Histórico
17 diciembre 2013Jose David López

Darío Conca: China como herramienta exitista

Conca - Guangzhou

Fomentar fútbol. Labor inaudita en cualquier rincón de Europa. Pensamiento impuro en las calles de Sudamérica. Vocablo inexistente en la arena de África. No hay pelota que no ruede allá donde representa una pasión, donde se engloban sentimientos cada fin de semana, donde se repiten cánticos pese a precios crecientes y, desde luego, donde el discurso social no entiende su razón de ser sin la dosis mínima de fútbol. Hay excedentes a futuros profesionales de la pelota en cualquiera de estos contextos pero, pese a los tentáculos cada día más extendidos, aún subsisten escenarios inmaculados. Fronteras que priorizaron otras prácticas, otros valores y otros sentimientos. Fronteras, donde el balón rueda sin fluidez, sin energías, sin aptitudes, pero con la amenaza de llegar a explotar en algún momento.

China, donde 1200 millones de personas son capaces de mandar un robot que ‘pise’ la luna sin problemas, constituir la fuerza militar más potente jamás organizada o disparar la inflación de un bien básico como el agua hasta convertirla en la más valorada del planeta, ha sido igualmente drástica en las prácticas deportivas. Lucen en cada cita olímpica, en cada mundial y en cada exponente competitivo, donde muestran sus incomparables cualidades físicas y mentales. Son referentes en multitud de actividades y ejemplares en valores disciplinarios, pero sin la liberación, atracción y apertura de ideas desde el exterior, el fútbol nunca encontró razón de ser para sus aficionados. Por ello, hay miles de actividades, proyectos y ayudas internacionales para hacer progresar semejante potencial.

La Asociación China de Fútbol (ACF) ha puesto en marcha un plan de fútbol escolar en el que han participado millones de niños desde 2009. La iniciativa, organizada por la ACF y las instituciones locales, ha desempeñado un papel decisivo en el fomento del fútbol entre los jóvenes de todo el país. “En los cuatro últimos años, nuestro programa se ha extendido a 123 ciudades y toman parte 3 millones de chicos y más de 6.000 entrenadores. En los próximos seis años aspiramos a cubrir las 660 ciudades de China y el fútbol se convertirá indiscutiblemente en el deporte más practicado por nuestros escolares”. Esa visión de futuro tan optimista aun con camino por recorrer, fue divisada de antemano por Xu Yuajin, un empresario que se propuso hacer realidad el sueño de los que ya amaban la pelota. Compró el entonces modesto Guangzhou Evergrande, le ascendió y le cubrió de inversiones inteligentes en el mercado de fichajes, que propició una mejora notable en el campeonato. Pero en esa búsqueda deportivo-comercial, la mezcla de calidad-resultados-negocios, la refleja el lado opuesto, el lado ya futbolizado y las botas habilidosas del ya mito ‘chino’, Darío Conca.

No fue capaz de brillar en River, apenas se dejó ver en selecciones juveniles argentinas y fue la víctima más evidente del descontrol argentino

Conca - Fluminense

El argentino no ejercía ese papel de potrero, no había generado ninguna polémica personal y no había logrado repercusión entre sus semejantes. No era un bonaerense en la práctica, tampoco en su estilo y mucho menos en su carácter. Más silencioso que  gritón, más sencillo que agitado y más de corto que de largo, su capacidad con la pelota no pudo recibir merecidos aplausos en las plateas argentinas pese a alcanzar plaza en River Plate y hasta tener algunos partidos internacionales con la Sub 20 albiceleste. Llegó en mal momento al sitio menos indicado y fue solapado por la celeridad con la que se buscan éxitos y réditos empresariales en el fútbol de su país. Incapaz de querer imponerse a los obstáculos, no los afrontó, sino que buscó alternativas para muchos secundarios, para él, aliviadoras. Pese a seguir anclado contractualmente a los otrora ‘millonarios’, fue cedido a Universidad Católica, Rosario Central, Vasco de Gama y Fluminense, creciendo en valía sus minutos y acabando por demostrar en el fútbol del gran enemigo, que sus gambetas iban a encontrar merecidos elogios en el mismísimo Maracaná.

Y River lo malvendió, lo sacó de encima e cuanto ofrecieron alguna cantidad medianamente decente y le liberó de un pasado al que no quería aferrarse, sino desencadenarse. Sin fisuras en su memoria y con ambiciones renovadas, en Flu fue encontrando alegrías, embaucando a la torcida y evolucionando en su concepción, la de un ‘enganche’ sin hueco en el lugar donde ellos nacen pero con la estrella en el lugar donde ningún otro argentino fue capaz de asomarse con tal éxito. Darío acabó coronado como MVP del Brasileirao, levantó el trofeo en 2010 y pasará eternamente a los altares del movimiento Fluzao. No podía tener más aplausos, no podía tener más elogios, no podía tener más defensores hacia sus cualidades.

Pero sí podía tener una mejor remuneración y, pese al contexto casi idílico donde colocó al Tricolor Carioca, no pudo negar una operación mastodóntica que le colocaba como Jugador Mejor Pagado del mundo gracias al deseo inversionista del Guangzhou Evergrande. La aureola estelar que lo cubría en Brasil, había atravesado estigmas históricos y, sobre todo, destrozó los financieros, porque el fútbol de un país terciario en facetas balompédicas, lo convirtió en horas en el referente de todas las listas que aloran la audacia salarial de los futbolitas Top. Entre ellos, en lo más alto, en la cúspide, se colocaba la extraña mezcla de un ‘brasileño’ (la mayoría de personas ignoraba su origen argentino hasta ese momento) y un club chino de nombre casi impronunciable. 12.5 millones de euros por temporada y un campeonato que luchaba contra las interminables penas judiciales por apuestas ilegales, eran su nuevo alojamiento.

Lo que Argentina no le dio, lo que Brasil solo le mostró, lo está ganando tanto deportiva como económicamente en el Guangzhou. China ha sido su trampolín histórico

Xu Yuajin, dueño del Guangzhou, prometió ser el campeón de la Champions Asia en un plazo de 5 años. Hoy, Conca se ha convertido en el principal referente de su fútbol, de ese sueño y del club que reivindica el papel chino en el continente. Una contradicción a ojos competitivos, pues mientras China ha sido incapaz nuevamente de pelear por puestos mundialistas y decepciona drásticamente en cada fase, el club que abandera su potencial idea de expansión mundial, sí ha logrado ser protagonista en un plazo mucho más corto de lo estipulado. “Hemos conseguido el reto en 3 años, hemos superado barreras históricas y hemos logrado levantar títulos impensables”, decía Conca esta semana, cuando ganaban al Al Ahly egipcio (con un gol suyo) en la primera ronda del Mundial de Clubes y reflejaban así su carácter mítico como club más poderoso-capacitado de la historia del continente asiático (al menos en resultados, ya igualan cualquier antecedente previo).

Conca ha dado identidad, convicción e ideas positivas a un fútbol chino que seguirá su camino progresivo. Pero lo que no imaginó el ‘brasileño’, es que un día, China le iba a convertir en el jugador más famoso por sus alegrías bancarias y en el primer sudamericano en rozar la cima del Mundial de Clubes desde la perspectiva menos referencial del planeta. Será su último objetivo antes de terminar contrato (volverá a Brasil para sacar al Fluminense del caos actual tras el descenso) y empequeñecer sus ambiciones. Porque lo que Argentina no le ofreció y lo que Brasil le mostró, acabó por conseguirlo allí donde la pelota no fluía hasta su llegada. China, el fútbol y la herramienta exitista.

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