Histórico
6 octubre 2013Jose David López

Milan: Harvey Esajas, hacer posible lo imposible

Harvey Esajas - Milan

Tecnología punta, avanzados sistemas de desarrollo y horas acumuladas en el césped. La aureola competitiva que engloba al fútbol actual exige un control estricto a los jugadores, que han dejado de ser deportistas para convertirse en pequeñas máquinas adaptadas a exigencias. Retos y objetivos incomparables en otra época. Hoy, muy pocos futbolistas alcanzan el sueño de la profesionalidad únicamente con sus cualidades técnicas o con envidiable físico. Sí hay excepciones talentosas porque el fútbol ansía espectáculo desequilibrante. Y también algún cuerpo escultural que puede haber logrado óptimo rendimiento pese a evidentes lagunas técnicas. El ‘milagro’ de conseguir esa meta sin ninguna cualidad aparente, desde el más absoluto de los anonimatos y con la fiel compañía de su torpeza, sólo está al alcance de un mito vintage: Harvey Esajas.

Nunca fue el más rápido de la escuela, tampoco el más avispado en sus decisiones y ni tan siquiera ocultaba su lozana fisonomía. Pero ese perfil singular, alejado de todo deportista de élite conocido, puede mostrar con orgullo las camisetas (entre otras) de cuatro de los campeones de Europa más gloriosos de la historia. En todos ellos tuvo su minuto de gloria y aunque nadie podrá recordar sus goles, pases o celebraciones, este holandés de origen surinamés se vistió de corto para representar al Ajax, Feyenoord, Real Madrid y Milan. En todos sintió la sensación de tocar techo, de no estar a la altura y de dedicarse a otra cosa, pero tenía un amigo influyente y perspicaz. Un tal Clarence Seedorf.

Lo aprovechó, mimó y exprimió al máximo desde el día en el que consiguió acceder a las categorías inferiores del Ajax. Allí se conocieron, allí entablaron amistad y allí se inició un largo recorrido entre dos amigos unidos por sus orígenes (recordamos que Seedorf también es de Surinam, Paramaribo) y el fútbol. Uno iba a convertirse con los años en el único jugador capaz de levantar la Champions League con tres equipos diferentes a base de talento, inteligencia y una ilimitada profesionalidad que le permite tener aún hoy pies desequilibrantes y una mente privilegiada para marcar diferencias. El otro, simplemente aprovechó el gran entorno de vinculaciones que siempre arrastraba su amigo para ganarse la vida, esa que nadie hubiera podido imaginar dentro del escenario futbolístico.

Harvey apenas pasó unos años en las categorías inferiores del Ajax lo justo para ser un íntimo y fiel escudero de Clarence) y ni tan siquiera fue capaz de debutar en el primer equipo, pero el haber pasado su esbelta figura por el universo ajaccied, fueron suficientes para que el Anderlecht también lo probara durante unos meses. Con idéntica decepción, su debut como profesional en la Eredivisie no iba a estancarse y antes de llegar a la veintena, contratado por el Feyenoord, se vistió de corto en De Kuip. Lo repetiría ocho tardes, las mismas que la afición local criticaba su pasado ajaccied y arremetía contra su falta de capacidad. Tanto, que hasta en las gradas se mofaban de la decisión de la directiva de haberlo contratado con cánticos que nunca merecerían ser aquí recordados y que sumaban insultos por haber roto la mandímula a un compañero en la pretemporada. Esos datos escasos, mínimos y ridículos (un solo gol oficial al primer nivel) para tres campañas como feyenoorder, le abrieron las puertas de salida y Esajas acabó un año más en el Groningen para disputar apenas nueve partidos más.

Su incansable búsqueda de oportunidades era significativa, proporcional a su notable falta de aptitudes futbolísticas. Algo que por primera vez le iba a encaminar a las catacumbas, pasando varios años en clubes modestísimos como Cambuur y Dordrecht. Por aquél entonces, desesperado por su anonimato y con problemas para mantener la moral, llamó a su gran amigo Clarence, que ya era una estrella en el Real Madrid. Habría que preguntar a cambio de qué o cómo lo logró, pero lo cierto es que semanas más tarde, Harvey estaba en la capital madrileña, vestido de blanco y acompañando ese proyecto medio irónico con jugadores de dudosa credibilidad como Congo, Baljic o Magallanes. Sólo así se explicaría que Lorenzo Sanz hiciera hueco en su vestuario al mismísimo Esajas, que nunca actuaría con el primer equipo pero que sí lo hizo con el filial madridista en ocasiones concretas (no existen datos oficiales a mi alcance). Eso sí, siempre ‘mantenido’ económicamente por su gran amigo, un Seedorf que le buscaba equipos, le había otorgado un entrenador especial y le proporcionó casa propia.

Cuando el bueno de Clarence salió del Bernabéu rumbo a Milán, su ‘obra milagrosa’ no pudo mantenerse de blanco y le tocó volver a toparse con el infierno. Se le vio en Zamora o Móstoles, pero sin saber de él durante un tiempo, las aventuras lo llevaron de regreso a sus orígenes, concretamente al modesto Transvaal de la Liga de Surinam. Se dice que trabajó como friega-platos en un restaurante de la ciudad e incluso hay seguridad de que durante unos meses estuvo actuando en un circo, pero fue en ese instante cuando Seedorf quiso saber dónde andaba para volver a repatriarlo a sus cercanías. Con 100 kilos a cuestas, absolutamente desfondado y las botas rotas, se presentó a dos pruebas con Fiorentina y Torino que le había logrado su gran amigo. Visto su fracaso estrepitoso, completó el círculo de milagros imprevisibles para hacerle hueco en el mismísimo Milan, tras haber hablado de su situación especial con Carlo Ancelotti. Y al contrario de lo que podría parecer, en San Siro, vivió el momento más importante de toda su rocambolesca carrera cuando disputó cinco minutos de un partido de Coppa ante el Palermo (junto a Seedorf en el césped).

Fue el sumun de lo irónico, de lo impredecible, de lo imposible y de lo absolutamente enorme que es este deporte. Su momento de gloria, enigmático e irrepetible. Equipos menores como Legnano y Lecco le harían un hueco en divisiones inferiores antes de jubilarse definitivamente. Era el broche para colgar unas botas que nunca brillaron pero también, para analizar la heroicidad de un jugador tan torpe como sincero: “Mi historia es la de un hombre que hizo posible lo imposible” (gracias a Seedorf).

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