Histórico
4 noviembre 2013El Enganche

La resurrección definitiva (?) del Valencia

Desde fuera de Valencia suele destacarse la exigencia de Mestalla. Se piensa que la valencianista es una afición que nunca está satisfecha. Sin embargo, esta temporada, el renovado viejo estadio del Valencia destila maniqueismo antes que insatisfacción. O está todo es perfecto, o todo es un desastre absoluto. Mestalla se encuentra cómodo en los extremos y durante el presente curso ese extremismo se ha llevado al límite. Lo que comenzó como un proyecto ilusionante de la mano de Amadeo Salvo, la ‘glovalidad’, Djukic y su gigante dormido, explotó en rabia y altercados violentos tras una abultada derrota ante el Swansea en Europa League. Tres victorias consecutivas disiparon las preocupaciones y resucitaron la ilusión. Aunque la línea positiva no duró demasiado. Después de sufrir dos tropiezos en Mestalla y encajar una goleada ante el Villarreal, el valencianismo volvió a estallar contra los suyos.

La derrota contra el Almería fue la que provocó que se tocara fondo. Mestalla disparó a discreción contra todos aquellos que consideraba culpables. Unos criticaban a los futbolistas y su escaso compromiso. Otros reclamaban la cabeza del director deportivo Braulio Vázquez, mientras éste, a su vez, recomendaba la destitución de Miroslav Djukic como decisión necesaria para provocar la reacción del equipo. El presidente, de viaje por Asia, optó por no hacer caso ni a unos ni a otros y aplazar la decisión hasta después del encuentro de este domingo frente al Getafe. Con este escenario crítico el Valencia se presentaba en el Coliseo Alfonso Pérez Muñoz. “Es el momento de bajar al barro“, fue la metáfora de Djukic para describir un partido que para él se había convertido en un ejercicio de funambulismo sin red. Cualquier tropiezo sería letal. De perder, sería destituido.

Para salvar su cabeza avisó que apostaría por currantes y no por señoritos. Así lo hizo y la estrategia le ha funcionado a la perfección. En Getafe, ganó el partido (0-1) salvó un match-ball y sumó tres puntos que le permiten ganar tiempo para culminar una reacción que se comenzó a ver este domingo. Ante los azulones, el Valencia de Djukic mostró algunas de las características que deben llevarle primero hasta un nivel de juego acorde con su plantilla y, después, a escalar las posiciones necesarias para apagar la crisis de fe. La primera clave fue la coherencia del mensaje de Djukic con la alineación que dispuso sobre el terreno de juego, algo que no ha sido habitual durante esta temporada. El serbio dejó en el banquillo a Hélder Postiga, Jonas y Canales y le dio la confianza a “currantes” como Pablo Piatti o Paco Alcácer. Ninguno de los dos protagonizó una actuación brillante, pero aportaron esfuerzo y sacrificio en grandes dosis.

El talento fue tarea del trivote que formaron Javi Fuego, Daniel Parejo y Éver Banega. El primero ejerció de guardaespaldas y los otros dos se dedicaron a crear. Djukic tenía serías dudas de que Parejo y Banega pudieran coexistir sobre en el centro del campo. Consideraba que no se trataban de jugadores complementarios, lo que abrió un intenso debate en Valencia. El serbio ha tenido que verse acorralado para unir sobre el césped a dos de los futbolistas con más talento y la mezcla ha resultado perfecta. Con Banega unos metros por delante de Parejo, los dos movieron los hilos del Valencia desde la medular y se encargaron de marcar el ritmo del encuentro. Una vez el Valencia se puso por delante en el marcador, los dos ayudaron en defensa y corrieron también hacia detrás, demostrando que ellos también de esa clase de “currantes” que necesitaba Djukic.

En ese grupo de currantes estelares también se incluye el nombre de Dorlan Pabón, quien por primera vez desde que llegara a Valencia dio señales de vida. El delantero colombiano aterrizó en Mestalla encarnando una infinidad de virtudes. El Valencia buscaba un delantero zurdo, rápido, con buen disparo desde larga distancia y que hiciera buena pareja con Hélder Postiga. Braulio Vázquez confió para representar ese papel en Pabón, quien no demostró poseer ninguna de esas virtudes durante sus primeras noches valencianistas. En Getafe por fin algo de lo que se prometía de él. Lanzó un latigazo desde la frontal que se coló por la escuadra. Un gol que vale tres puntos, pero que también puede significar el fin del bloqueo del colombiano. “Es importante para él, lo más importante es el trabajo que ha hecho para el equipo, y el gol, vive de ellos y es importante para él“, comentó Djukic tras el encuentro.

Como último detonador de la reacción es necesario destacar la seguridad defensiva a pesar de los miles de contratiempos que sufrió la zaga. Diego Alves se vio obligado a abandonar el partido por motivos físicos a los doce minutos y Vicente Guaita saltó al campo en su lugar. Jéremy Mathieu, por su parte, jugó gran parte del encuentro lastrado por una lesión. Pese a todo, la defensa, que el francés formó junto a Barragán, Ricardo Costa y Bernat ofreció una seguridad inusual de lo que llevamos de temporada. Mención especial merece Barragán, quien fue un puñal por su banda. Cerró a quienes intentaron atacar su flanco, y se atrevió a hacer daño en fase ofensiva. De este modo, el Valencia ofrece muestras de reacción. La duda es si se trata de una resurrección definitiva o un pico dentro de la temporada de extremos. Djukic se limita a invitar a la calma. “Ni antes éramos tan malos ni ahora fenómenos”, señaló Djukic. Palabras coherentes. Pero, independientemente, Mestalla exige más.

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