Histórico
18 octubre 2013David De la Peña

Roma: Rudi García, diseñador de equilibrios

Roma - Rudi García

Era enero de 1991 y la muerte de Dino Viola ponía fin a una etapa de éxitos para la AS Roma. Viola llegó a la presidencia en el 79 -después de haber pasado algunos años en la directiva-, y su primera decisión fue hacer volver al banquillo a Nils Liedholm. Los fichajes en los años sucesivos de Carlo Ancelotti o Falcao, y el asentamiento de valores como Bruno Conti llevaron al equipo capitalino a ganar un Scudetto, cinco copas de Italia, y a llegar a las finales de la Copa de Europa en el 83 y de la Copa de la UEFA en el 91. El adiós de Viola confirmaba el fin de una etapa, aunque lo cierto es que el periodo de desintegración de un equipo fantástico había comenzado antes. Por si fuera poco, el momento de convulsión en la entidad giallorossa se había acrecentado por el caso Lipopill, en el que Carnevale y Peruzzi se habían visto involucrados en un asunto de dopaje.

Fue el empresario y político Giuseppe Ciarrapico quien tomó el relevo en la presidencia, y su llegada supuso más leña en el fuego del caos. Apenas dos años después de que asumiera el cargo, Ciarrapico fue arrestado por el escándalo de la Safim-Italsanità. Era el momento de que un verdadero tifoso romanista -que ya había estado en la directiva del club en los años 70- regresase a casa. Nacía la época Sensi como cabezas visibles de la organización. El padre de Franco Sensi -Silvio- ya había tenido actividad en los primeros años de vida de la entidad, y le había inculcado a Franco el amor por los colores giallorossi. Ahora Franco iba a comprar la mayoría de las acciones del club y a ejercer de presidente. La etapa Sensi comprendió desde 1993 hasta que en 2011 Rosella -hija de Franco, fallecido en 2008- dejó el club. La era Sensi, sobre todo en la década de los 2000, fue de las mejores en la historia de la Roma, puesto que al Scudetto obtenido con Capello en el año 2001 hay que sumar seis subcampeonatos y dos Copas de Italia.

Rudi García y Totti - Roma 2013Dentro de la locura que ha envuelto por regla general a la sociedad y de unos últimos años donde la crisis financiera también azotó al club, se puede decir que poner punto y final a la etapa Sensi significaba una marca en la cronología de la entidad al nivel de la que supuso la muerte de Dino Viola. La especial agitación de la capital romana debía asumir lo que significaba que el poder del club pasase de aficionados a la Roma -lo que, con inevitables críticas a su gestión, eran los Sensi-, a inversores extranjeros. Un consorcio estadounidense formado por Thomas Di Benedetto. Richard D’Amore, Michael Ruane y James Pallotta se convirtió, junto a Unicredit, en el mayor accionista de la entidad. La ampliación de capital y los sueños de gloria vendidos por los nuevos dueños -Di Benedetto dijo nada más aterrizar que “la Roma era una princesa a la que ellos harían reina”-, hicieron que el impacto negativo por el aterrizaje de capital extranjero en la capital se suavizase.

El final de los Sensi y el principio de Di Benedetto fue identicamente caótico. Más técnicos e irregularidad que confianza y proyección a medio-largo plazo.

La nueva época romanista coincidía con el momento de profunda admiración que el mundo del fútbol le profesaba al FC Barcelona de Pep Guardiola. Luis Enrique, en el filial, había hecho un espectacular año en la segunda división española, y los nuevos dueños querían a toda costa aplicar los principios de la entidad culé a su nuevo proyecto. Así, el asturiano era el primer entrenador que iba a conducir la nave romana post Sensi. Lamela, Pjanic, Osvaldo, Stekelenburg, Borriello, Gago, Borini o Bojan fueron las principales de una larga lista de incorporaciones. Quizá la calidad de las compras estaba un poco por debajo del discurso promulgado, pero en cualquier caso se había producido una inversión cercana a los 90 millones de euros con el claro objetivo de llegar a la Liga de Campeones. La Roma acabó en la séptima posición, se quedó sin Europa y Luis Enrique abandonó la entidad. Los propietarios, lejos de escarmentar con la útopica idea de formar un mini Barça, decidieron que Zdenek Zeman, que venía de impresionar en la Serie B con el Pescara, debía regresar a la capital. Los resultados tampoco acompañaron, Zeman fue despedido y Andreazzoli, un hombre del club, acabó la temporada. El golpe más duro fue la derrota en la final de Coppa frente a la Lazio, que supuso no solo la pérdida de un título, si no el hecho de no jugar en Europa para que sí lo hiciera su máximo rival. El peor final para un proyecto que había comenzado con el aforo lleno para presenciar un opulento cabaret y cuyas luces se apagaban sin que el espectáculo hubiese concluido. La utopía, de repente, dio paso al pragmatismo.

Rudi Garcia leía en la sección internacional de los periódicos deportivos franceses la operación de compra de la Roma por inversores estadounidenses al mismo tiempo que recogía los corchos del champagne que decían que su Lille había sido campeón de Francia unos meses atrás. El campeonato fue una sorpresa en cierto modo, aunque el momento de decadencia del Lyon y la lejanía de aquel PSG con respecto a lo que es hoy día hacían posible una sorpresa de este tipo. Aquel Lille tenía, sin duda, ciertas similitudes con la actual Roma. El equipo se disponía en un 4-3-3 parecido al romanista, con dos laterales que influían en ataque -el mejor Debuchy se vio con Rudi-, un medio campo con roles muy bien definidos -Mavuba como pivote, Cabaye como interior de apoyo y Balmont como interior de recorrido-, dos extremos para transitar a una velocidad de vértigo -Gervinho y Hazard-, y un delantero centro en estado de gracia como Moussa Sow. No era un equipo demasiado imaginativo, pero sí eficaz y diseñado con mucha coherencia.

Un 4-3-3 muy equilibrado, defensivamente espléndido y con libertad para sus figuras, ha generado el mejor arranqie liguero de la hstoria de la Roma. Rudi García era el hombre

Gervinho - RomaEs decir, la salida lavolpiana de Luis Enrique y el verticalismo indiscriminado de Zeman dejaban paso a un técnico que había hecho mucho menos ruido, con unos métodos más básicos y que cortaban de raíz con las ideas de Pallotta y sus hombres. Por primera vez, los gastos iban a ser inferiores a los ingresos -la previsión presupuestaria incluía clasificación a la UEFA Champions League, ni que decir tiene lo que significaba ni siquiera ir a Europa-, y se produjeron ventas importantes. Lamela, Osvaldo y Marquinhos habían dejado en las arcas unos 80 millones de euros, y las compras de Benatia, Strootman, Gervinho y Ljajic rondaban los 50. La comunión estabilidad en el mercado -los fichajes están rindiendo de escándalo- y la mano de Rudi están causando sensación en la capital. Garcia ha llevado a Roma la idea de su Lille campeón. Un 4-3-3 vertical, con roles definidos y en el que las dos banderas del club -Totti y De Rossi- tienen un papel protagonista.

Nada hacía presagiar que tras dos años de indeterminación, compras y ventas a discreción y muy poca fiabilidad, Rudi Garcia iba a caer con tan buen pie en la AS Roma. Sin embargo, después de 7 partidos, el club ha hecho pleno de victorias -21 puntos-, ha marcado 20 tantos y ha recibido tan solo 1, lo que significa el mejor arranque en toda la historia de la entidad. Este viernes tiene una prueba de primer nivel en el derby del Sol frente al Napoli, uno de los mejores equipos que en la actualidad hay en Italia. La temporada y una plantilla corta pueden hacer rebajar la euforia, pero lo seguro es que, en octubre de 2013, la sensación es  que la era post Sensi ha encontrado, por fin, el camino correcto.

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