Histórico
21 octubre 2013Jose David López

Milan: Centímetros de vesania bajo palos

La foto de una niña con vestido claro, piel oscura y una mirada pícara rodeada de soldados italianos. María Vittoria Aradam, la hija de Ayudante mayor de la milicia fascista, dejó que la fotografiaran en plena batalla y esa estampa, publicada poco después en “La Nazione”, fue la excusa inspiradora del cantante romano Giuseppe Micheli. Su consecuencia, la Faccetta Nera, el himno fascista italiano. Hoy, la canción representa los ideales del régimen totalitario que impuso en los años 20 Benito Mussolini, una sintonía que puede escucharse por ejemplo, en el móvil de Christian Abbiati.

El portero del Milan siempre ha defendido sus ideas políticas, admite abiertamente lucir dos bustos del líder fascista en su salón y no oculta que comparte los ideales de Patria, la defensa de la religión católica y la capacidad de asegurar el orden-seguridad a los ciudadanos a través de este conflictivo movimiento ideológico. Sensaciones automatizadas en su personalidad que lo llevan a votar al partido de extrema derecha “La Destra”, (Buffon o Di Canio ya sufrieron recriminaciones por ello). Un ejemplo más de la inestabilidad a la que parece estar condenada la portería de San Siro, territorio hostil para la concordia y creador interminable de personajes esquizofrénicos bajo palos.

Uno de los mejores guardametas que han pasado por Milan fue Giovanni Galli, eclipsado por la brillantez de los holandeses en los años gloriosos de Sacchi, ganó las Copas de Europa de 1989 y 1990 pero también dejó su sello político en suelo rossoneri. Defensor ultranza de sus posturas en el vestuario milanista y muy amigo del presidente Berlusconi, ahora es el líder de la oposición en el Ayuntamiento de Florencia y candidato a la alcaldía por Il Popolo della Libertà (partido del propio Silvio Berlusconi). En su primer intento no logró la victoria (cayó con un 40% de los votos), pero lejos de rendirse, el ‘Águila voladora’ (como le conocían los tifosi), sigue luchando en pro de sus principios.

El sustituto de Galli en la portería de San Siro fue el enigmático Sebastiano Rossi, al que muchos analistas tacharon de profesional sin cualidades para su trabajo pero con la suerte de haber estado rodeado de los mejores jugadores en su día. Campeón de Europa en 1994, tal fue su imprenta, que hoy es entrenador de porteros en las categorías inferiores de Milanello. Se dice que Sacchi jamás pensó en él como un valor, sino como una solución de emergencia con muchos centímetros (1.98). Su vida es un rocambolesco árbol genealógico futbolero porque su cuñado es Alberto Fontana (ex portero) y las esposas de ambos, a su vez, son hijas de Sidio Corradi (ex capitán del Genoa años 70). Al parecer, un ‘filtreo’ de una de ellas con un extraño en Cesena hace unos años, le obligó a mostrar su cara violenta, soltando alguna agresión inoportuna a un policía en un bar de no muy buena reputación en la ciudad. Aún espera castigo judicial.

Mucho antes, por San Siro, había pasado Fabio Cudicini (padre del hoy portero del Tottenham), famoso en su época por lucir larguísimas medias negras. Años de estudio, derivaron en que padecía una enfermedad de piernas filiformes, extremadamente delgadas y muy frágiles para actividades deportivas. Un reto inimaginable teniendo en cuenta sus dos décadas de brillante trayectoria y su altura, dato que debilitaba aún más sus heroicas piernas. Precisamente la altura es lo que parece haber orientado a la dirección deportiva del Milan para elegir sus guardametas porque ninguno de los anteriormente citados baja de 1.90. El singular gigante australiano Kalac (2.02), Flavio Roma (1.92) o un Dida (1.96) que también dejó ver su locura transitoria en una noche de comedia en Celtic Park, no bajaron el nivel de esta larga lista de esquizofrénicos.  Con o sin Faccetta Nera, la continuidad está asegurada en San Siro, epicentro de personajes dentro y fuera del campo.

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