Histórico
25 septiembre 2013Francisco Ortí

Sunderland: Di Canio y la primavera ‘black cat’

Di Canio - Sunderland 2013

En Sicilia presumen de tener dos primaveras. La primera es la común a todos, la estacional. La otra es atemporal y se refiere a un estado de ánimo. Cuando se produce un suceso positivo en la isla se asegura que se está viviendo una primavera siciliana. Por el contrario, en Sunderland a duras penas disfrutan de una. En esta ciudad del norte (muy al norte) de Inglaterra, el sol apenas trabaja un día a la semana. Y eso cuando hay algo de suerte. Allí, los cielos encapotados son la costumbre. Sin embargo, durante estos días se está viviendo una segunda primavera en el club de fútbol local, el Sunderland AFC. Evidentemente, no se trata de una al uso, sino de otra que emula la filosofía y valores de la Primavera Árabe. Es la Primavera de los Gatos Negros (así se apoda a los jugadores del Sunderland).

La Primavera Árabe corresponde a una serie de alzamientos populares que se vienen produciendo desde 2010 en los países árabes. Se trata de revueltas de naturaleza política. Por hacer una explicación sencilla, estas protestas populares buscan derrocar un gobierno absolutista, reclamando la instauración de un sistema democrático y una mejora de las condiciones de vida. En definitiva, el pueblo se alza contra el poder pidiendo un mañana mejor. Ya no quiere vivir sometido. Salvando la magnitud de una y otra proclama, en el Stadium of Light se ha producido un episodio similar esta semana. En este caso ha sido el vestuario quien se ha levantado contra su entrenador para forzar la destitución del mismo. Y lograron su objetivo. Paolo Di Canio ya se encuentra de patitas en la calle. El Sunderland le ha despedido.

Los jugadores del Sunderland han soportado “lenguaje degradante” y “explosiones de ira” de su entrenador

Los métodos de trabajo del técnico italiano no han calado entre los jugadores del Sunderland. Paolo Di Canio es una persona vehemente, que se deja dominar por la pasión y de gestos histriónicos. En ocasiones, su agresividad puede confundirse con violencia. Tampoco ayudan sus confesas inclinaciones políticas. Bajo el axioma de que una persona de derechas soporta con mayor facilidad las injusticias que el desorden, a Paolo Di Canio lo podríamos considerar como alguien escrupulosamente ordenado. El ex jugador y ahora entrenador italiano profesa una absoluta admiración por la extrema derecha italiana y, en concreto, por la figura de Il Duce Benito Mussolini. Reúne todos los atributos del fascista modélico. Colecciona bustos de Mussolini, se ha tatuado la palabra DVX y otros motivos de extrema derecha por todo el cuerpo, y protagonizó una de las imágenes más repetidas en todo el mundo al dirigirse a la grada realizando el saludo fascista (mano derecha en alto) a la conclusión de un ‘Derby della Stracittadina‘ entre Lazio y Roma.

Saludé con el brazo en alto porque es un saludo de camarada a camaradas. No quería incitar a la violencia y mucho menos al odio racial”, explicó Di Canio defendiendo su libertad para continuar repitiendo el saludo fascista en todos los campos de la Serie A. “Soy fascista, no racista“, matizó, pero acabó pagando una multa de 7.000 euros y siendo castigado con un partido de suspensión por reincidir en su promoción de los ideales fascistas sobre un terreno de juego. Con su retirada de los terrenos de juego en 2008 sus inclinaciones políticas quedaron relegadas a un segundo plano, pero con su salto a los banquillos, Paolo Di Canio volvió a exhibir su polémico carácter. Tanto en el Swindon Town, primero, como en el Sunderland, después, los problemas le han perseguido.

Cuando asumió las riendas del Sunderland negó estas inclinaciones ideológicas para frenar la presión popular que intentó frenar su contratación. Pero la hemeroteca no perdona y tiene mayor fiabilidad que aquellas palabras que pronunció en su condicionada declaración pública. Evidentemente, sus preferencias políticas poco o nada afectan a su labor como entrenador, pero son inalienables a la persona y condicionan el modo en el que se interpretan sus actos. También, la forma en la que sus jugadores reciben las instrucciones. En este caso, los del Sunderland no han podido aguantar la situación y se han alzado para pedir el final de su mandato. Después de la derrota ante el West Bromwich (3-0), los jugadores se reunieron con la directiva para solicitar la destitución de su entrenador, del que habían tenido que soportar “lenguaje degradante” y “explosiones de ira”. La situación se había vuelto insostenible en el vestuario y los jugadores pusieron al club en la tesitura de elegir. O él o nosotros. Ellis Short, propietario del Sunderland, se decantó por los jugadores.

El Sunderland AFC confirma la marcha de su entrenador principal Paolo Di Canio“, anunció el club con un escueto comunicado. Kevin Ball será su sustituto de manera provisional. De este modo, Di Canio pasaba de ser un ídolo del Sunderland a marcharse a apaleado y por la puerta de atrás. La diferencia entre una situación y otra han sido únicamente los resultados. Sus métodos no han cambiado. La temporada pasada, el italiano aterrizó en el banquillo del Sunderland el 31 de marzo, sustituyendo a Martin O’Neill, cogiendo a un equipo que estaba abocado al descenso. Tenía poco tiempo para trabajar, apenas siete partidos por delante, pero su llegada supuso una inyección de adrenalina para un vestuario desanimado. Di Canio logró hacerles creer que la salvación era posible y en apenas unas semanas el equipo cambió radicalmente. En la última jornada, el Sunderland firmó la permanencia en Premier League y Di Canio se consagró como un mito para los aficionados. Unos aficionados que habían comenzado a idolatrarle desde el mismo momento en el que se logró golear por 0-3 al Newcastle en el derbi del norte de Inglaterra.

Por el contrario, esta temporada los resultados no han encontrado esa continuidad. El pasado curso sumó ocho puntos en siete partidos. Este año tan sólo ha logrado uno en cinco encuentros y el Sunderland es el colista de la Premier League. Para intentar frenar los malos resultados, Di Canio multiplicó su inyección de adrenalina. Buscó motivar a sus futbolistas endureciendo sus métodos, pero lo que la temporada pasada causó un efecto positivo este año se ha convertido en sobredosis. Los jugadores no han podido soportar esa intensidad. En pequeñas dosis como los siete partidos del curso anterior la situación era soportable. Ahora, la perspectiva de verse obligados a aguantar esos métodos durante 33 encuentros más se antojó insufrible y el vestuario del Sunderland le puso punto y final antes de que el problema fuera mayor. Desde el club se entendió que era la mejor opción.

Gustavo Poyet, Gianfranco Zola y Roberto Di Matteo son los principales candidatos al banquillo del Sunderland.

Di Canio ya vivió una situación similar como entrenador del Swindon Town, equipo de la League Two (cuarta división inglesa) con el que logró ascender. Su contratación ya estuvo marcada por la polémica al desencadenar la ruptura del club con su principal patrocinador. La empresa GMB Union inyectaba 4.000 libras anuales en las arcas del club, pero decidió romper su relación con The Robins -así se apoda al Swindon- al anunciarse que Di Canio sería el nuevo entrenador. Andy Newman, director de la filial de GMB en Swinson explicó que a causa de la fuerte política anti-fascista de la entidad financiera no podían relacionarse con un declarado fascista como el técnico italiano. Sin embargo, la polémica con el patrocinador no fue la única. Al poco de arrancar la temporada tuvo un enfrentamiento con uno de sus jugadores, Leon Clarke, al que zarandeó violentamente en el túnel de vestuarios tras la derrota en un partido de Carling Cup contra el Southampton. El jugador se había enfrentado antes a su preparador físico, Claudio Donatelli, y Di Canio lo llamó al orden. “Leon Clarke no volverá a jugar en el Swindon mientras yo esté aquí“, anunció el italiano tras su encontronazo y pocos días después el delantero se marchó al Chesterfield.

En esta ocasión, es a Paolo Di Canio a quien han obligado a abandonar el escenario del crimen. Aconsejado por sus jugadores, el Sunderland ha considerado que antes de que la situación alcanzara un punto sin retorno había que encontrar una solución. Ni siquiera el halo de ídolo que se había ganado el italiano entre los aficionados del Stadium of Light le ha protegido. El club ya trabaja en buscarle un heredero que lidere la nueva democracia que reclama el vestuario. Gustavo Poyet y dos italianos como Gianfranco Zola y Roberto Di Matteo suenan como candidatos más firmes al nuevo gobierno. Quien resulte elegido tendrá el reto de devolver la paz y luchar por la salvación, pero debe saber que quien manda es el pueblo o éste se alzará en una nueva Primavera de los Gatos Negros.

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