temprana edad, pues con solo 8 años, ya era una de las jóvenes perlas de la academia de su padre en el Estado Monagas. Decían que poseía gran disparo, potente capacidad física y buena técnica individual, por lo que desde muy pequeño fue usado para entrenar con sus habilidades a los propios porteros del Monagas F.C. Tenía solo 11 años cuando su paso fue definitivo hacia la profesionalidad, entrando en las categorías inferiores del Internacional de Porto Alegre (por recomendación de Paulo César Carpegiani), formándose en Río Grande del Sur, aunque cedido poco después a Santos, donde demostró estar a la altura de los mejores en el club santista, donde coincidió con algunas de las estrellas que hoy llegaron a la élite (Neymar, Ganso, Danilo), logrando el sub-campeonato nacional en los años de 2002-2003 y en el torneo juvenil Paulista de los años 2004-2005 en la categoría Sub-17 logró, sumando nada menos que 14 goles. Esas cifras y sensaciones, le hicieron llegar al club junior, siendo goleador con 17 anotaciones del certamen juvenil carioca y, pocos meses después, campeón del torneo Paulista, lo que le convertía en la más firme figura del fútbol venezolano (pues siempre dijo que, de tener opciones, querría jugar con la Vinotinto).

Joaquín (el padre) no tuvo suficiente con colocar a sus dos ídolos futbolísticos en el nombre de su primer hijo, ya que al segundo, le colocó Roberto Prosinecki

Overath Breitner - SantosCon Breitner en la camiseta (él decidió que fuera el ‘bigotudo’ germano quien representara su carrera), sumó prácticamente todos los torneos de categorías inferiores, demostrando técnica, regate, rapidez, goles y un poderío único para el disparo desde media distancia. Con ofertas de todo el país y algunas en el extranjero, decidió quedarse en Santos, con el que debutó nada más cumplir los 20 años. Sin embargo, los minutos nunca estaban fáciles, jugando apenas una decena de partidos antes de empezar un cúmulo de cesiones en Figueirense (5 goles en 19 partidos), Criciumá, Náutico y Araxá, donde ni tan siquiera llegó a vestirse de corto en partido oficial. Un increíble descenso de sus evoluciones, pérdida de confianza y falta de progresión que frenó por completo una carrera destinada a estar brillando ya en los mejores escenarios. Hoy, vagabundea entre clubes absolutamente desconocidos para mantenerse en forma, lejos de la profesionalidad y buscando con solo 23 años, una nueva oportunidad para recuperar sus mejores sensaciones.

Unir en un solo cuerpo la fuerza, categoría y carácter de los dos referentes alemanes de su nombre, nunca iba a ser fácil pues sus metas estaban excesivamente altas para cualquiera. Quizás la historia de su familia tenga un próximo referente con más facilidad para alcanzar el objetivo pues su hermano pequeño, también abriéndose hueco en las inferiores del Santos, lleva por nombre nada menos que Roberto Prosinecky. Pasar a la historia no depende de un nombre pero sí sirve, al menos, para ganarse un hueco divertido en nuestro site…

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