Histórico
25 octubre 2013Francisco Ortí

Barcelona: Romerito, el ‘crack’ que llegó para un Clásico

“El Barcelona buscará una victoria en el ‘clásico’ que le permita recortar la distancia de tres puntos que le separan del Real Madrid en lo más alto de la clasificación, con la salvedad de que los merengues han disputado un partido menos esta temporada. Un triunfo de los blancos podría sentenciar la lucha por el título”. Estas líneas no podrían encajar en la previa del Real Madrid-Barcelona que se disputará este sábado. Sin embargo, pertenecen al 1 de abril de 1989, cuando los azulgrana recibieron al Real Madrid en el Camp Nou en un partido decisivo para el título liguero. Ese encuentro estuvo marcado por dos aspectos. El primero fueron las elecciones del Barcelona, en las que Josep Lluis Núñez fue votado presidente. El segundo necesita una explicación más larga.

El Real Madrid dominaba el fútbol español con la ‘Quinta del Buitreganando por decreto la Liga año tras año. Los azulgrana intentaron romper esa dinámica recurriendo a un mito como Johan Cruyff, al que contrataron como entrenador en 1988. El holandés estaba llamado a ser quien rompería la hegemonía blanca en el fútbol español y el club pondría a su disposición todas sus armas. Sin embargo, su primera temporada no marchó demasiado bien. El Real Madrid lideraba con comodidad la Primera División. Por eso, la visita del Real Madrid al Camp Nou en el tramo final de la temporada representaba la última oportunidad de los azulgrana de aspirar al título liguero. Cruyff afrontó ese encuentro como una final y su primera obsesión era encontrar un refuerzo para el centro del campo.

Los problemas físicos de Jose Mari Bakero representaban un quebradero de cabeza para Johan Cruyff, quien no estaba dispuesto a jugarse la liga frente al Real Madrid sin un líder en el centro del campo. Por eso, solicitó un refuerzo de urgencia, que supusiera una inyección de calidad para el Barcelona y también una dosis extra de confianza para recibir al eterno rival. Su petición fue el legendario Enzo Francescoli, pero el Racing de París le indicó que no le permitiría salir hasta final de temporada (acabó fichando por el Olympique de Marsella). Tras fallar en su primer intento, Cruyff pasó al segundo nombre de la lista. No era tan mediático como el primero y nunca había jugado en Europa, pero confiaba en su calidad. Era el paraguayo Julio César Romero, más conocido como Romerito y apodado por la prensa catalana ‘Romerito Superstar‘.

Procedente del Fluminense brasileño, Romerito llegó al Barcelona con un contrato de tres meses y dispuesto a jugar frente al Real Madrid. “Si Dios y la virgen de Caacupé me ayudan, debutaré el sábado y venceremos al Madrid“, anunció el día de su presentación, dos días antes del Clásico. Su incorporación se recibió con sorprendente ilusión desde la afición culé y se le veía como el hombre que ayudaría al Barcelona a vencer al Real Madrid. Ni siquiera el hecho de que a sus 28 años nunca hubiese jugado en Europa o que no conociera a sus compañeros reducía el impacto mediático de Romerito. “Siempre me han dicho que soy un sudamericano que juega a la europea. Necesitaré un poco de tiempo para adaptarme, pero el fútbol es un lenguaje universal“, respondió el paraguayo a quien dudaba de él.

Romerito - BarcelonaCuriosamente, las únicas críticas al fichaje de Romerito, defendiendo a los jugadores del Barcelona,llegaron desde el Santiago Bernabéu, con Manolo Sanchís a la cabeza. “Me parece una falta de respeto hacia todos los jugadores del Barcelona y especialmente hacia los suplentes. No pongo en duda la calidad de Romerito, pero si yo fuera suplente del Barcelona me cuestionaría para qué demonios estoy aquí“, declaró el defensa blanco. Cruyff hizo caso omiso a cualquier consejo y le dio la titularidad a Romerito frente al Real Madrid, dejando en el banquillo a Lineker. El paraguayo no se había entrenado con sus compañeros y arrastraba todavía jet lag tras su largo viaje desde Brasil. Como resultado de esto, su debut fue un sonado fracaso.

Romerito dejó en el banquillo a Lineker, se le exigió un rendimiento inmediato y jugó con jet-lag. Su desastre fue sonoro y jamás levantó cabeza. Antes, había sido estrella en Fluminense y ahsta compañero de Pelé en Cosmos

El partido acabó con empate a cero y la liga volando hacia Madrid. Las crónicas del partido no fueron especialmente críticas contra Romerito, aunque señalan que disfrutó de ocasiones que “Lineker no suele fallar“. Aquel Clásico fue el momento de gloria de un jugador que abandonó el Barcelona dos meses después de enfrentarse al Real Madrid, habiendo jugado solo seis partidos, y ni siquiera participó en la victoria de la Recopa frente a la Sampdoria. En el Barcelona nunca más se supo de Romerito, que hizo sus pinitos en la música y la política, y está considerado como uno de los peores fichajes de la historia del Barcelona. Pese a todo, Romerito es y siempre será aquel crack que llegó para jugar un Clásico y se fue.

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