Histórico
22 diciembre 2013Jose David López

Milan: Balotelli, allí donde no hay conciencia

Todo ser humano tiene una voz interior, una sensación de ansiedad o culpabilidad que encuentra su punto álgido en la toma de decisiones. En muchos casos, un error, una mala experiencia o una decepción personal, son capaces de agigantar ese mensaje en nuestro interior como alarma fehaciente de un problema mayor. Una noción o comprensión del entorno que nos rodea, intrínseco a los demás. Una maravilla del ser humano, que permite intuir la criatura especial que verdaderamente somos como resultado de una mente inteligente. Como decía Romanos, “las cualidades se observan desde la creación en adelante, hasta su poder sempiterno y divinidad, de modo que ellos son inexcusable”. Un juicio de la razón que, pese a todo, es incapaz de frenar impulsos negativos y de imponer obstáculos a quienes retan su propio subconsciente. El ejemplo ideal, Mario Balotelli.

Porque cualquiera ha podido saltarse las normas, romper las barreras establecidas o liberarse de ataduras en momentos determinados. E incluso aliarse con la rebeldía durante una vida extrema hermanada con la oposición al mundo, pero siempre, en el fondo, el pleito de la razón lo imponía alguien. Y esa figura, al menos hasta que la adolescencia (tardía para muchos como demuestra el italiano) encuentra sus propias ataduras y accede a la comprensión por decreto deductivo, siempre la implantan los adalides de la casa, los padres. Esos, Thomas y Rose Barwuah, que Mario perdió tras ser adoptado por los Balotelli (Francesco y Silva) ante la imposibilidad de costear los caros medicamentos para una enfermedad intestinal que superó casi de manera milagrosa cuando apenas tenía dos años.

En el caso de Balotelli, que ha superado cualquier desmadre convertido ya en el ‘Bad Boy’ de la historia del fútbol en tiempo record, lo irracional se une a lo absurdo, lo polémico a lo grotesco y lo escandaloso a su propio ADN. Imposible no acordarse de los padres de semejante personaje cuando suma más de 10.000 euros en multas de circulación por Manchester (donde lleva un año), cuando su coche ha sido transportado por la grúa hasta en 27 ocasiones o cuando fue castigado con 113.000 euros por lanzar dardos al equipo juvenil del Manchester City desde una posición estratégica imitando un video-juego al que estaba ‘enganchado’. Tampoco estaban allí esos padres cuando tiró tomates a un entrenador en Italia ni cuando salió a puñetazos con la seguridad de un club de striptease después de romper la regla que intenta evitar contacto de las manos con ciertas partes del cuerpo.

Nadie lo regañó al llegar a casa con una Vespa, un trampolín y un Scalectrix cuando sólo debía comprar una plancha, tampoco se le frenó al increpar a la policía e un control de seguridad llevaba 25.000 euros en el asiento de copiloto) ni cuando acudió a un juicio de la mafia siciliana debido a un crimen sexual. Sus padres no pudieron hacerlo entrar en razón cuando llegó a las manos (en cuatro ocasiones) con compañeros de equipo, cuando decidió lanzar la pelota lejos del césped estando delante del portero o cuando se llevó el Ipad al banquillo en un partido con la selección italiana. Desde luego, estaba solo el día que incendió su casa por jugar con fuegos artificiales y no recibió el ‘sermón’ necesario la vez que rompió la relación con su pareja en un programa televisivo en directo con un simple SMS.

‘Súper Mario’ es un mal compañero, un pésimo profesional y una nefasta influencia pero, de igual manera, ha entrado en una espiral de la que jamás podrá salir. Roberto Mancini intentó readaptarlo, reconvertirlo y tranquilizar su rebeldía irresponsable, pero ha terminado tirando la toalla y admitiendo que “si fuera compañero suyo en la plantilla, lo golpearía cada día”. Una faceta, la de entrenador, que en ningún momento activa una cláusula contra lo absurdo, lo desproporcionado y lo pueril, pero que el italiano quiso tomar prestada por compasión con su compatriota. Una decisión tan arriesgada como inútil que ha terminado hundiendo a ambos, ya con las maletas preparadas a la puerta del Etihad. Tanta es la sensación de despropósito en torno al delantero, que hoy ya no hay ninguna duda de que por muchas que sean sus cualidades, su aportación al Manchester City está muy por debajo de su auto-estima, nómina e incompetencia. Y por ende, también conlleva castigo en la selección italiana, donde Cesare Prandelli ha sido mucho más rápido en frenar a su caprichoso delantero, asegurando que se tendría que ganar su puesto cada semana en la selección, por más que estas amenazas no surtieran efecto en la pasada Eurocopa.

Y todo esto se traslada, como no podía ser de otra manera, a Milan. Los citizen dejan una plaza libre en su delantera para el próximo mercado y, además, se sacan al ‘polvorín’ de encima por 20 millones de euros. Quien arriesga a dar forma a un juguete destrozado por instinto natural, es san Siro, que en sus intentos por recuperar cierto prestigio y crédito en un año horrible, ha llevado a Galliani y Berlusconi a mover sus cifras para brindarles un fichaje mediático (que no salvador). Sin posibilidad de domar a la ‘fiera’ y con la pesadumbre de aplaudir la ineptitud, la conciencia ha renunciado a hacer horas extras. Allí donde la fruslería se cruza con la ley sin desenlace esperanzador, el juicio de la razón ha preferido evitar más disgustos pasando de largo. Allí, no hay conciencia. Allí, sólo hay silencio…

También te interesa: Mario Balotelli, el mal pensamiento del instinto

Síguenos también desde TwitterFacebook

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche