Histórico
3 octubre 2013Fran Alameda

Análisis City-Bayern: ‘Señales de jefe’

Ribery - 2013

Probablemente Pep Guardiola y Simeone sean dos de los técnicos que más matizan la idea de sus jugadores en función a lo que está sucediendo en el encuentro. Cada uno con sus planteamientos y con el único objetivo de conseguir la victoria a través de determinados merecimientos y forma. El técnico de Santpedor se encontró con un problema para implantar su 4-3-3 y era, principalmente, la función del mediocentro. Probaron Thiago y Kroos, pero mientras Schweini estaba lesionado Pep realizó un gesto que ha resultado definitivo. Al menos hasta ahora y para el partido de ayer. El técnico del Bayern llevó a Lahm del lateral al interior, donde, desde luego, sorprendió para bien. El jugador alemán ha sido, por la comprensión al completo de la complejidad del juego, el hombre de Pep. Y ayer, en el Etihad, en un escenario que se preveía exigente, rindió al mejor nivel. Como mediocentro. Puro  y único. Con la escoba para barrer y el primer pase para salir.

Lahm brilló, entre otras cosas, porque el Manchester City lo puso fácil. El Bayern quiso ser muy ancho para evitar que el músculo (y el orden) del cuadrado de Pellegrini se impusiera atrás. Amén de que en los laterales (más extremos) estaba el sector débil. Ocupó de manera asombrosa todos los carriles del campo. En el inicio, Alaba y Rafinha pisaron por dentro como dos interiores más para que Ribery y Robben, cada uno a su natural banda cambiada, tuvieran enfrentamientos con ventaja desde fuera hacia dentro. De momento, es algo que a Pep no le da, al menos en Bundesliga, todo el rédito que quisiera. Pero ayer funcionó porque el City se contradijo.

Pellegrini quiso el balón a partir de Yaya Touré y concedió al Bayern el dominar del balón y de la carrera en ventaja

Pellegrini, en el principio del partido, quiso disputar el balón. Al menos, eso decía la altura a la que Yaya Touré quería robar la pelota. Pero el doble pivote con Fernandinho, ambos con más vuelo que capacidad para imponerse con el ritmo, se vio superado. Se distanciaron y el Bayern no solo quiso acelerar, sino es que es lo encontró en bandeja. La escena determinante e imagen del encuentro fue: dentro, fuera, dentro y fuera para jugar en la izquierda con Ribéry-Alaba contra Richards, al que le cuesta defender carreras de poco espacio, y un acompetitivo Navas.

Guardiola - Pellegrini

Durante setenta y cinco minutos fue un Bayern que superó cualquier estigma de jugar bien y jugó bien. Dominó el ritmo, con y sin balón. El equipo de Pep requiere de una dosis de salida uniforme y conjunta para saltar desperdigados y en vertical. Su equipo no renunció a la velocidad. Todo lo contrario. Con las ventajas que concedió el City, que no pudo salir durante los primeros cuarenta minutos son solvencia, los de Múnich activaron su potencial para, con Müller ocupando todo el frente como delantero mentiroso o falso nueve, ir generando superioridades. Sobre todo, Müller, un tipo que no para quieto en todo el partido. Kompany y Nastasic no tenían referente y observaron como todo lo que le llegaba era en carrera y con ventaja. El Bayern corrió y aceleró como nunca. Una actuación soberana en un escenario donde había que, como poco, aparentar que se estaba para imponer respeto.

Ribéry fue el detonante, el jugador que marca la diferencia total en un equipo que ya da señales muy serias

Pellegrini optó por Richards en lugar de Zabaleta. Al fortachón inglés le cuesta acelerar. Correr, corre mucho, pero siempre con césped por delante. Ribéry es un tipo de jugador que tiene por decreto competir y como virtud todo lo demás. Vive enganchado el partido y huele la sangre. El francés vio la debilidad y en una de sus recepciones en las que Alaba se llevó a Richards en dirección a línea de fondo, Frank aprovechó a Navas, giró hacia dentro y adelantó a su equipo. A partir de ahí, todo lo explicado. Dominio rítmico completo hasta el minuto setenta y cinco, cuando se acabó el hambre del Bayern, a partir de: ser anchos y no parar quietos. Porque el Bayern no son sus mediocentros, ni Ribéry, Müller o Lahm. Es un colectivo que se plantó con hasta seis jugadores por dentro y dos fijos a cada banda. Y a la vez. Rafinha, Alaba, Lahm, Kroos, Schweini y Müller agitando y los dos genios esperando su oportunidad. Es un equipo que ayer, por primera vez de verdad en toda la temporada, ofreció sensaciones de jefe.

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