Histórico
2 diciembre 2013Francisco Ortí

Valencia: Djukic y los zarandeos del trono

Guerras, intrigas y traiciones. Ingredientes esenciales en cualquiera de las novelas de la televisiva Juego de Tronos, pero también intrínsecos al día a día del Valencia CF, donde cada vez es más importante encontrar los aliados adecuados para sobrevivir en el cargo y  evitar convertirte en otra de las innumerables víctimas de la inestabilidad que agita al club temporada tras temporada. En Mestalla la paz social es una quimera. Esta sensación se ha respirado en la entidad valencianista desde tiempos inmemoriales, pero se ha agigantado con la crisis económica y el endeudamiento irrefrenable. Cuanto peor es la situación deportiva, mayor la inseguridad en el club y con ella la impresión de que en el Valencia se libra un peculiar juego de tronos.

Braulio Vázquez, ex director deportivo, ha sido la última víctima, pero este verano también rodó la cabeza de Manuel Llorente, quien abandonó la presidencia después de varios años al frente de una gestión tan anodina como cara. Cara por el sueldo que se impuso como presidente y los contratos blindados, como también por la fuga masiva de talentos. David Villa, David Silva, Juan Mata o Jordi Alba fueron traspasados para paliar la deuda a coste de perder la mayor parte del potencial deportivo. Sin sus estrellas (este también se vendió a Roberto Soldado), el Valencia ha quedado sumida en un limbo en el que la realidad contradice las promesas que se vierten desde lo más alto. Mientras unos, anclados en los años dorados del club, hablan de grandeza, los resultados cosechados a lo largo de la temporada lo revuelcan en una dolorosa mediocridad.

Ese escenario ha resultado ser letal para Braulio Vázquez, quien no ha logrado sobrevivir la abdicación de Llorente. Tras el desembarco de Amadeo Salvo en el trono, los tiempos del gallego como director deportivo del Valencia iniciaban una cuenta atrás que ha llegado a cero en el momento en el que más convenía a la dirección actual. Salvo asumió la presidencia del club avalado por su carisma, su retórica y sus ‘Power Points’. Su conversión en presidente generó unos picos de ilusión en el valencianismo proporcionales a los que provocó Barack Obama cuando inició su carrera presidencial. Sin embargo, ambos casos también comparten sensaciones a posteriori y ninguno de los dos ha resultado ser tanto como se soñaba. Lo cierto es que el contexto juega en contra de ambos. Para Salvo los resultados se han convertido en el enemigo más feroz, el único contra el que no es capaz de luchar por sí solo.

Las derrotas ante Real Sociedad y Almería en Mestalla, y la goleada sufrida en Villarreal fueron decisivas para el último giro de timón que ha experimentado la nave valencianista. Hasta caer contra los almerienses, las críticas apuntaban a los jugadores, pero cuando estas empezaron a escalar para apuntar al banquillo, primero, y al palco después, Salvo se vio obligado a tomar decisiones. La primera fue echar a Braulio Vázquez a los leones. Una decisión popular que ayudó a calmar los ánimos. La segunda, buscar un nuevo escudero: Francisco Joaquín Pérez Rufete, quien asume las funciones de Director General del Valencia. “Es una figura que no existía, es una figura diferente en la que el consejo de administración tiene la máxima confianza”, explicó Salvo. Rufete llega para liderar la parcela deportiva y hacer de director deportivo al uso, pero también de crear toda una identidad de club y que todas las parcelas trabajen en un mismo sentido.

Un proyecto ambicioso que supone mucho más que un simple nombramiento. Es también un traspaso de poderes. Hasta este último cambio, Djukic era quien asumía el rol de niño mimado del proyecto GloVal. El serbio representaba la personificación de los valores que pretendía exacerbar Salvo. Era el indicado para “despertar al gigante dormido”. Pero los malos resultados y el descontento de la grada ha provocado que el presidente del Valencia se desmarque totalmente de esa figura. Así quedó patente en la misma rueda de prensa de presentación del nuevo cargo de Rufete, en la que el máximo mandatario valencianista dejó una frase que pasará a formar parte de los anales del club. “Yo no contraté a Djukic y no tengo por qué echarlo. Lo defendí en su momento porque el responsable de traerlo -en referencia al destituido Braulio Vázquez- no lo hizo”, afirmó Salvo. Queda claro, por lo tanto, que el serbio ha perdido a su mejor aliado. Ahora está solo ante el peligro y, lo que es peor, su sucesor  como ojito derecho llega con ganas de incordiar.

Las primeras horas de Rufete como Director General han sido las más incómodas de Miroslav Djukic como entrenador del Valencia, y eso que ha tenido que vivir momentos realmente duros durante su breve etapa en el banquillo. Desde el primer momento, el serbio ha sentido el aliento de ‘Rufo’ en el cogote, juzgándole y estudiándole, buscando errores o debilidades. En apenas una semana, Djukic ha visto como Rufete se enfundaba el chandal de entrenador y bajaba a una de las sesiones de entrenamiento del primer equipo para seguirla in situ, al tiempo que conversaba con alguno de los jugadores de la plantilla, lo que supone una total falta de respecto hacia el técnico. Fue la primera invasión que Djukic ha vivido en su parcela. Más tarde escuchó que su cuerpo técnico no era el adecuado y se le ha insinuado que debería cambiarlo. El serbio ha hecho oídos sordos ha echado balones fuera hasta el momento, pero sabe que su puesto corre peligro. Los resultados más inmediatos (victorias contra Osasuna y Swansea) le avalan, pero es perfectamente consciente de que el mínimo error podría costarle el puesto. Al menos, está claro que es el siguiente en la lista de ejecuciones. Se acerca el invierno para Miroslav Djukic.

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