Histórico
13 octubre 2013Jesús Camacho

Ramón Unzaga: Crónica blanca de la ‘chilena’

unzagaLas palabras son sabias e inmortales, inagotables fuentes de conocimiento, asociaciones de letras que tras su mágica morfología esconden verdaderas escuelas iniciáticas. Un bello vuelo semántico y genealógico que posee la dualidad de humanizarnos y acercarnos a la genialidad. Con ella llegamos a la creación, a la visión del artista, a la literatura, a la ciencia, a la historia y al recuerdo. Y a través de ella trepamos por el árbol del conocimiento para rebuscar entres sus verdes hojas los archivos de nuestra historia. Viejos archivos en los que guardamos polvorientas crónicas blancas que aguardan pacientemente el momento en el que alguien rescate una historia perdida en la rama del olvido.

Historias como la de Ramón Unzaga Asla, rescatada por Eduardo Bustos Alister y contada a través de una certera crónica, palabra esta derivada del griego kronika biblios. Libros que siguen el orden del tiempo, la perfecta narración de unos hechos que siguen el orden temporal en que ocurrieron, contada a menudo por testigos presenciales, contemporáneos o familiares directos, ya sea en primera o en tercera persona. La historia detallada y los recuerdos transmitidos de generación en generación, en este caso de un hombre que quiso trascender su propia individualidad y llevo a cabo su proyección creativa en una actividad deportiva. En aquel football de antaño de “kick and rush” en el que solo algunos elegidos desafiaron a la ortodoxia a través de la improvisación, al igual que en casino epoca y la invención con acciones por las que han pasado a la posteridad.

La crónica blanca de un deporte llamado football que inicia su travesía por mar, viaja con vientos ingleses, atravesando el Cabo de Hornos para llegar a Chile, atraca en el Puerto de Talcahuano, echa raíces en la región de Bío Bío y germina con fuerza por todo el país. Aquel país, aquella octava región y aquella angosta y larga faja de tierra en la que se asentaron genes y familias de origen vasco, entre las que llegó un adolescente bilbaíno llamado Ramón Unzaga Asla. Joven vasco y Talcahuano de adopción que tras concluir sus estudios primarios comenzó a trabajar en el departamento de contabilidad de la mina Schwager, gran productora de carbón que abastecía a casi la totalidad del consumo del país.

Cultivado en el lenguaje, con grandes inquietudes vitales y deportista empedernido, que despuntó sobremanera en el atletismo, el boxeo y la natación. Un chico que podría haber destacado en cualquiera de estas actividades pero que eligió el football para pasar a la historia. Y que posiblemente eligió este deporte para ello porque era el que practicaba con más pasión desde que allá por el año 1912 fue descubierto por una delegación deportiva de Talcahuano (el equipo del Primer Puerto Militar de Chile), que lo integró a la “Escuela Chorera” a la edad de 18 años. En definitiva un decatleta en potencia que desplegó todo su ingenio y fortaleza en el football y que como definió su hijo Ramón Unzaga Zapata, fue un pije bien vestido de pies a cabeza y un poco ligero de genio, por su descendencia vasca.

la-chilena-101Forjado en la “Escuela Chorera”, escuela iniciática de un football chileno amateur por entonces dominado con autoridad por el Club Atlético y de Fútbol Estrella del Mar de Talcahuano, legendario equipo -del entrenador uruguayo Juan Bertone- en el que este medio zaguero efectuó su proyección creativa y atlética. Una espectacular jugada contemplada por primera vez en enero de 1914, sobre el césped del viejo estadio “El Morro de Talcahuano” en el que los aficionados quedaron deslumbrados ante aquella acción del joven talento chorero. Una acción en la que Unzaga efectuaba un golpeo al balón en el aire por encima de su cabeza y a espaldas al defensor contrario, formando un ángulo de 90 grados con la vertical, una maniobra espectacular y deslumbrante que arrancó numerosas exclamaciones de admiración entre el público asistente. Como yo digo todo un lujo para aquella y todas las épocas, puro espectáculo.

Esa espectacular y bella acción bautizada en un primer momento como la “Chorera” dado el origen Talcahuano del futbolista vasco chileno. Conocida de esta forma en Chile hasta el sudamericano realizado en Buenos Aires, Argentina año 1916, pero rebautizada y oficializada por la prensa argentina como “Chilenita”en la justa sudamericana realizada cuatro años después en la ciudad de Viña del Mar. Cita en la que este insigne decatleta de las huestes del Club Atlético y de Fútbol Estrella del Mar, trascendió al pobre desempeño de su selección gracias a su jugada, de la que fue testigo Viña del Mar. La proyección creativa de un atleta genial sobre un objeto llamado balón que a partir de ese momento se expandió por todo el planeta. El desafío a la lógica, a la fuerza de gravedad de un futbolista que recibió varias propuestas para jugar en el extranjero, pero que fue fiel a la entidad de sus amores, como un

Esa entidad radicada en Talcahuano, a 531 kilómetros de Santiago de Chile, en la que Unzaga creó escuela. Donde fue protagonista de crónicas que desgranaban anécdotas surgidas entorno a su espectacular creación. Como la datada del 30 de diciembre de 1918, y rescatada del diario “El Sur de Concepción” que cuenta la anécdota vivida y contada en primera persona por Ramón tras un clásico disputado entre las selecciones de Talcahuano y Concepción: “En dos ocasiones el árbitro me cobró falta por un salto de lujo que daba a fin de rechazar la pelota (era medio zaguero) alegando que fouleaba al jugador contrario del Río. Este mismo jugador se aprovechó de mi jugada y el árbitro me cobró para colmo, a mí la falta. Me ví obligado a observarle al árbitro su error, alegándole que reconocidos jueces no me la habían penado. Siguió después un cambio de palabras que trajo por resultado la orden del Sr. Beitía (el árbitro) para que abandonara la cancha. Me negué a salir de la cancha para “arreglar cuentas” Lo hice y al lado afuera de élla tuve con el señor Beitía un cambio de bofetadas”.

Para mí, esta última, la crónica con la que quiero cerrar esta historia, la prueba fehaciente que corrobora los hechos y pone cierre a esta pretendida crónica blanca trazada en al aire, una inverosímil chorera, tijera, fallrückzieher, ponta pié da bicicleta, overhead kick, ciseaux retorune o chilena que siempre tuvo el copyright a nombre de un vasco chileno apellidado Unzaga Asla, y llamado Ramón, uno de esos embajadores del fútbol que de forma injusta han permanecido años perdidos entre las ramas del olvido.

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