Histórico
21 noviembre 2013Jose David López

Borussia Dortmund-Bayern: Gotze, mirarse la cara

Klopp-Gotze 2013

Había llegado temprano, tenía cara de cansado y bostezaba con los ojos húmedos. No había podido dormir. Y esta vez no era por llorar cuando falló el penalti decisivo en el torneo dortmuner a los 13 años, ni tampoco por ser castigado al no acudir a clase para ver la apertura de la nueva tienda del club. Su rostro simbolizaba ilusión y esperanza, pero con los minutos y el libre pensar en la oscuridad de la noche, había multiplicado sus nervios, rebasando claramente el límite, ése que ya no le permitía sonreír sin tiritar. Horas antes de marcharse a la cama la noche anterior, en la casa de los Gotze, sonó el teléfono móvil de Jurgen, el padre, que respondió al ‘otro’ Jurgen, Klopp, quien quería conocer el estado del pequeño de la casa. Una semana de compromisos internacionales, poca actividad en el primer equipo y la necesidad de rellenar césped en las sesiones de entrenamiento, ofrecían una aspiración inmediata para el niño que a los 9 años ya se enamoró del amarillo BVB, que rompió zapatillas en las calles de Memmingen y que incluso dejó el instituto para cumplir su deseo de vida. Era su momento. Le llamaba el amarillo.

Tenía ganas de bostezar por temor, ganas de gritar por horror y ganas de vomitar por terror. No podía hacer ninguna de las tres cosas, aunque de haber podido, solo hubiera hecho una, y bien diferente… huir tan rápido como fuera posible. Con las patas temblando, entró el primero en el vestuario, miró alrededor y, buscando ánimos como todo ‘novato’, encontró una bota en el suelo. No sabía de quien era, la revisó, entendió que aquél bordado número 5 pertenecía al capitán Kehl y decidió no meterse en líos, dejándola donde estaba. El banco era largo y él, tímido, decidió colocarse en el extremo. Cauto y silencioso, se vistió con la torpeza de un niño. Apenas pudo atarse los botines y doblar las mangas de la camiseta, cuando escuchó un bullicio. En segundos, el vestuario estaba lleno de las estrellas que animaba cada semana. No habló. No molestó. Se acercó a un espejo y se miró de frente, quería respirar y afrontar el reto. A su espalda, Jurgen Klopp le llamó por vez primera. No lo olvidaría jamás: “Mario,  mírame a la cara. Mírame a la cara. No dudes en hacer lo que sabes. Hazlo, que te he visto”. Y pese a sudar como nunca, esos instantes fueron el estímulo necesario para acelerar el ánimo del Golden Boy. El show había empezado.

Klopp lo mimó y acabó creando un proyecto de futuro en torno a su figura. Pero Gotze falló a todos, dando prioridad a su carrera inmediata en lugar de apostar firmemente por quien le había convertido en estrella

Klopp, tan psicólogo como analista en cualquier detalle que pueda surgir en su vestuario, quiere tenerlo todo bajo control. Dicen que se sienta siempre mirando a sus jugadores a la cara, que jamás habla a ninguno de ellos sin retarles con los ojos y que siempre mide la concentración de sus chicos bajo ese prisma visual. Y es que los cánones de la materia, indican que si uno quiere atraer a alguien, hay que mirarlo o mirarla a la cara y sonreír. El pequeño Mario aprendió a comprender aquellas cargas motivacionales de su entrenador desde el primer día, sabiendo entender sus retos, logrando comprender sus deseos y rentabilizando cada una de las enseñanzas en tiempo record.  Desde que debutó justo hace ahora cuatro años con el Borussia Dortmund (ante el Mainz en noviembre y se ganó en el momento ficha de primer equipo), no tardó ni dos años en ganarse una renovación de estrella (pasó a cobrar 4.5 millones de euros), algo que no frenaría su trampolín. Ser el chico más talentoso, el de mayor proyección, el que técnicamente marcaba diferencias, el que llevaba la pelota cosida al pie y el que empezaba a romper el mercado comercial en el gigante germano, no podía vivir de amarillo. Y de nada servía que Jurgen Klopp ya le hubiera convertido en estandarte, hubiera creado una ‘banda ofensiva’ en torno a su figura (Reus-Lewandovski) y lo convirtiera en el foco más joven (superó a Uwe Seeler) de la historia en la nueva selección nacional.

El rol de dictador, de rey alemán y de millonario en ciernes, el ‘mundo Bayern’, no permitiría que la gran perla nacional no llevara sus colores ni su escudo, algo que solucionó con 37 millones de euros y una operación tan silenciosa como destructiva para quien pretendía establecerse en la élite. Un golpe de efecto que debilitó la identidad más sentida, el origen más romántico y los estamentos del club. No se marchaba un crack. Se marchaba, al eterno rival y sin poder impedirlo, el auténtico niño de oro de la cantera dortmuner. Una operación que arrastra infinidad de lecturas románticas e identitarias. Todas, abanderando la idea de filosofía juvenil, valores futbolísticos y prioridad por el producto criado bajo su custodia. Todas, abanderando la huida judaesca. Porque para un aficionado del BVB, no hubiera sido lo mismo mostrar incapacidad ante ofertas extranjeras. Pero jamás pensaron que su chico, su estrella, uno de los suyos, de los que se ha alimentado en el ‘odio’ muniqués, les hubiera vendido sus principios naturales, su hábitat cotidiano y su orgullo (cierto es que, por 7 millones de euros al año y por un proyecto deportivo sin comparación). El Westfalen no olvidará jamás…

“Será el partido más difícil de mi vida”, ha comentado este semana, evidenciando que el ambiente hostil del Westfalen recordará al traidor con todo tipo de mensajes. Gradas decepcionadas con quien era su ‘Niño de Oro’

Gotze - BayernDesde ese día, Gotze no existe en suelo amarillo. Aseguran que su padre ha pasado unos meses muy complicados (es catedrático de la Universidad de la propia ciudad), han quemado todo tipo de productos ‘gotzianos’ e incluso rebajan el precio a los osados que compren una camiseta del club con el nombre del ‘traidor’ para cambiarle por el del nuevo ‘enganche’ (el armenio Mkhitaryan). Hay que rentabilizar todo, hasta su adiós. Pero Mario, que aún no ha mostrado su mejor versión en el Bayern de Guardiola y que hace poco tiempo que ha empezado a entrar con regularidad en el sistema debido a molestias constantes,  regresará esta semana por vez primera a Dortmund.

“Será el partido más complicado de mi vida, pero fue mi decisión y tengo que afrontarla”. Como aquella mañana, le espera el vestuario, el mismo césped y, por supuesto, aquél instante donde el míster le cambió la vida con un discurso tan efímero como enérgico. Le temblarán las piernas, aunque los ánimos de entonces, serán los silbidos de ahora. Una traición de identidad, de origen, que nadie perdona en Dortmund ni en aquellas gradas de un Westfalen que le ofreció cobijo, que le mostró el camino y que le convirtió en estrella. Jurgen estará frente al espejo. Como hace 5 años. Como cada día en su mente. Sonreirá y buscará encontrar aquél instante que impulsó sus cualidades. Esta vez Gotze lucha contra su propia personalidad, contra lo que fue y contra lo que hubiera podido ser. Mario, mírate a la cara, es tu reflejo. A Klopp le aguantó la mirada. A sí mismo…

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