Histórico
28 septiembre 2013Jose David López

Atlético: Diego Costa, el atacante ideal

Diego Costa - Atletico 2013

No es titular. No aparece en las fotos con la canasta determinante. No es el elegido de los posters en las habitaciones de los niños más soñadores. No aparece en los anuncios del entre-tiempo. Y desde luego, no gustan sus modales, gestos y polémicas dominicales cada vez que se viste de corto. Sin embargo, en el vestuario todos lo quieren de su lado, nadie quiere tenerlo enfrente y jamás se sintió alguna voz contraria a sus capacidades para sobresalir sobre los demás en situaciones concretas. Tiene su estilo propio, tuvo que obligarse a pelear un poco más que los demás y acostumbrarse a que los réditos comerciales recayeran en otros. Pero el esfuerzo, el sacrificio y la gran progresión que el paso de los años permiten a todo profesional, acaban por unir trazos, mezclar sensaciones radiantes y hacer brillar el contexto más impredecible.  Es el Sixth Man.

El galardón, que responde a valorar cada curso al mejor sexto hombre de la NBA, aplaude a aquél que ha sabido ser determinante desde la sombra, saliendo desde el banquillo y convirtiéndose en querido hasta para el que vendía perritos calientes con cada uno de sus magníficos triples. Capaz de solventar un partido en una jugada personal, de acumular pequeños detalles que proporcionan ventajas a su equipo y especialista en desquiciar a los rivales con sus artimañas hermanadas con el límite de la ilegalidad. Ser reconocido como mejor reserva estaba al alcance de muy pocos, pero los entrenadores entendieron que la acumulación de talento en un mismo puesto nunca podía ser un problema. Por ello, otorgaron un papel fundamental a un jugador reserva que, habitualmente, podría haber ocupado un rol estelar como titular. Ese rango, trabajado silenciosamente durante años en la humildad, es hoy posesión del mejor ‘sexto hombre’ de la Liga, Diego Costa, el perfecto complemento. Hoy, para el Atlético. Mañana, para España.

El delantero brasileño, es nacido en Lagarto, en el estado de Sergipe, donde pese a jugar toda su infancia y parte de la adolescencia en la calle, pocas veces imaginó que podría alcanzar cotas tan altas. Y es que su primera intención seria en el fútbol, le llegó ya con 16 años y era una prueba en el modestísimo Barcelona EC (club de Sao Paulo que milita en segunda división de ese estado, no a nivel nacional). Dos años de academia llamaron la atención del Sporting de Braga portugués, que nada más cumplir la mayoría de edad, lo contrató para cederlo al Peñafiel, donde sin jugar demasiado, encontró al agente adecuado para colocarlo en el Atlético de Madrid. Los colchoneros le cedieron al propio Sporting Braga, así como a Celta, Albacete, Valladolid y, sobre todo, Rayo Vallecano, donde tras granjearse una presencia cada vez mayor en el campeonato, acabó de demostrar que estaba en clara progresión. Tras repescarlo el cuadro rojiblanco la pasada campaña, su determinación y personalidad competitiva, resultaron determinantes para salir desde el banquillo de revulsivo (20 goles) y acabar reinando en el Calderón como el auténtico nuevo ‘buque insignia’ del ataque. Del banco al éxito. El recorrido ideal para el sexto hombre perfecto.

Fue entonces cuando todos empezaron a revisar su ascendencia, su bandera y sus orígenes familiares, sin que nada raro se encontrara en ellos, pues es 100% producto brasileño. El motivo que hacía dudar y levantar sospechas a todos, es que jamás había sido llamado para el combinado canarinho en ninguna de sus categorías (algo motivado por la tardía iniciación y la ausencia de minutos en algún equipo relevante de su país). Esa ‘brasilaniedad’ naturalmente se perdió cuando un joven abandona desde el anonimato sus fronteras, por lo que para la torcida Diego Costa era un extraño salido de la nada, que no fue capaz de ganarse relevancia en su fútbol y que tuvo que huir para entender que quizás podría seguir el camino más largo hacia el éxito. Sus decisiones, pese a ser bruscas, imprevisibles y radicales, acabaron ofreciéndole ese mismo camino hacia una internacionalidad brasileña que llegó el pasado mes de marzo en un amistoso ante Italia. Suficiente para que demostrara que puede ganarse un hueco en la delantera de Filipe Scolari, aunque insuficiente como para cerrar un debate que su no presencia en la Copa Confederaciones de este verano, abrió desde la incógnita.

Consta que Vicente del Bosque sí tiene conocimiento concreto por interés propio acerca de la situación del delantero atlético, pero que pretende matizar muy mucho una posible llamada de la selección española. Diego juró la Constitución española el pasado 5 de julio en Madrid y desde ese día es seleccionable para la campeona del mundo, siendo una alternativa más al puesto que mayores opciones parece ofrecer a quien trabaje para conseguirlo. Esa galería nunca tendría debate si David Villa fuera el de antes de su lesión hace dos años en el Mundial de Clubes, si Fernando Torres terminara de una vez con sus eternas dudas hacia el gol o si Negredo y Soldado se empeñan definitivamente en golear hasta cansar a la Premier con sus celebraciones. Pero como ninguna de esas cuatro posibilidades acaba por concretarse, Vicente del Bosque sabe que con Diego Costa completaría el ramillete de variables ofensivas. Agresivo, apto para la contra por su potencia-velocidad, dinámico, mucho más físico, igualmente goleador y ahora mismo titular indiscutible (algo que no pueden decir el resto). Pero sobre todo, deportivamente, ofrece cualidades y detalles que no ha encontrado durante los últimos años en los arietes españoles.

Del Bosque tiene dos partidos clasificatorios más (ante Georgia y Bielorrusia), así como amistosos previos en los próximos meses, donde podría decidir un cambio de cara drástico. Diego Costa (al que habría que preguntarle sus intenciones ante tanta especulación), sabe que quizás esté ante la única posibilidad en carrera de disputar un Mundial, por lo que vestirse de rojo con España es una opción, pese a que sería impactante ese ‘cambio’ de identidad en menos de un año y siendo precisamente en Brasil la cita mundialista. Si la llamada se produce, curiosamente, sería el ‘sexto’ brasileño (Becerra, Donato, Catanha, Senna y Thiago), en ‘españolizar’ su corazón. Tenemos un ‘quinteto’ de lujo pero la diferencia la marcan los detalles del ‘sexto hombre ideal’.

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