Histórico
12 noviembre 2013Jose David López

Rumania-Stuttgart: Maxim, la irrupción del este

Maxim - Rumania 2013

Pretender robar el privilegio de aquellos habituados a convivir entre exitismo, es como matar a la reina para quedarse con la receta de las mieles más exclusivas. El manjar, sea en forma del líquido brillante más degustado del planeta o en forma de billete mundialista, es algo que hace mucho tiempo que no es capaz de disfrutar en su paladar el fútbol de Rumania. Y es curioso que una selección capaz de tener peso en los inicios futbolísticos (estuvo en los primeros mundiales de los años 30), decayera casi hasta la exterminación durante décadas. Siempre dejaron detalles en forma de iconos concretos en cada etapa, de mitos escondidos en su dictadura o de malabaristas capacitados para haber tocado el cielo en uno de sus habituales ‘sombreros’ con la pelota (Hagi, Bodola, Piturca). Pero no conocían nada parecido al éxito, … hasta la irrupción de los 90.

Es tal la sensación de ausencia que durante medio siglo vivió su selección en fases finales, que cuando las puertas se abrieron para la ‘generación de oro’ que conquistó contra natura la Copa de Europa del 86 (la del Steaua en Sevilla ante el Barcelona), la sensación no fue de volver, sino de presentarse, de aparecer, de salir al mundo. El fútbol se convirtió en su herramienta de exposición, en su escenario para mostrarse, en su escalón para auto-convencerse de que ellos también podían llegar a ser protagonistas. El momento cumbre de su existencia con la pelota en los pies fue 1994 (a pesar de estar en 1990 y 98), un Mundial de incalculable valor social que repercutió en la mirada del mundo hacia sus aptitudes. Hagi, Dumitrescu, Raducioiu, Popescu… Una camada histórica, la de la irrupción. Ahora, tras una nueva sequía de casi dos décadas, la oportunidad regresa con más humildad y con un ‘guante’ a balón parado, Maxim.

Veloz, habilidoso con ambas piernas, creciente a base de diagonales y desbordes pero, sobre todo, un peligro brutal a balón parado. Su capacidad de asistir le permite sumar 8 este curso y 6 en Bundesliga.

Jugador de 23 años, de aspecto menudo y físico que engaña, puesto que mide 1,78 y parece realmente mucho más pequeño, lo que habla de esa velocidad de movimientos, dinamismo e hiperactividad que le permite generar diferencias. Es un especialista en diagonales porque pese a haber dejado grandes centros y pases desde la línea de fondo con la pierna izquierda, casi siempre prefiere acabar decidiendo romper por dentro para disparar. No es un regateador puro, pero sí tiene lucidez para poder encarar rivales en carrera donde su ingenio le permite tener gran porcentaje de éxito, sobre todo cuando arranca desde más atrás, puesto que en velocidad punta para contragolpes, su frecuencia de zancada es más que interesante y así ha generado ya más de un penalti este curso. Y todo, porque además, maneja muy bien los cambios de ritmo en estas acciones, alterándo con ello el contacto de la pelota con las dos piernas.

Maxim - Stuttgart

Aunque su mejor aportación y aquello que más está sirviendo como alabanza de su actual momento dulce, es la gran precisión que maneja en asistencias, siendo sobre todo a balón parado un especialista. Centros medidos, pases muy bien ejecutados y nada menos que 8 asistencias en lo que llevamos de campaña (6 de ellas en una Bundesliga donde comparte este don de asistir nada menos que con Ribery). Esto le ha servido ya para que en su país, se le empiece a comparar con los grandes lanzadores de falta que atesoraron históricamente, algo que le ha otorgado mayor impacto y que llena de orgullo a Rumanía.

Y no es una carrera ni mucho menos previsible, pues sus primeros pasos con la pelota en los pies, no se corresponden con los habituales. Empezó jugando en el Piatra, un equipo humilde de su ciudad, al norte de Rumanía, dando el paso al Ardealul Cluj (no el Cluj más afamado, sino uno más modesto), cuando su familia buscó un mejor futuro en España, llegó a Barcelona y se unió al Espanyol. Pero lo que hubiera sido un trampolín perfecto, quedó en nada, porque no pasó de actuar unos años en el filial y ser cedido posteriormente al Badalona. Una ruta de más a menos. Una ruta devaluada. Un camino que no hacía prever un levantamiento drástico de no ser porque acertó al regresar a su país y empezar de cero ya con más experiencia y conciencia competitiva.

En muy poco tiempo, pasó de no ser importante ni en el modesto Badalona, a convertirse en internacional rumano y fichar por un clásico de la Bundesliga. Es la gran irrupción del fútbol rumano en la década

Aunque como su bandera , como su país, como el fútbol que tantas veces quedó solapado en el ostracismo, Maxim iba a renacer desde lo más profundo, para irrumpir con fuerza en un epicentro ideal. El Stuttgart, que durante los últimos años ha probado diferentes jugadores rumanos sin excesiva suerte o con acumulación de malas inversiones (Marica no acabó de brillar y Radu no se ganó ni méritos para ser valorado), siempre fue un club bastante ‘experimental’, buscando jóvenes con calidad que pudieran crecer en sus filas. Viendo la mejoría de Alexandru en Pandurii, donde sí tuvo minutos y relevancia durante dos cursos, apostó por su contratación. Habiéndole seguido en varios partidos internacionales, pues se había ganado ese salto, y en mitad de una irregularidad notable en dirección deportiva (cambios de entrenadores, mentalidad, resultados), alcanzaron un trato por 1.5 millones de euros en el mercado invernal de 2013. Ahora mismo, su valor al alza supera los 6 millones.

Obligado a una rápida adaptación a un contexto caótico por falta de identidad y en una peligrosa curva negativa, la aparición de Maxim sí fue importante para que el club lograra al menos redigigir su senda y entrara en posiciones europeas a final de curso. Su aportación fue más como rebulsivo que como titular, pero dejó algunos goles y detalles que le abrieron la titularidad desde la pretemporada de este pasado verano. Su progresión no ha parado de ser noticia desde entonces, siendo fijo en el esquema y habituándose ya a jugar a pierna cambiada en la banda izquierda del Stuttgart. Hoy, ya como uno de los chicos de moda de la Bundesliga, representa ese punto de esperanza para recuperar el prestigio del fútbol en Rumania. Y en esta semana donde, tras décadas, pueden volver a instalarse en una fase final, él aparece como la reencarnación del joven que reactivará el fútbol rumano como otros lograron hacer en el 94. Justo cuando Maxim nacía. Justo cuando se criaba la nueva irrupción del este.

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