Histórico
17 octubre 2013Andrés Cabrera Quintero

Chile-URSS: Golpe de estado, maniobra futbolística

Chile-URSS

“Al pueblo dale pan y circo y será feliz”. Juvenal, poeta latino del siglo I d.C., es el autor de esta frase en época del Imperio romano. Muchos siglos han pasado, y la esencia de la misma sigue viva, aunque en lugar de circo se hable de fútbol. El deporte más popular del mundo no deja de ser un arma política de distracción, una forma de entretenimiento para mantener al pueblo ocupado. El nexo entre fútbol y política es irremediable, pero pocas veces ambas disciplinas se acercaron tanto como en 1973.  En un contexto político complejo, Chile y la Unión Soviética debían disputar la vuelta de la repesca para el Mundial. Nadie podía presagiar que esta eliminatoria pasaría a la historia del fútbol y de la política. Faltaba menos de un año para que se disputase el décimo Mundial de la historia. La mayoría de las selecciones que disputarían la cita en Alemania Federal al verano próximo, ya estaban clasificadas. La repesca intercontinental era una de las plazas, de las dieciséis totales, que restaban por disputarse.

Por un lado estaba Chile, la cual jugaba este ‘repechaje’ por ser la peor primera de grupo de Sudamérica. A los chilenos les condicionó que Venezuela abandonara la competición, por lo que solo disputaron una eliminatoria a doble partido ante Perú. Ambos equipos ganaron en casa por 2-0, motivo por lo cual se tuvo que jugar un partido de desempate en Montevideo para dilucidar qué equipo jugaría la repesca. Chile venció por 2-1, era 5 de agosto de 1973 y éste sería el último partido en democracia de aquella generación. Por otro lado estaba la URSS. La selección soviética se metió en esta repesca tras eliminar a Francia e Irlanda en el grupo noveno de la UEFA. Este grupo tenía asegurado jugar la eliminatoria contra un equipo de la CONMEBOL y partía como favorita pues, en sus filas, estaba un jugador que posteriormente sería Balón de Oro como Oleg Blokhin. La eliminatoria debía de disputarse a ida y vuelta, la emoción estaba garantizada.

Chile-URSS 2La ida se concertó para el 26 de septiembre de 1973, en el estadio Lenin de Moscú. Los precedentes al partido fueron muy tensos y de relevancia histórica máxima en Chile. Salvador Allende llevaba tres años como presidente de Chile, el político era el primer presidente marxista de Occidente, elegido mediante las urnas. Quince días antes del partido clave entre Chile y URSS, se produjo un golpe de estado en el país sudamericano. Las fuerzas del poder tomaron el Palacio de la Moneda, sede central de la presidencia, con Allende dentro, cuando el mandatario marxista vio todo perdido se suicidó con su AK-47. Chile pasaba de ser un Estado marxista democrático con Allende a la cabeza, a ser una dictadura militar con Pinochet como dirigente. Chile cambiaba en unos días de ser un aliado, a ser un enemigo político de la URSS. En este clima tenso llegaba el encuentro en Moscú.

Los jugadores chilenos vivieron los días previos al partido en unas condiciones pésimas, según relataron años después los protagonistas. A varios jugadores casi no les dejan entrar en el país y en el hotel que se alojaron, vivieron en condiciones deplorables. Según cuentan los jugadores no notaron odio de los rusos, sino completa indiferencia. El encuentro se disputó pese a los problemas políticos, aunque sin cámaras de televisión, y sin apenas cobertura de la prensa. Ante 60.000 espectadores, Chile consiguió sacar un valioso empate a cero. Los pocos cronistas acreditados en el Estadio Lenin destacaron el marcaje de Elías Figueroa sobra Blokhin, y la gran actuación del portero chileno Juan Olivares. La eliminatoria estaba abierta para la vuelta.

“Un Golpe de Estado en Chile no frenó ni por asomo la participación en esta eliminatoria para el Mundial 1974, sino que impulsó más que nunca el sentmiento político en beneficio de su imagen social”

El segundo encuentro de la eliminatoria se concretó para el 27 de noviembre. Para entonces la Unión Soviética ya había roto toda relación política con Chile, oponiéndose abiertamente al régimen de Pinochet. Los rumores sobre la posible negativa del país europeo a disputar el encuentro iban en aumento. La URSS viajó a Sudamérica y disputó partidos amistosos ante otros combinados. Los soviéticos solicitaron que el encuentro se disputara en otro país que no fuera Chile, tanto el país anfitrión como la FIFA se negaron. Pasaban los días y la solución no parecía clara, Chile pedía una indemnización económica si el encuentro no llegaba a disputarse. Por su parte, la URSS encontró aliados futbolísticos, que, como no podía ser de otra forma, coincidían con los aliados políticos. Alemania Democrática llegó a amenazar con no ir a la cita mundialista, pese al morbo de jugar ante sus vecinos Occidentales (durante el Mundial les ganarían en fase de grupos), si no se aceptaban las pretensiones de la URSS.

Llegó el día D. El Estadio Nacional de Chile, que había acogido a presos políticos poco tiempo antes (se estima que 7.000 defensores de Allende pasaron por el campo), congregó a 15.000 personas para este supuesto partido. La Federación de Fútbol Chilena invitó al Santos brasileño, por si la URSS no se presentaba (algo que cada vez parecía más seguro), y así ofrecer algo de espectáculo a la grada. Los jugadores de Chile saltaron a calentar entre los vítores del público. El ambiente era muy extraño, pues a priori ese día se iba a jugar un partido histórico para el combinado nacional y, en cambio, allí estaban calentando de forma distendida, ante una afición que vivía un momento político-social complejo. La Roja chilena se vistió de corto, el árbitro también salió, pero, como se esperaba, no había noticias del rival. Llegada la hora asignada para el inicio del partido, el árbitro señaló el comienzo del mismo, once jugadores en un lado del terreno de juego, cero en el otro.

Allende - Chile

Uno de los encuentros más surrealistas de la historia había comenzado, duró poco más de diez segundos, lo que tardó Chile en anotar gol. Francisco “Chamaco” Valdés hizo el gol más fácil de este deporte, sin ninguna clase de oposición. Este partido, si es que se puede llamar así, no tenía por qué haberse disputado, ante la no presencia de la Unión Soviética, Chile ya se sabía mundialista. El acto de saltar al terreno de juego y marcar gol sin rival, fue más un gesto político, mediante el cual la dictadura militar le metía un gol al marxismo, que un acto deportivo. En los despachos la victoria se le dio a Chile, pero por 2-0, y este fue el resultado oficial. Aunque la FIFA muestra en sus documentos la ausencia de la URSS y especifica que Chile pasó por esto. El periplo de la selección chilena en la cita mundialista no fue muy boyante y terminó en la fase de grupos. En esa misma eliminatoria hubo un incidente en el Chile-Australia, y es que unos aficionados chilenos saltaron al terreno de juego con la bandera de Chile, en contra del régimen de Pinochet. Fútbol y política, política y fútbol, nunca estuvieron tan unidos. Nunca rompieron tanto al deporte rey.

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