Histórico
2 octubre 2013Jose David López

Leverkusen: Hyypia y el matrimonio de compromiso

Hyypia y Lewandowski - Leverkusen

Dos gritan. Dos corrigen. Dos interpretan. Cuatro ojos para divisar, cuatro manos para aleccionar, cuatro orejas para no perder la esencia. Marcan el rumbo a seguir, acumulan detalles a analizar, idean estrategias para ser más certeros y organizan cada detalle hasta la más mínima consecuencia. Todo debe fluir, se exige un entendimiento-confianza mutua sobre la otra persona pero, sobre todo, una ideología profesional impenetrable a prueba de cualquier tentación exterior que ponga en riesgo el organigrama completo del club. Podríamos estar hablando de una pareja romántica, de una relación amorosa o incluso de un acto de superior categoría y, en parte, lo hacemos. El fútbol también ha permitido observar desde el banquillo como dos entrenadores guiaban a sus jugadores conjuntamente, con la unión inseparable que una pelota les exigía y las premisas básicas de quien conoce a su símil como a sí mismo.

No hay demasiados casos, sobre todo en el fútbol profesional, donde la función de entrenador sea compartida (el último que recuerdo es el de Suecia con Soderberg y Lagerback antes de que este último tomara el mando en solitario). El ego y carácter de cada uno de ellos debe ser similar, las funciones idénticas y, sobre todo, ninguno debe sobrepasar al otro en cualquier término. Esos ‘experimentos’ de vestuario, tienen un riesgo evidente pero algunos nacen por pura necesidad administrativa e institucional. Un ex jugador con fama que acaba de retirarse en tu club y al que puedes ofrecer un contrato no excesivamente alto para que empiece su carrera como técnico pese a que no se registró oficialmente como tal. Mientras la acreditación necesaria para sentarse en el banquillo llega, es una segunda persona de menor rango social, menos enfocado y de mayor relevancia en la cantera del club, quien puede poner el ‘papel oficioso’. Ese matrimonio por conveniencia, nació, creció, enfermó y finalizó en apenas unos meses en el Bayer Leverkusen actual.

Existen pocos ejemplos de entrenadores con el mismo cargo y mando en el fútbol. Menos aún que hayan terminado bien…

Desde que Klauss Topmoller dejara el club en 2003 tras dos campañas multiplicando los verdaderos objetivos del club (fue quien le hizo luchar hasta la final de la Champions y la última jornada de la Bundesliga), no ha existido regularidad. Demasiados cambios (ocho técnicos en diez cursos), destruyeron aquellas sensaciones hasta que Jupp Heynckes revitalizó las energías del club, estableció un modelo de juego como patrón y recuperó al club moralmente tras varios años debilitado. Tras su partida y el mal intento con Robin Dutt (ahora director deportivo de la selección alemana), la directiva innovó y apostó por la táctica del ‘matrimonio’ entre un ex jugador recién retirado en su club y un joven entrenador que puede aportar las cábalas organizativas de la entidad: Nació el dúo Sami Hyypia y Sascha Lewandowski.

Sin embargo, los roles nunca estuvieron excesivamente definidos. Siempre juntos, en el vestuario, en el banquillo durante los partidos y en cada entrenamiento, pronto empezaron a surgir preguntas. Lewandowski aportaba la oficialidad de sentar a un entrenador registrado como tal en Alemania mientras Hyypia era la voz de una experiencia vital tras décadas aglutinando sensaciones en el fútbol de élite. La primera vuelta del Bayer Leverkusen no hacía presagiar mayores problemas, pues el club se acomodaba en la lucha directa por regresar a la Champions League la campaña próxima, alcanzando un reto imposible durante los últimos tiempos. Varios jugadores hablaban de las aptitudes y características de sus entrenadores, valoraban al grupo como mezcla que propiciaba el éxito y recordaban que para ellos, ambos entrenadores representan una persona. Pero Sami y Sacha (obligados a conocerse en tiempo record y sin margen de error en sus planteamientos), no lo tenían tan claro.

Hyypia - Leverkusen 2013

La mayor fama mediática y el reconocimiento que atesora el ex central finlandés, ofreció a Hyypia un ‘extra’ más que a su compañero, un estudioso y determinado de la pizarra, los jóvenes valores y el crecimiento de sus ideas sobre el césped. Aprovechando esa cara conocida, empezó a soltar indirectas claras hacia su compañero de banquillo, dejando claro que su pretensión a corto plazo era terminar con esa unión ocultamente desesperante. Tanto, que reunió a su director deportivo, Rudi Voller, para empezar a diagnosticar las intenciones del club de cara a la próxima campaña y éste, en su intachable respeto hacia Lewandovski, le comentó claramente que ambos estaban llevando a cabo un gran trabajo. Esa pruriemplearidad y reparto de elogios, cabreó definitivamente al finés, que pese a tener sobre la mesa una mejora de contrato hasta 2015 con los mismos términos de ‘pareja’, prefirió sublevarse. Salió a los medios y gritó que estaba decidido a tener su propio proyecto, personal, de ilimitadas funciones deportivas y con la única voz contraria de su conciencia.

Hyypia pidió públicamente terminar con el proyecto compartido y llevar el equipo en solitario. Lewandowski decidió no seguir luchando para mantener su status en el club

Aquello repercutió inevitablemente sobre el club, viendo como ambos estaban enfrentados pese a mantener el puesto en el banquillo cada semana. Por entonces, durante muchas jornadas, la tensión se cortaba con un cuchillo. No había unión, no existían muestras de agradecimiento, no surgían abrazos en cada gol y se extinguieron las risas entre dos ‘cerebros’ futbolísticos de diferente identidad. “La convivencia es difícil”, declaró poco después Lewandowski tras escuchar que “cada uno manifiesta sus pensamientos de una manera y hay que elegir solo una, la que diga el club”. Toda esta dinámica negativa que hacía de cada partido un suplicio y una diversión a partes iguales por la diversidad de gestos y peticiones que cada uno ejercía a sus jugadores sin discernir nada entre ellos, se dejó notar en las previsiones del club para la actual campaña, pues ahora la directiva afrontó que Sascha Lewandowski dejaría su cargo y regresaría a su puesto de entrenador del equipo de promesas. Sami Hyypia, que lo pidió sin tapujos, quedó como único entrenador al frente del equipo, pues completaba poco después la formación de técnico de la UEFA para asegurar su puesto en la dirección del equipo después de esta temporada. Una solución ‘a medias’, pues los dos seguirán unidos y relacionados respecto al trabajo de cantera y jóvenes valores. El matrimonio, de conveniencia, jamás les abandonará…

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