Histórico
15 septiembre 2013Jesús Camacho

Frank Sinatra: Stranger in the Genoa

Aprovechamos el derbi de Genoa de este domingo, para haceros llegar la pasión entre uno de los mejores cantantes de la historia y el cuadro ‘Grifone’.

Desde finales del siglo XIX hasta la primera gran depresión económica de 1929 la emigración europea al continente americano se contabilizó por millones de personas. Se calcula que unos 60 millones de europeos llegaron a bordo de barcos que desembarcaron en las costas de Nueva Jersey. Y en uno de ellos viajaban los cuatro abuelos de un hombre icónico que sembró de elegancia la cultura musical de su generación con los insospechados e insondables registros vocales de su eterna VOZ. La Voz, de Francis Albert Sinatra, un italoamericano genial que con el timbre de su voz y su armonía, sembró de belleza los recuerdos musicales de varias generaciones, una voz que sigue llegándonos con la misma fuerza y poder, siempre como una voz nueva, eterna, por la que no parece transitar el tiempo.

Resulta paradójico que con semejante talento musical, el italoamericano no encontrara el empujón definitivo a su carrera hasta que comenzó a flirtear y tener sus primeros contactos con la mafia, concretamente con Lucky Luciano (un conocido gánster) y Willie Moretti, un extorsionador de New Jersey, que movió los hilos necesarios para que Sinatra se convirtiera en inmortal. Una inmortalidad que viajó a bordo de uno de aquellos barcos y vio la luz por vez primera un 12 de diciembre de 1915 en Hoboken, ciudad ubicada en el condado de Hudson, en el estado de Nueva Jersey, en la que el pequeño Frankie vino al mundo, para sembrar de polémica y admiración su apasionante y eterno tránsito vital.

Y es que su eterna voz fue situada por encima del sonido de la orquesta a través de los sistemas de amplificación, con ello consiguió establecer un vínculo casi poético e íntimo con el oído del oyente. Curiosamente Frankie nunca fue amante de los libros, mucho menos de la poesía, algo que encontró a través de la música, de su voz, y que jamás quiso aprender en los libros. Además de su increíble y armoniosa voz fue actor, mediocre por cierto, pero se las ingenió para convertirse en uno de los hombres más influyentes de la industria del cine. Confidente de la mafia, Sinatra movió los hilos de la industria del celuloide sin apenas dejar rastro de su manipuladora presencia.

La familia de su madre, Natalie Della Garavante, Dolly, era de origen genovés y la de su padre, Anthony Martin Sinatra, provenía de Sicilia. Aunque en su juventud, el atletismo, la natación y sobre todo el boxeo (afición que le venía de su padre) formaron parte de sus aficiones favoritas, cuenta la leyenda que llevaba muy adentro los colores del Génoa y su interés por el Calcio. Su ascendencia italiana le tiraba mucho, Sinatra era un asiduo visitante del estadio Marassi cuando acudía a la ciudad de su madre, en la que aprovechaba para comer pasta con pesto y seguir con mucho cariño y pasión al Genoa. Sinatra fue tifoso del Genoa, el autor y compositor italiano, Giorgio Calabrese fue testigo de todo ello: “Él me habló de su amor por el fútbol cuando lo conocí en 1978″, dice. “Tengo dos pasiones”, dijo, “la ciudad de Génova y el Genoa, el equipo de fútbol”.

Es más la leyenda dice que “El genio de los ojos azules” llegó incluso a solicitar un expreso deseo antes de morir: ser enterrado con una corbata roja y azul, los colores de su equipo. Por todo ello y tras perfilar los trazos musicales de este pequeño recuerdo esférico, la inimitable voz de Sinatra inunda mi corazón y sentidos con una canción que retumba en mis recuerdos: “Stranger in the night” que por un momento para mí y para Frankie pasó a llamarse: “Stranger in the Genoa”…

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