Histórico
25 noviembre 2013Francisco Ortí

Villarreal: La venganza del Submarino

Cuando Pierre-Jules Hetzel recibió en su despacho el manuscrito de Veinte mil leguas de viaje submarino se negó a publicarlo. Le perturbaba el personaje del Capitán Nemo y su sed de venganza. Hetzel no concebía un personaje de una naturaleza tan violenta como el que había creado Jules Verne, hasta el punto de que se puso en contacto con él para reclamarle que lo retocara. El editor francés, de marcadas convicciones pacifistas, quería que Verne eliminara el odio que sentía el Capitán Nemo contra la humanidad y mitigara su constantes deseos de venganza. Lo que no sabía Hetzel es que el Capitán Nemo era Verne y éste no estaba dispuesto a retocar ni una sola línea que le restara personalidad a su alter-ego literario. “Suponga nuevamente que seguimos la primera idea del libro -explicó Verne- un señor polaco cuyas hijas han sido violadas, la mujer asesinada a hachazos, el padre a golpes de knut; un polaco cuyos amigos perecen en algún sitio y cuya nacionalidad va a desaparecer de Europa merced a la tiranía de los rusos. Si tal hombre no tiene derecho de hundir fragatas rusas allí donde las encuentre, entonces la venganza no es sino una palabra vacía“.

La sed de venganza era el motor que movía el submarino del Capitán Nemo y algo similar le sucede al Submarino Amarillo de Marcelino García-Toral. Al igual que el Nautilus, el Villarreal se ha visto obligado a descender 20.000 leguas y sumergirse en las profundidades del fútbol español después de que haberse acostumbrado a vivir en lo más alto, pero hoy está de vuelta y demostrando que nunca debió marcharse de la élite. Sus excelentes números no admiten discusión en ese sentido. El Villarreal ha comenzado la temporada presumiendo de un brillante estado de forma y se ha consumado como el candidato más firme a acompañar en la Liga de Campeones a la Santa Trinidad que configuran Barcelona, Real Madrid y Atlético de Madrid. Con los rojiblancos convertidos por derecho propio en la tercera cabeza de Cerbero, el cuarto es el considerado como campeón de la bautizada por José María del Nido como la ‘liga de los humildes’, en la que los castellonenses con los grandes favoritos.

El mérito del Villarreal, ya de por sí enorme, se agiganta por tratarse de un equipo recién ascendido, aunque cueste asimilarlo. Y es que el Submarino Amarillo todavía se encuentra recuperándose de su trágica temporada 2011-2012. “Gol del Rayo“. Esas tres palabras consumaban la peor pesadilla de El Madrigal. En el último minuto de la última jornada, el Rayo Vallecano le ganaba al Granada con un gol de Raúl Tamudo y abocaba al Villarreal al descenso a la Liga Adelante. Después de un año agónico, en el que se había firmado la peor actuación en Liga de Campeones de la historia (nunca antes un equipo había sido incapaz de superar ni un punto en la fase de grupos) y tres técnicos ocuparon el banquillo (Juan Carlos Garrido, José Francisco Molina y Miguel Ángel Lotina), el Submarino Amarillo perdía la categoría y afrontaba el peor momento de su historia. Nunca había caído desde tan alto. Un duro golpe, pero, sin embargo, tan sólo ha necesitado un año para volver al sitio que, por méritos, le corresponde. Aunque el purgatorio no resultó agradable.

Durante el año en la Liga Adelante el Villarreal también tuvo tres técnicos. Manuel Preciado era el elegido para devolver al equipo a la Liga BBVA, pero falleció antes de poder coger las riendas. Julio Velázquez, formado en la cantera, fue su sucesor, pero los malos resultados le condenaron a la destitución. Tuvo que ser Marcelino García-Toral, experto en reflotar Titanics (ya lo hizo con el Zaragoza) quien encontrara el camino de vuelta. Con un equipo formado por la base de jugadores del descenso (Musacchio, Bruno Soriano, Senna y Cani)  el Villarreal logró el ascenso directo. Apenas un año después, las lágrimas de El Madrigal y los gritos de su afición contra los jugadores, se transformaron en aplausos. Y el regreso ha sido a lo grande. Después de catorce jornadas, el equipo ocupa la cuarta plaza con autoridad y está ofreciendo unas sensaciones inmejorables, protagonizando partidos contundentes como el que se ha vivido este fin de semana en el Ciutat de Valencia.

He pasado por momentos de dificultad, y pienso que gracias a eso es cuando más he aprendido” – Marcelino García Toral, entrenador del Villarreal

Con su victoria por 0-3 ante el Levante, el Villarreal suma ya 27 puntos y se confirma como la principal fuerza por quedarse con la última plaza española para la Liga de Campeones. Una de las claves del buen estado de forma del Submarino Amarillo es su particular Capitán Nemo, Marcelino García-Toral, a quien Fernando Roig ya ha renovado por dos años más. Después de haber salido del Zaragoza por la puerta de atrás, y estrellarse en el Sevilla, Marcelino había perdido gran parte de su prestigio, pero en el Villarreal lo ha recuperado. “He pasado por momentos de dificultad, y pienso que gracias a eso es cuando más he aprendido“, reconoce el técnico español. Él es el epicentro sobre el que gira un proyecto que cuenta con un excelente trabajo de despachos. El Villarreal ha sabido armar un equipo a bajo coste y respetando la filosofía del club. Para ello han llegado refuerzos de los descendidos Giovani Dos Santos y Tomás Pina o el olvidado Sergio Asenjo. Ahora son referentes en la Liga BBVA.

Aunque la base del equipo son los jugadores formados en las categorías inferiores del Villarreal. El club castellonense siempre ha cuidado su cantera y Marcelino ha creído en esa labor dando confianza en el primer equipo al producto del mismo. “El club hace una fuerte inversión en cantera, ya que confía ciegamente en ella -explica Marcelino-. Pienso que si en un equipo hay mucha gente de la cantera se genera un espíritu y un vínculo positivo dentro del primer equipo. Me he criado en un conjunto de cantera, como el Real Sporting de Gijón, y el hecho de crecer y formarme con esa idea no la he olvidado. A mí y a mi equipo técnico nos gusta trabajar con gente joven y la cantera tiene muchas cosas positivas para el rendimiento de un conjunto“. Bruno Soriano es el máximo exponente de esta política, pero también han pasado por categorías inferiores jugadores importantes como Hernán Pérez o Musacchio. Los resultados le dan la razón. El Submarino Amarillo ha salido a la superficie para vengarse, para pagar sus pecados, y al igual que el Nautilus está dispuesto a derribar a los busques más grandes.

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