Histórico
21 diciembre 2013Jose David López

Mundial Clubes: Raja Casablanca: Khalid Askri, diez millones de ironías

Askri - Raja Casablanca

Erramos desde la primera mirada. Fallamos desde el primer análisis. Las potentes influencias que ejerce el fútbol europeo sobre el resto del planeta, estigmatizan la valoración inicial cuando se trata de poner en cuestión la valía de sus proyectos en contraposición de los que intentan retarles sin compartir occidentalidad. Los grandes torneos nacionales, las grandes gestas internacionales y los grandes héroes mundiales, acaban llevándonos de la mano de Europa. Nos arrastran, nos obligan a consumir sus decisiones, a conocer sus detalles y a bucear en sus secretos, apuntando a cada uno de sus partidos, celebraciones o comentarios como el primer plano de interés general planetario. Una sensación creciente a lo largo de los días y multiplicada con los años hasta mostrar dos realidades muy diferenciales. A un lado, los favoritos (Europa). A otro, los osados ‘perdedores’ (el resto). Por todo ello, no recuerdo una fase final del Mundial de Clubes donde existiera un porcentaje previo negativo hacia el teórico candidato estrella (sí hubo algún caso aislado en la extinta Intercontinental porque los extremismos eran menos recalcados).

Ese reparto confederativo que condena nuestras percepciones al error, no se basan en opiniones extremas o en un desorden mental de quien escribe, sino en la realidad estadística. Y es que de las 52 ediciones del ‘experimento mundialista’, 26 han sido levantadas por los europeos y otros 26 llevaron el sello sudamericano. Cierto es que el dominio de ambos es mayúsculo pese a haber extendido los brazos a otros continentes para buscar mayor interactividad planetaria y una realidad más universal sobre el césped. Enorme previsibilidad, una creciente pérdida de credibilidad en los representantes asiáticos o mexicanos, desesperada espontaneidad en los africanos y una incapacidad constante de oceánicos. Los románticos anhelamos sorpresas, apertura de ideas y alternativas inesperadas, algo que ha destrozado en toda la extensión del deseo el impresionante Raja Casablanca. Ser ‘invitado’ por ocupar tu país para el torneo, eliminar hasta a tres enemigos de superior coeficiente (Auckland quizás menor pero sí Monterrey-Atlético Mineiro) y retar al mismísimo Bayern de Múnich, es tan histórico y motivante como peligroso y alarmante. Las sorpresas no gustan al negocio, cuestionan la veracidad del torneo y ofrecen zoom para el que no interesa a la cámara. Y el Raja, no era el elegido por el foco. Por suerte, Khalid Askri, siempre atrajo atención y sabía lo que significa ser el epicentro para 10 millones de personas.

¿Cómo convertirse en estrella mediática de la red siendo futbolista y no marcando goles? Un error increíble le hizo ser el portero “más desafortunado del mundo” para 10 millones de ‘toutubers’

Askri - Raja 2013Y no porque al actual 9º clasificado de la Liga Marroquí (cierto que tiene dos partidos menos pero su posición liguera refleja claramente la dimensión de sus resultados en este Mundial de Clubes) tenga un estadio con tan exagerada capacidad, sino porque el hoy guardameta del Raja Casablanca, está considerado desde septiembre de 2010, el portero “más desafortunado del mundo”. Siendo sinceros, completamente sinceros y hasta detalladamente críticos, el calificativo de ‘desafortunado’ es agradecido, pues su leyenda admite controversias cruzadas con relativa facilidad. Aquél día, ya hace más de tres años, Askri pasó a la historia de las redes sociales por una acción que, para cualquier otro portero, sería absolutamente meritoria.

Partido determinante de la Copa marroquí entre FAR de Rabat y Magreb de Fez, tanda de penaltis después de máxima equidad y lanzamiento decisivo. El rematador ejecuta el lanzamiento pero Askri lee perfectamente el disparo, se lanza y golpea la pelota. Su reacción inmediata fue festejar, alegrarse por cumplir el objetivo y pensar en que la victoria estaba encaminada gracias a una parada que se iba a convertir en la noticia del día en el país. Y no se equivocaba, aunque jamás pensó que esa pelota seguiría su trayectoria, giraría rumbo a la portería y atravesaría la línea de cal ante la espalda del portero. Al lanzador, incrédulo pero avispado, le faltó tiempo para mostrar la validez, exigir al colegiado y apresurarse a demostrar que la acción no termina hasta que se para la pelota por completo. No lo decimos nosotros. Lo dice el reglamento. Askri, desolado, no podía creerlo. De ídolo a villano (tachado de inútil por numerosos medios internacionales) en cuestión de segundos. El penalti más extraño de la historia que, además, acabó significando la eliminación de su equipo segundos más tarde. Más de 10 millones de visitas al singular video, provocaron la ironía de todo el planeta.

Cuando en la cabeza de un guardameta existen dudas, no hay solidez o se generan indecisiones, los resultados no solo son catastróficos para el colectivo, sino que pueden terminar con la carrera en cuestión de días. Durante varios partidos, Askri mostró más precauciones, temores y limitaciones que nunca, reflejando el peso que arrastraba, aunque desconociendo lo que el futuro le tenía preparado. Semanas después, el foco volvió a apuntarle. No fueron las manos, sino los pies. No fueron penaltis, sino una cesión. No fueron disparos rivales, sino un vil intento de regatear (o algo similar), el que le cruzaría nuevamente con la polémica y la sorna. El guardameta, muy confuso y sin confianza, tropezó al recibir un pase de un compañero en una zona complicada y, lejos de lanzarla lo más lejos posible, tropezó, dejando la pelota en posición ideal para que el rival más cercano apenas empujara a placer. No era capaz de levantarse. No era capaz de volver a asumir el peso de la derrota en sus hombros. Alicaído y nervioso, se enfadó consigo mismo, se cabreó con el mundo cruel que le cruzaba con la polémica de nuevo y se quitó la camiseta para marcharse de inmediato del césped No quería seguir jugando. Ni los apuros y ánimos de sus compañeros le pudieron hacer regresar al césped. Aquella acción, volvió a romper records de visitas en la red.

Ese mes, absolutamente irrepetible, absolutamente negativo, le hizo cambiar de vida. Askri no podía seguir en el mismo escenario y en el mismo club, por lo avergonzado, solicitó ser traspasado para intentar olvidar a mayor velocidad y empezar de cero. No le importaban los resultados, los títulos, el sueldo o las metas  por las que luchar, pues él tenía la suya propia, la de olvidar, una tarea que recibió ánimos y apoyos insospechados: “Esos vídeos hicieron que fuese conocido. Gracias a ellos, muchos arqueros de todo el mundo me llamaron para apoyarme, hasta Buffon”. Su caminar, deseoso de liberación, deseoso de tranquilidad, se frenó en el modestísimo Chabab Rif de Alhucemas, donde encontró paz durante unos meses sin ser reconocido ni etiquetado, sino encontrando un anonimato que el mundo se había empeñado en cuestionar.

Tan avergonzado estaba tras sus errores, que solicitó traspaso a su club y no le pesó empezar de cero en uno de los modestísimos de su país. Tocaba examinar su conciencia. Tocaba examinar su confianza.

Desde 2012, su recuperación fue creciendo, mejoró sensaciones, recuperó confianza y fichó por uno de los grandes del país, el Raja Casablanca, lo que le iba a permitir ponerse a prueba nuevamente ante cámaras de todo el mundo gracias a la invitación para participar en el Mundial de Clubes. Hoy, Askri dio la cara, consiguió ser protagonista en cada partido eliminatorio y es tachado de determinante por la prensa magrebí, para la que volvió a nacer:  “Los adversarios han creado muchas ocasiones y he podido demostrar que soy un buen portero, capaz de hacer grandes paradas. Lo que está sucediendo aquí es un sueño”, asegura tras ser MVP de cuartos de final. Una revancha personal, un lucimiento generosamente reconciliador consigo mismo y con aquellas facultades puestas en duda por errores que condenan trayectorias cuando vives bajo palos. Ninguna de sus paradas recibirá el caché mediático que sus errores, pero el sueño del Mundial de Clubes ya es el mayor bálsamo posible para responder con sonrisas a aquellas 10 millones de ironías…

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