Histórico
17 septiembre 2013David De la Peña

Galatasaray: Drogba y la formula de la incomodidad

Drogba - Galatasaray

Era septiembre de 2003 y el Real Madrid iniciaba una de sus primeras andaduras hacia la conquista de la décima Copa de Europa. Los Ultras Sur habían vaciado durante los diez primeros minutos su fondo por una huelga de banderas caídas, pero no tardarían en aparecer. Probablemente lo hubieran hecho fuese cual fuese el rival, pero el de ese día motivaba aún más. Hasta 4.000 franceses llenaron más de medio gallinero del fondo norte, ataviados en su mayoría con camisetas anaranjadas en las que se podía leer: Virage Sud. La curva del Olympique de Marsella, de ideología izquierdista, visitaba el Bernabéu, y el objetivo de encender a los ultras blancos se vio cumplido hacia la mitad de la primera parte, cuando una enorme pancarta se desplegó ocupando casi toda la mitad del último anfiteatro del fondo norte, en la que se podía leer: “Juanito, el nombre de un muerto para una grada fantasma”.

La cuestión es que aquello no solo encendió a sus acérrimos enemigos defensores de la derecha en el fondo sur, sino que espoleó a todo un estadio, que vio como uno de los mayores mitos de su historia era injuriado de forma repugnante. Aquel fue el panorama con el que se encontró un debutante en la fase de grupos de la Champions League, que a la postre se acabaría convirtiendo en uno de los grandes nombres en la historia de la competición. Los pitos, insultos, y exaltación de una grada enfurecida no le afectaron en absoluto. Didier Drogba pusó el 0-1, volvió locos a Pavón y a Raúl Bravo, y durante todo el partido fue un quebradero de cabeza para la zaga blanca. El Real Madrid acabaría remontando el choque hasta dejar en el luminoso un 4-2 en el que Ronaldo fue gran protagonista con dos dianas, pero la orejona ya le había dado la bienvenida, con los brazos abiertos a un costamarfileño que acabaría siendo un pedazo de su historia.

Sneijder-Drogba 2013Drogba se salió en aquel Marsella, al que había llegado al comienzo de esa misma temporada procedente del Guingamp, y solamente duró en el sur de Francia doce meses. Didier no solo dejó su impronta en el Santiago Bernabéu, porque en esa fase de grupos su doble enfrentamiento con el FC Porto dejó prendado al entrenador que llevaría a los lusos a ganar aquella edición de la Liga de Campeones. Jose Mourinho también cambiaría de aires después de la hazaña, y una de las primeras peticiones a Roman Abramovich fue la de llevar dirección a Londres a aquel fenomenal delantero africano que era la absoluta referencia ofensiva del Olympique de Marsella. Ocho años, 341 partidos, y 157 goles con la elástica del Chelsea, para acabar convirtiéndose en una leyenda blue, dejando además imborrable en el recuerdo de los hinchas su último tanto: un cabezazo imposible que llevaba la final de la Copa de Europa frente al Bayern a la prórroga. La fortuna quiso que él fuese el elegido, después de marcar el penalti que culminaba un proyecto que había empezado muchos años atrás con la obtención del mayor logro en el fútbol europeo de clubes.

Aquel penalti, aquella carrera para celebrar la gloria, parecían poner punto y final a la relación del mito africano con la Copa de Europa. Unos meses después, el Shangai Shenhua conseguiría seducirle con un contrato multimillonario, en lo que parecía una decisión que hacía -o al menos, así lo parecía- inevitable su despido de la élite. Sin embargo, problemas de los chinos en los pagos, y el proyecto de un hombre que ha llevado de nuevo la ilusión al Galatasaray, convencieron a Didier para que se diera una última oportunidad. Ünal Aysal consiguió convencerle, y le juntó con los Selçuk Inan, Wesley Sneijder o Burak Yilmaz, para acabar formando un ataque más que respetable.

Drogba volvió por la puerta grande, y en la pasada edición de la Champions ya demostró que aún es un futbolista que sabe marcar diferencias en los momentos decisivos. Lo hizo en octavos de final frente al Schalke, ayudando a su equipo a apear al equipo alemán de la competición, y lo hizo sin miramientos en el partido de vuelta de los cuartos frente al Real Madrid, donde metió el miedo en el cuerpo a toda la afición blanca, a pesar de que en el partido de ida todo parecía zanjado después de un contundente 3-0. Hoy volverá a verse las caras con los defensas blancos, y ha quedado más que demostrado que su tremenda facilidad para ganar juego directo, jugar de espaldas, y anticiparse a los defensores en los apoyos, es el arma más dañina para los defensas centrales del Real Madrid. Es su fórmula para incomodar a todos sus rivales. Ya lo hizo en su debut ante un Bernabéu enardecido, ¿qué no podría hacer frente a un Türk Telekom Arena, que en apenas diez meses, ya le adora?

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