Histórico
10 noviembre 2013Jesús Camacho

Italia: Giuliano Sarti, la ‘papera’ más famosa del fútbol italiano

Hay profesiones en las que el error humano posee un nivel de relevancia y trascendencia profundo. Tanto, que el mero hecho de incurrir en ello, puede generar consecuencias tan graves que la negligencia profesional deriva en muchos de los casos en responsabilidades civiles e incluso criminales. Abogados, arquitectos, enfermeras, médicos, pilotos, y cualquier profesional liberal que haya cumplido de forma ejemplar con su labor durante años, pese a que posea un expediente profesional intachable, se expone cada día al error humano, y por ende, a la negligencia profesional. Y aunque el paralelismo que establezco en estas líneas ni mucho menos pretende equiparar a similar nivel de trascendencia un juego profesional con profesiones en las que se pone en juego la vida de las personas, si quisiera enfatizar que en el fútbol existen dos desempeños profesionales en los que (salvando con mucho las distancias) trabajan con el citado plus de peligrosidad: los árbitros y los porteros.

En referencia a los árbitros conocemos sobradamente las razones, cada fin de semana somos testigo de ello. Pero en lo que atañe a los porteros existen historias tremendamente edificantes y esclarecedoras sobre la injusticia que se comete, cuando aquel personaje beatificado y santificado por todos durante años, en un solo segundo acaba convirtiéndose en mártir de la posición más complicada de este apasionante juego. Son muchos los nombres que inundan mi memoria de injusticias, historias como la del mítico Luis Arconada, o el ‘maracanizado’ Moacir Barbosa. En esta ocasión, las líneas del recuerdo viajan firmes hacia la ciudad toscana de Castello d’Argile, aquella en la que un 02 de octubre 1933, nació Giuliano Sarti, uno de los mejores porteros italianos de su generación y protagonista de ese segundo de oscuridad, de una de las más recordadas “paperas” (pifias, errores increíbles) de la historia del fútbol italiano.

Y fueron apenas unos segundos de oscuridad en el desempeño profesional de Giuliano los que ensombrecieron la intachable carrera de un portero eficaz, sobrio y tremendamente seguro que dejó un imborrable recuerdo de color purpura, matices violeta de la Fiore y desenlaces neroazurros encontrados entre el éxito y la sombra de un sonoro fracaso. Aquella tarde de junio, aquella tarde de jueves, aquel primero de junio de 1967, la luz, el pábilo que sostuvo la llama de la vela que iluminó la carrera de Giuliano, quedó abrumada por la cera derretida de un grave error. Así en un solo segundo, quizás en tan solo unos pocos, el brillo de su brillante carrera vaciló, sumiéndose en una desesperada oscuridad que cayó a plomo sobre el Martelli, campo de Mantova en el que se disputó el último y decisivo partido de la temporada 1966-67. Y es que el Inter de Herrera lideraba la clasificación con 48 puntos, sacando uno a la Juventus, se enfrentaba a un viaje de aparente calma a Mantua, mientras la Juve afrontaba un desafío complejo en casa ante el Lazio, conjunto al que una derrota condenaba al descenso a la serie B.

Por ello aquel error fatal siempre será recordado como un episodio dramático acaecido ante 25 mil espectadores, todos testigos de aquella desgraciada jugada del minuto 49: Bedin pierde la pelota en el mediocampo, donde Beniamino Di Giacomo agarra el esférico y avanza por la banda izquierda, donde encara y supera a Picchi, defensa libre del Inter. Di Giacomo apura hasta la línea de fondo, donde un banderín de córner ondea con la brisa de un duro recuerdo y, envía un centro inofensivo, un globo, sobre la portería de Sarti, que en un blocaje sencillo, hierra incomprensiblemente. El esférico se le escapa entre aquellas firmes manos, que en aquel instante fueron lastimosamente blandas, convirtiendo el autogol posiblemente más doloroso de la historia de la Serie A.

Las imágenes del archivo fotográfico son esclarecedoras, sobran las palabras, en una primera instantánea se capta el fatídico segundo del error, de la “papera” y en una segunda la profunda decepción de un Giuliano Sarti inconsolable, llorando y dándose cabezazos con la madera vertical derecha sobre la que crucificó su carrera.  El encuentro finalizó con victoria del Mantova 1-0, mientras la Juve se imponía 2-1 al Lazio con tantos de Bercellino y Zigoni, que le dieron el decimotercer título a la Vecchia Signora. Aquel fatal error eliminó de un plumazo la excelsa y brillante carrera del portero de hielo, siempre serio y profesional, un guardameta con una clase y frialdad fuera de lo común, alejado en todo momento de la espectacularidad y demostrando ser un portero magnífico.

Descubierto para la leyenda por la Fiorentina, Sarti comenzó tardíamente en el fútbol, a la edad de diecisiete años, pero cuando lo hizo fue para revolucionar la posición de guardameta. Bajo palos su instinto se hizo grande, llegando a los veintiún años procedente de la Bondenese y, jugando nueve brillantes temporadas defendiendo el marco púrpura de la Fiore. Como dijo Sarti cuando llegó a Florencia en 1955 nació para el fútbol y, cuando conoció al Doctor Fulvio Bernardini (como le conocían sus jugadores) vio por primera vez el mar. Con él aprendió todo y ganó su primer campeonato de Liga en aquella campaña 1955/56, un título al que sumó un subcampeonato de Europa  en la temporada 56/57 (cayó en la final ante el Real Madrid), más una Copa de Italia y una Recopa de Europa en la temporada 60/61.  Posteriormente en el verano de 1963, Helenio Herrera le reclutó para el Grande Inter que marcó época y en el que vivió un sueño de cinco temporadas de éxitos hasta que aquella pesadilla de Mantova le hizo despertar. Consiguió dos Campeonatos de la serie A, las dos Copas de Europa citadas y dos Copas Intercontinentales.

Sarti fue el primer portero Italiano – y hasta ahora el único – en disputar cuatro finales de la Copa de Europa, perdiendo la primera (con la Fiorentina ante el Real Madrid), ganando dos (con el Inter de Milán contra el Real Madrid y el Benfica) y perdiendo la cuarta (de nuevo con el Inter contra el Celtic). Fue también, junto a Fabio Cudicini (Roma, Copa de Ferias), el primer portero italiano en ganar un trofeo internacional, la Recopa con la camisa color púrpura de la Fiore.

Como uno de los mejores porteros italianos de su arco generacional, sus escasas ocho internacionalidades fueron producto sin duda de la tremenda competencia existente entre los grandes porteros de la época como Enrico Albertosi, Lorenzo Buffon… Esta la historia de un gran campeón que dio lecciones de cómo desempeñar intachablemente su profesión, hasta que aquellos segundos de oscuridad, una desgraciada “papera” ensombreció su leyenda. Mucho más cuando pocos días después de aquel increíble error, Emilio Violanti, periodista de la Gazzetta dello Sport, predijo –“Ahora terminará en la Juventus, donde jugará un par de años y luego desaparecerá para siempre del fútbol de elite”.

Una predicción que se cumplió palabra por palabra, pues tras aquel terrible error firmó por la Juventus y tras dos temporadas, puso fin a su carrera en las filas del Unione Valdinievole de la Serie D. En cualquier caso y a mi juicio un halo de sospecha a todas luces injusto, pues no concibo que un portero de la grandeza de Giuliano arriesgara deliberadamente a ensombrecer el brillo de su leyenda con aquella legendaria y desgraciada acción, que no fue otra cosa que un error humano. Para muchos una negligencia profesional que derivó en una responsabilidad histórica de tal proporción que logró ensombrecer una de las más brillantes carreras de un portero de época. La evidencia de que los porteros, en un segundo, pueden pasar de ser santos de una afición que les encumbra, a mártires de una acción que les condena.

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